Cuando nos sentimos en desbalance, agotados, sin energía, hemos de ser conscientes de lo que nos ha llevado a ese estado. Ser honestos con nosotros mismos es crucial, para poder trabajar en ello y transformar aquello que nos sumerge en el desánimo o nos desgasta.
Hemos de identificar qué nos roba la energía, qué hábitos, actitudes, comportamientos o creencias, haciendo un análisis de nuestro día o siendo conscientes en cada momento, para averiguar dónde se escapa la energía, por ello nos sentimos en desgana, cansados, abatidos, etcétera.
Por ejemplo, en la autoexigencia constante, siendo perfeccionista con uno mismo y con el otro. Dedicarle un tiempo excesivo al móvil, a ver la televisión, al sedentarismo. Pensamientos negativos, desmotivadores, entrando en pesimismo. Qué hábitos tóxicos realizas que te desgastan, en vez de recargarte.
Recupera tu energía, cárgate haciendo aquello que te llena, lo que te ayuda a estar en equilibrio ante las circunstancias de la vida. Cuida tu energía, sé consciente dónde la inviertes, si te es beneficioso o te va a generar malestar.