Nuestros ciclos, nuestro trabajo personal.

Hemos de centrarnos o enfocarnos en lo que nos hace sentir bien, en lo que nos levanta, impulsa y anima. Es normal sentirnos perdidos, frustrados o cansados, en desánimo, hemos de permitirnos ese estado, abrazarnos y dejarnos sentir, soltando todo lo que llevamos guardado, para liberarnos del peso. Una vez que hemos hecho este ritual de liberación, desde el arropo de nuestro amor, es hora de soltar ese estado, sin quedarnos anclados a él.

Este estado como cualquier otro es pasajero, una vez que se instala definitivamente, sin tiempo u hora de salida, hemos de ser conscientes y darnos cuenta que no es nuestro estado natural de paz, y es hora de trabajar, de hacer nuestra parte para darle su adecuada despedida.

Por esto es importante el que nos permitamos sentir, darle espacio, voz, silencios, arropo, de esta forma nos estamos preparando para su marcha. Tal como viene, se va, es cíclico. Si al contrario, nos quedamos estancados, en el sentimiento, sujetándolo con fuerza, usándolo de excusa para no avanzar, transformarnos o mirar de frente nuestro interior, nos quedaremos en la cárcel que nosotros mismos hemos permitido.

Todo nos lleva a que seamos responsables de nosotros mismos, de nuestro estado de paz y bienestar, que nos hagamos cargo de nuestras necesidades, desde el respeto y el amor. Siendo conscientes de cuándo necesitamos un empujoncito, una palmadita y palabras de motivación y aliento, para conseguir sacudirnos la pesadez y la densidad.

Podemos estar en paz, se trata de un trabajo individual, que requiere consciencia y amor propio. Cada día, independientemente de lo que esté sucediendo, podemos elegir trabajar en nuestro estado, aceptando cómo nos sentimos, dándole su espacio, motivándonos e impulsándonos a estar en paz ante ello, sin desesperación, ni culpa.

En tránsito por la oscuridad.

Hemos de aprender a identificar cuando nos encontramos atravesando un proceso de oscuridad, permaneciendo en nuestra sombra, en el torbellino emocional sin procesar lo que secude. Recordar que no es necesario entender, comprender o sacarle algún sentido, esto nos desgasta aún más, se trata de dejarlo ser, dándonos aquello que necesitamos en ese momento.

Cuando nos atendemos, procurando evitar la exigencia o desesperación por salir de este estado, podemos pasarlo de una forma, dentro de lo posible, equilibrada. Podemos mantener el equilibrio en medio del caos, estando en paz con lo que es ahora.

Es incómodo estar en esta vibración de nuevo, lo sé, por ello que queremos salir o entender el porqué estamos aquí, tras nuestro trabajo interno, tras nuestras lecturas, herramientas, etcétera, para conseguir superarlo. Y si no se trata de superarlo, sino de vivirlo, sentirlo y dejarlo ser, permaneciendo a nuestro lado, sin juzgarnos, sólo aceptando que nos encontramos así en este momento.

Tendemos a dramatizar las circunstancias, entrando en una espiral que no tiene fin. Podemos vivir estos procesos desde otra perspectiva, sin darle ese toque dramático o victimista, lleva su tiempo verlo y no pasa nada, viviéndolo con respeto hacia lo que está sucediendo en nosotros y hacia nosotros mismos.

Las emociones son cíclicas, nuestro sentir es voluble, fluctúa, hemos de aceptarlo y dejar que sea, sin frustrarnos por querer estar alegres todo el tiempo, porque eso no es real. Cada uno de nosotros atraviesa sus procesos de una forma u otra, y todo es válido si nos hace sentir en bienestar y no daña a las personas que nos rodean.

Procúrate un espacio de calma y comprensión, lo que necesites en estados de oscuridad, ama y respeta esa parte de ti, de tu personaje, porque no hay nada malo. Transita por tu oscuridad sin miedo, ella quiere mostrarte algo, sin hacerte daño, permite que sea, deja de luchar contigo, balancea tu luz y tu sombra.

La intensidad pide calma.

En los momentos de mayor intensidad necesitamos parar, escucharnos y darnos tiempo para que se recoloque nuestro sentir. No sé ustedes, yo me encuentro en una montaña rusa de emociones, una atracción la cual hacía tiempo que no me afectaba tanto, está claro que se trata de un reto más, de un estar presente y permitir que sea, sin juzgar o comparar.

Qué necesito cuando me encuentro en esta situación, esto nos lo hemos de preguntar y procurarnos la respuesta. Lo que tendemos a hacer es anestesiarnos, intentando ignorar el sentir que nos desborda, haciendo aquello que me hace enfocarme en otra cosa, de esta forma no presto atención a lo que me atormenta o está aflorando.

Hemos de ser conscientes que cada emoción que surja nos habla de nosotros mismos, nos pide atención, cuidado y enfoque en nuestro mundo interno, nuestro sentir o nuestro niño interior. La llamada es atendernos, evitando eludir, omitir o ignorar el grito que nuestras emociones nos están dando, para sanar, colocar o transmutar determinados estados o etapas de nuestra vida.

Se requiere de calma, paciencia y de dejar SER, SIENDO. Seamos coherentes y honestos con nosotros mismos, proporcionándonos un ambiente de sosiego y ternura, dejando que las emociones sean liberadas, sin identificarnos con ellas, sin buscar de dónde o porqué, simplemente que sean, mientras permanecemos, en la medida de lo posible, en calma y aceptación.

Porporciónate el espacio, el silencio, el ambiente, la tranquilidad que necesitas para transitar por este terreno incómodo, el camino es el que es, nosotros elegimos cómo hacerlo y desde dónde, desde dónde estamos vinbrando, desde el amor hacia nosotros mismos, con respeto, con compromiso.

Expreso con libertad mi sentir

Cada vez que nos sentimos frustrados, tristes, melancólicos, eufóricos o cabizbajos, con cada una de nuestras emociones, hemos de permitirnos aceptarla y abrirle la puerta para que se exprese. Dejarla ser, que fluya y liberarnos de toda limitación que nos impida mostrarnos tal y como somos, o como nos sentimos en este preciso instante.

Nos esforzamos en mostrar otra cara, por ocultar lo que realmente alberga nuestro sentir, dejando que una actuación más nos sumerja en el abandono. Cada vez que hacemos esto, nos alejamos de nosotros mismos, faltando al compromiso de amor propio hecho.

Permite que se liberen años de opresión, de ocultarte y callar aquello que tu corazón anhela gritar. Suelta toda carga, represión autoimpuesta y deja que las creencias que te aprisionan se desvanezcan.

Al trabajar en nosotros, evitando la queja, podemos confundir el expresar mi sentir, con quejarme de cómo me siento. Hemos de aprender a diferenciar una queja, de la forma de exteriorizar mis emociones.

Cuando nos quejamos, constantemente achacamos nuestras emociones o sensaciones a la circunstancia en cuestión, parloteando continuamente de nuestro mal estado, alegando que somos víctimas de lo acontecido, sin ser conscientes de nuestra responsabilidad en ello.

Permite que tu sentir tenga una escapatoria, una puerta de salida, evitando que se queden nudos emocionales en nuestro interior, por creer que no puedo permitirme mostrar cómo estoy. Libéralas, libérate y permanece en paz con lo que sientes.

Atiende a la llamada, toma la responsabilidad de tu vida

En este momento necesitamos de nuestra atención, enfoque y determinación para centrarnos en nosotros mismos. Atender nuestro sentir, a nuestras sensaciones y observar cómo estamos, si nos mueve una situación, una emoción o una persona. Se requiere estar presentes, para ser conscientes y tomar responsabilidad de cada uno.

Al coger las riendas de nuestra vida, tomando la responsabilidad de nuestro bienestar, salud, estado emocional y reacciones, podemos ser capaces de elegir una vida en paz, trabajando en ello. Es una elección diaria, que requiere de un compromiso con uno mismo. Atendiendo nuestra demanda de atención, mimos, cuidados, escucha y demás, todo aquello que esperamos siempre de otra persona, es dárnoslo a nosotros mismos. Ser nuestros amantes, compañeros, apoyo y aliento, para crear una conexión sana y equilibrada con nosotros y con las personas de nuestro entrono. De esta forma evitamos generar relaciones de codependencia.

Cuando ponemos en las manos de otra persona nuestra felicidad, es un acto de desesperación, para que otra persona se ocupe de mis necesidades, heridas y bienestar. Esto es una falta de amor hacia nosotros mismos, de respeto hacia nosotros y el otro. Hemos de crear una relación armoniosa con nosotros, porque desde ahí podremos entablar relaciones sanas con los demás. Sin el juicio, la crítica, la espera, la ilusión, las expectativas, que tanto nos frustran, y encargarnos de nuestra vida.

Vernos seres, personas completas, sin necesidad de que venga nadie a ponerme un parche o una tirita. Podremos establecer relaciones auténticas, permitiendo que cada uno se encargue de su bienestar y compartir ese estado con el otro. Siendo auténticos, empoderados, conscientes de nuestro potencial, de nuestras necesidades y entendiendo que cada uno se nutre, se sana y se ilumina.

No somos nuestros pensamientos, no somos lo que sentimos

Estamos revueltos, aturdidos, exhaustos, agotados por toda la energía que se está moviendo en estos momentos. Hay muchos cambios en nosotros y a nuestro alrededor. Muchas veces no sabemos cómo gestionar lo que sucede en nosotros. En un momento estamos enfocados en lo que acontece en este instante, y al cabo de unos minutos, nos sentimos abrumados por el manantial de emociones que ha emergido de nuestro interior. Sin saber muy bien cómo, vamos dando tumbos durante el día, para llevar a cabo la tarea que nos hemos propuesto. Sintiendo que hay algo que se nos escapa. Que no estamos viviendo, aprovechando el día, siendo nosotros mismos, simplemente sobrevivimos y hacemos el papel que se nos ha dado. Toda esta marabunta de ideas, pensamientos y sensaciones, pertenece a nuestra mente. Recuerda que no hay un plan establecido, no hay metas. Sólo se trata de ser. Si estás perdido, no te sientas abrumado por no hallar la salida, siente todo ese bucle como si estuviera en una esfera. Que fuera una esfera de energía, y tu puedes salir de ella y observarla desde fuera. No eres esos pensamientos, no eres esos sentimientos de agotamiento, observa que están, lo que hemos de hacer es verlos, no identificarnos con ellos. No somos nuestra mente, no somos lo que sentimos. Siempre estamos deseando ser libres de todo ello, y de lo que no nos damos cuenta, es que ya lo somos.