Nos desgastamos cuando nos resistimos, ya sea al movimiento, el cambio, la aceptación o la transformación. Ese desbalance o malestar, es autoimpuesto por nuestra lucha interna, al no aceptar cómo nos sentimos, cómo nos afecta lo que ocurre dentro y fuera de nosotros.
Es crucial para nuestra salud mental, el tomar consciencia de nuestro mundo interno, de nuestras emociones, de cómo nos sentimos con respecto a nosotros mismos y a lo externo. No se trata de tirar de repente todas las creencias e ideas que albergamos sobre uno mismo, y resurgir como rayo de luz milagroso. Que no digo que no pueda ocurrir, lo que hemos de ser honestos con nosotros y realistas, entendiendo que todo lleva su proceso, y que cada proceso lleva su tiempo determinado, para cada uno es diferente.
Esto qué significa, que habrán días en los que volvamos a los patrones automáticos, de autocastigo y crítica, de comparación y exigencia, y en ese instante, es cuando más necesitamos de nosotros, de nuestra paciencia, comprensión y apoyo, no para ilusionarnos y motivarnos con un mañana mejor, sino para sostenernos y entender que esto no es malo y podemos estar en paz ante estos sentimientos y actitudes. Procurándonos escucha, hablando con nosotros mimos, para comprender el porqué de nuestra elección, abrazando a esa parte de nosotros que se siente perdida, confundida o incompleta.