En verdad no hay un plan, en cada paso manifiestas tu realidad

Contempla tu vida, observa todo lo que hay en ella. Familia, amigos, tu hogar, tu entorno, el ambiente. Todo refleja algo de ti. Si eres cuidadoso, y prestas atención, puedes identificar cada señal, cada guiño que te hace el universo, que te haces tu mismo, para que sigas las pistas, si así lo deseas. Ellas van a conducirte hacia ti, por un camino que sólo tu podrás andar, identificando y resolviendo cada acertijo, cada rompecabezas. Todo está bien estudiado, es un plan hecho a la perfección, para que resuelvas el puzle de ti mismo. Para que entiendas tus patrones de comportamiento, que conozcas tus creencias, tus miedos, tus dudas, aquello a lo que tanto te aferras, a lo que crees depender, que te des cuenta de los límites autoimpuestos, de las necesidades que crees que posees, en definitiva, para que conozcas el funcionamiento de tu mente, para que veas detrás del telón, los entresijos del teatro, y descubras que eres un soñador, que se cree despierto. Cuando estamos en el sueño, creemos que lo que sucede es un plan de la vida, nos metemos en el personaje y hacemos de lo sucedido un drama, un espectáculo, cuando en realidad todo forma parte de un papel, y nosotros somos los que decidimos dejar de actuar, o continuar con la función. En ese momento en el que eliges permanecer despierto, es a lo que se llama estar consciente. Consciente de lo que acontece, sabiendo que todo indica algo sobre mi, que manifiesto todo aquello que está oculto, a la sombra, dándose paso a la superficie, para ser expuesto, conocido, y que simplemente lo veamos, lo reconozcamos. De esta forma, al salir a la luz, aceptando lo que se hace visible, podemos llegar al siguiente paso, el paso del cambio, de la transformación. Abandonando las viejas creencias, patrones limitantes, y todo aquello que nos haga sentir anclados y prisioneros, para llegar a ver que en verdad somos libres.