Nos creemos con derecho a opinar sobre la vida de los demás, como si cada uno de nosotros no hubiésemos atravesado ciertos caminos cargados de bifurcaciones, desvíos o señales ilegibles. Todos nos sentimos perdidos en un momento u otro. Hemos de dejar de juzgar o hablar sin conocimiento, acerca de la vida de los demás. Cuando estamos en medio del camino, sin sentido, rumbo o claridad, de nada nos sirve que nos digan lo mal que lo hemos hecho, la mala o errónea elección tomada, o si nos ven con potencial, fuerza o capacidad para salir, continuar o quedarnos simplemente.
La consciencia es extremadamente importante y crucial en nuestras vidas. Cada vez que juzgamos a alguien, estamos diciendo más acerca de nosotros que de esa persona. Estamos hablando de nuestras inseguridades, de partes que no aceptamos de nosotros mismos o de ciertos aspectos que no vemos, negamos o reprochamos en nuestro interior.
La asertividad o la empatía son dos cualidades que nos acompañan para evitar hacer o decir determinadas cosas que dañen al otro. Hemos de ponernos en la piel del de al lado, y hacerles ver que no están solos, que es normal que se sientan de esa forma y que todo en esta vida pasa por y para algo, que no hay errores, son aprendizajes de vida, que cada uno vive ciertas situaciones para conducirles a su despertar, al reencuentro consigo mismo. Que no está mal querer parar, sentirse inseguro, abatido o cansado. Sólo nos indica que necesitamos una pausa, un descanso, prestar atención a nuestra alarma interna y respirar, para poder orientarnos de nuevo y ver las cosas desde otra perspectiva.