Estamos llenos de amor, de luz, de vida. Constantemente nos centramos en lo que creemos que nos falta, que me haría mejor, que al tener ciertas cosas me vean de cierta forma. Anhelando ser de otra manera, física, mental, emocionalmente, queriendo distintas cosas materiales, porque con ello voy a ser diferente. Todo esto sucede porque en algún momento, nos desconectamos. Dejamos de creer en nosotros, no somos capaces de ver ese amor inmenso que aguarda, para que lo aceptes, esa chispa infinita de amor y luz que está en cada uno de nosotros. Cuando llegamos a acoger al amor que está esperando ser reconocido, ahí seremos capaces de entender nuestros procesos, respetando cada fase, cada escalón y reconociendo que todo sucede para conducirnos a nosotros mismos. Observando lo que sucede, desde el amor. Una de las energías que nos aportan y nos conducen a reconocernos, es la energía del agradecimiento. La gratitud es ver lo que hay, lo que ya es, y darnos cuenta que es perfecto. Es estar en el momento presente, aceptando lo que sucede, aceptando quién soy y todo lo maravilloso que hay en mi. Dándonos cuenta, de todo lo que hay en nuestras vidas, familia, amistades, trabajo, etcétera. Sin juicios, sin críticas, viviendo desde el amor. Agradeciendo a Dios, a la Fuente, al Universo, a lo que cada uno crea, todo lo que hay en nuestras vidas. De esta forma vibramos diferente, vivimos más ligeros.