En el tablero de juego.

Solemos creernos conocedores de la verdad, de las respuestas y de lo que a otra persona le sucede o le favorece. Accedemos a jugar con el ego, a creer que somos superiores, conocedores de la verdad, de la terapia fácil, por haber leído unos libros de autoayuda, asistir a alguna charla o transitar el camino de la vida.

Quiénes somos, o quiénes creemos ser, para decirle a una persona tienes esto o te pasa esto otro, o te sientes de esta forma porque… Y qué carajo sabemos!

Dejemos de estar en el pedestal que nos separa del resto, mirando desde una ilusoria posición de privilegio, «de saber», como si todo lo que están atravesando unos u otros ya lo hubiéramos superado hace tiempo.

Nos pasamos la vida sin saber qué hacer o el para qué de lo que nos sucede, sin encontrar el camino de salida del laberinto, como para saber la opción que ha de tomar otra persona.