Como cada año, nuestras expectativas son bien altas, nos planteamos cambiar ciertos hábitos, comenzar cosas distintas, ya sea algún deporte, tareas del hogar o conocer gente nueva. Una cosa está clara, queremos algo diferente, queremos que este año, todo aquello que nos habíamos propuesto salga, o de sus frutos. Nos pasamos planificando toda la agenda, con lugares por descubrir, con reuniones con amigos, o apuntarnos a alguna aplicación en la que nos sorprenda y encontremos el amor. No nos damos cuenta que todo eso es hacia fuera, y que nos pasamos la vida buscando en el exterior, lo que en verdad está en nosotros. Creemos que al cambiar de costumbres, las cosas serán de otra forma, que si me comporto de determinada manera, dicha persona se fijará en mi, o conseguiré ese trabajo, no digo que esté bien o mal, como me repito mucho, no hay nada bueno, ni malo, todo depende de cómo nos haga sentir, y de dónde nos encontremos en ese momento. Lo que está claro, es que nos hemos de dar cuenta que todo lo que ha sucedido es para decirnos, deja de fingir, deja de ser quien no eres, suelta las máscaras, no imites y se tu mismo. Acéptate tal y como eres, acepta la situación que está aconteciendo en tu vida ahora, y adáptate si quieres permanecer cuerdo, o ligeramente estable mentalmente, evitando ceder a la costumbre de dramatizarlo todo, y que caigas de cabeza en la espiral de autocastigo.
Seamos auténticos, genuinos, dejémonos de tanta tontería y vivamos el momento, la vida como se merece. No hablo de dejarlo todo y recorrer el mundo, que está genial para el que pueda y así lo sienta, hablo de que cada día nos levantemos con confianza, con curiosidad, y con la certeza de que estamos donde tenemos que estar. Que nos escuchemos, que respetemos nuestro sentir, y seamos coherentes con ello. Que soltemos la manía de controlarlo todo, de planificar cada segundo, y nos dejemos llevar por lo que es, por lo que pasa ahora.