El viento sopla para todos.

En estos años, hemos creído que debíamos seguir un mapa, una senda, el camino marcado o hecho por los que anteriormente lo transitaron y que al atravesarlo fueron creando dicho sendero. Cada vez se desmorona o se deshace lo que creíamos acerca de algo, ya que se muestra diferente.

Cada uno de nosotros ha de seguir el dictado de su corazón, no esa voz que grita con desespero por vivir una vida alocada y romántica, hemos de saber distinguir la voz de nuestro sentir, de la voz de esos personajes de nuestra mente. Para procurarnos la libertad, en nuestras decisiones, en nuestro andar.

Porqué seguir un camino trazado, porqué no atravesar la selva, la jungla y crear un camino nuevo. Hemos de dejar de imitar, de admirar tanto que nos mimeticemos, perdiendo nuestra esencia, creyendo que hemos de vivir según lo hacen los demás.

Hay una frase que dice algo así como, «El viento sopla para aquellos que saben a dónde van», en serio, y para los que no, no solpa, los que nos decidimos por soltar la planificación, la etiqueta, el desespero y el control, no tenemos el viento a nuestro favor, porque no seguimos a las masas.

La vida siempre está a nuestro favor, todo depende de cómo veamos y vivamos la vida.

Seamos aventureros, y esto no quiere decir saltar en paracaídas, quien lo haga perfecto, no es necesario, no hay que demostrar nada, el ser aventurero es dejar de seguir un patrón, aventurarte en la vida, confiando, ahí está la clave, no creen, la confianza. Confianza en la vida y en uno mismo, que pase lo que pase, vamos a saber solventar los retos, tropiezos o experiencias.

Dejemos de comprarnos y vivamos una vida única, cada uno la que quiera, y que la aventura sea en su casa, desde la tranquilidad y el sosiego, si eso es lo que le apetece, todo está bien, permitiéndose abandonar y desechar la obsesión por tenerlo todo atado, estructurado o pensado. Dejemos que la vida nos sorprenda, ve a dónde quieras y si no sabes, déjate llevar.