La emoción no es tu enemiga.

Nuestras emociones vienen y van, formando un mandala en nuestro cuerpo emocional. Cada emoción es perfecta, nos embriaga y nos envuelve, pretende, sin mala intención, transportarnos y sumergirnos en el sentir. Que lo vivamos con intensidad y pasión.

Depende de nosotros cómo reaccionar ante ello, si nos permitimos sentir o rechazamos la emoción. Recuerda que no hay emoción buena o mala, simplemente es una emoción más, se trata de dejarnos sentir, que nos invada, dejar de resistirnos a ella, que sea, que se sienta bienvenida.

Permítete sentir, deja que la emoción se exprese, sin retenerla, libérala. Abraza a la parte que hay en ti que se siente identificada con dicha emoción, hazte saber que no estás solo, sé tu pilar de apoyo.

Cuanto más te resistas más persiste dicha emoción, si te permites que fluya en ti, tal como se ha manifestado, se desvanece. Recuerda que no es importante ir a indagar y analizar el porqué de la emoción en cuestión, lo que importa es que seas consciente de ella y te permitas sentirla, desde la aceptación y la calma. En amor contigo.