Hay salida.

En determinados momentos nos sentimos en un abismo, en una espiral interminable de pensamientos, que nos desgastan. Vamos a marcha forzada persiguiendo la ansiada felicidad. Qué es la felicidad, para cada uno puede significar algo diferente, en general se puede definir como el estado de calma, de tranquilidad, de no pensar en exceso o no preocupaciones. Ahí está la clave, desde mi punto de vista, las no preocupaciones. Cuando estamos dándole vueltas a un mismo tema, sin cesar, agotados, buscando una solución, cada vez lo vemos más oscuro, más difícil, y sin darnos cuenta nos sumergimos en el torbellino de la negatividad, agravando nuestro estado y por consiguiente haciendo que la preocupación aumente.

Nos sentimos exhaustos, apáticos y desilusionados, porque no vemos salida, creyendo que la solución vendrá de fuera, nos alteramos, desesperamos por encontrar la luz, la salida del túnel, haciéndonos daño en el intento frustrado por sobrevivir. Ya está bien, que hemos vivido por muchas experiencias similares. Hemos de darnos cuenta de dónde estamos, y entender que hemos sido nosotros mismos quien nos ha llevado a ese estado. En vez de desesperarnos por hallar la salida, mejor reserva fuerzas. Recarga baterías, cómo, soltando la desesperación. De ese modo, la mente no estará en modo supervivencia, como loca buscando la salvación. Dejemos de creer que estamos en peligro. Es momento de parar, confiar y desde la calma, podremos ver las múltiples posibilidades que se nos presentan.

La felicidad está en nuestras manos, es curiosa esta frase, lo que totalmente cierta. La felicidad o bienestar, depende cada uno, de cómo veamos y reaccionemos ante lo que acontece. Hemos de darnos cuenta que cada uno de nosotros es responsable de cómo filtra lo que ve, no depende del otro, ni de las circunstancias, sólo de nosotros.

Si estamos constantemente preocupados por lo que ocurre, no seremos capaces de ver la solución. Ve siempre a lo más fácil, lo sencillo y simple suele ser la mejor decisión. La confianza en uno mismo es la llave para la puerta de salida, no de emergencia, de salida de la mente, del torbellino. Confía en ti, en tu capacidad para vivir, no sobrevivir. En tu potencial para encontrar las fuerzas y emerger del sueño de la mente, de la desesperación.

No insistas en creer que la felicidad es inalcanzable, o dura unos segundos. Ella está a tu disposición siempre que quieras, que te enfoques en el presente, confíes en ti y permanezcas en calma. Recuerda, cuando te sientas atrapado, respira, evita la desesperación, mantén la calma, y desde ahí encontrarás infinitas posibilidades para liberarte.

Tu felicidad y tu bienestar dependen de ti.

Date el permiso de vivir en paz. Me refiero a que desistas de las apariencias, de las máscaras, de los juicios, críticas, y autoexigencias para llegar a, o conseguir aquello que creemos que nos llenará de felicidad. La felicidad o el bienestar, no depende de nada externo a nosotros, está en uno mismo. En la forma de ver las cosas, lo que acontece, en la manera de gestionar nuestras emociones, en el modo de actuar ante la vida. Las emociones son, los pensamientos están, no depende nuestro día de ellos, sino de cómo los manejamos. De cómo decido ser responsable de mi vida, sin ver enemigos fuera, ni culpables de lo que me suceda. Tomando las riendas, decidiendo estar en calma ante lo que quiera que pase. Depende de ti, de nosotros, de cada uno, ser conscientes de que todo es un reflejo nuestro, para ver en qué hemos de trabajar o de darle luz, en nuestro interior. Y elegir vivir el día, la vida, desde nuestro centro, desde la calma, la confianza de que lo que sucede es por y para nuestro bien, lecciones de vida, para decidir trascender y transformar nuestra forma de actuar, de reaccionar, y de ver el mundo. Cuando elegimos aprender cómo manejar las emociones y los pensamientos, dejando que sean, que pasen por nosotros, sin creernos parte de ellos, sin que nos afecten, si hoy me siento triste, o apático, puedo convivir con mis emociones, sin sentirme prisionero de ellas, podemos permanecer en calma mientras el día transcurre, observando nuestros estados mentales, y emocionales, sin hacernos partícipes de ellos. Podemos vivir, dejando de sobrevivir, saboreando cada instante, sin sentirnos prisioneros por cómo nos sentimos. Vive.

No somos nuestros pensamientos, no somos lo que sentimos

Estamos revueltos, aturdidos, exhaustos, agotados por toda la energía que se está moviendo en estos momentos. Hay muchos cambios en nosotros y a nuestro alrededor. Muchas veces no sabemos cómo gestionar lo que sucede en nosotros. En un momento estamos enfocados en lo que acontece en este instante, y al cabo de unos minutos, nos sentimos abrumados por el manantial de emociones que ha emergido de nuestro interior. Sin saber muy bien cómo, vamos dando tumbos durante el día, para llevar a cabo la tarea que nos hemos propuesto. Sintiendo que hay algo que se nos escapa. Que no estamos viviendo, aprovechando el día, siendo nosotros mismos, simplemente sobrevivimos y hacemos el papel que se nos ha dado. Toda esta marabunta de ideas, pensamientos y sensaciones, pertenece a nuestra mente. Recuerda que no hay un plan establecido, no hay metas. Sólo se trata de ser. Si estás perdido, no te sientas abrumado por no hallar la salida, siente todo ese bucle como si estuviera en una esfera. Que fuera una esfera de energía, y tu puedes salir de ella y observarla desde fuera. No eres esos pensamientos, no eres esos sentimientos de agotamiento, observa que están, lo que hemos de hacer es verlos, no identificarnos con ellos. No somos nuestra mente, no somos lo que sentimos. Siempre estamos deseando ser libres de todo ello, y de lo que no nos damos cuenta, es que ya lo somos.