Algo más grande nos une.

Permítete sentir esa abrumadora sensación de desbalance, desconcentración, estar perdido, flotar sin rumbo o que las cosas no tienen sentido. Suelta la comparación con los procesos de los otros, cada cual lleva su desarrollo, camino o vivencias desde su perspectiva y a su manera. Hemos de dejar querer encajar, en un molde que no ha sido creado para nosotros, es como si una persona que llevara de talla de zapato un 40, quisiera ponerse uno del 38. Acepta tu forma de ver las cosas, que estás en drama, fantástico, ya lo has identificado, ahora ponte a trabajar para salir de ahí, sin responsabilizar a los demás de tus emociones o de lo que vives.

Acoge el sentir que está transitando por ti, abraza a esa parte que se siente de ese modo, desde el respeto y la comprensión. No tengas prisa, recuerda no te compares, tú tienes tu tiempo, tu ritmo y es perfecto.

Acepta quién eres, qué más da, que los demás te vean de una u otra forma, lo que dicen los otros acerca de ti, dicen más de ellos que de ti. Deja atrás la idea de la perfección, cada uno tiene sus dones, talentos y defectos, y con los últimos hemos de aprender a vivir, aceptándolos. Con lo demás es necesario aceptar que están, dejar de ocultarnos y mostrar quienes somos al mundo.

Ya es momento de salir del caparazón, tras los escudos, o ir de puntillas por la vida, y encarar la verdad. El universo, la vida, en quien creas, va a ir poniéndote a prueba, sintiéndote cada vez más incómodo para que salgas a la luz, y no te ocultes. Se trata de ser auténticos, de reconocer lo que hay en nosotros, y entregarlo al servicio de los demás.

Cada uno de nosotros somos únicos, individuales, formando una gran unidad. Lo que nos diferencia no nos separa, al contrario, nos une en ese servicio de amor hacia el otro. Encuentra tu singularidad, no la ocultes, no te avergüences, muéstrate tal y como eres. Descubre y desarrolla tu potencial para que te sientas satisfecho, dichoso y unido a algo más grande.

Dejando la programación, siendo libres, auténticos.

Todos en algún momento hemos tendido a actuar de una cierta forma, acorde con lo que se espera de nosotros, tal como esa persona espera de mi. Estamos atravesando una época en la cual todas aquellas máscaras o comportamientos adquiridos para sobrevivir, han llegado a su caducidad, se han programado para su autodestrucción. Llevándonos por una senda en la que no estamos acostumbrados, a mostrarnos tal y como somos. Sin saber si está bien o mal, si caigo de una forma o de otra, si soy aceptado o no, y un sin fin de preguntas que nos abruman, acerca del pensar del otro sobre nosotros. Es hora de sacudirnos del qué dirán, entiendo que puede resultar complicado, doloroso, difícil en cierto modo, pero es necesario para permanecer presente y en balance con uno mismo.

Cada vez que actuamos de esa forma, nos vamos alejando de nosotros y de nuestro propósito aquí, que es ser nuestra mejor versión, ni la que se espera, ni la que quiere otra persona, comparándonos una y otra vez con los demás. Cada uno de nosotros es único, es singular y en su individualidad se encuentra la unión con el Todo. Es decir, que todos somos lo mismo, estamos unidos por algo mucho más grande, lo que nos diferencia son esos talentos que cada uno posee, y que en lugar de separarnos nos une. Nos une en el desarrollo de éstos, al comprender que todos venimos a amar, a amarnos y aceptar lo que es.

La tarea más complicada es pasar cada día sin fingir, sin actuar, simplemente siendo tú mismo. Sin llenarte de inseguridades u obsesionarte por lo que puedan pensar de ti, sólo sentirte en bienestar contigo, con lo que haces, sabiendo que estás donde has de estar y que todo ocurre para algo.

Nuestro despertar es, qué quiere decir, que cada uno a su manera, en su medida y a su ritmo, está saliendo de esos bucles, de esa programación de querer o pretender ser igual al otro. Aceptando quienes somos, para admirarnos, impulsarnos y dejar de una vez por todas, al fatídico pero inusual compañero en el que se ha convertido, el juicio, hacia uno mismo y hacia los otros.

Entiende que no hay nada bueno o malo, todo es según cómo lo miremos o cómo nos sintamos ante ello. Recuerda que tú eres tu mejor amigo, habla contigo, cuida de ti, respétate, aliéntate para ser cada día auténtico, siendo fiel a ti, a tu verdad, a quien realmente eres.