El respeto y la aceptación son la base de todo. Cuando nos respetamos y aceptamos, podemos respetar y aceptar a los otros. Porqué en ocasiones nos sentimos amenazados o atacados, porque los demás expresen su opinión, porqué atacamos al ver que los otros no tienen la misma opinión que yo o no ven el mundo, la vida, lo que acontece como yo lo veo. No somos rivales, no estamos aquí para competir, no tenemos que demostrar nada, sólo ver la grandeza que hay en cada uno. En cada uno de nosotros hay un amor ilimitado, que nos nutre y nos guía, eso es lo que todos compartimos por igual. Cada uno de nosotros, tiene su personalidad, su parte mental, que nos diferencia, si somos capaces de aceptar las diferencias que nos separan, ya no estaremos tan separados. No hay separación, ya que en verdad estamos unidos por un TODO. La separación es de la mente, si respetamos y aceptamos que los otros tienen su forma de ver, hacer y resolver las cosas, podemos reducir esa distancia ilusoria que está entre nosotros.
Categoría: Sin categoría
Acepta quién eres y lo que acontece
Hemos de darnos cuenta, cuando actuamos según nuestra mente o siguiendo la voz de nuestro corazón, de nuestro centro. La mayor parte del tiempo, estamos en un sueño, desconectados de la realidad, creyéndonos lo que la mente nos muestra, formando parte del elenco de nuestra película. Todo esto no es importante, si tu no le das esa gran importancia, es decir, si te das cuenta que estás en el sueño, puedes elegir salir de él, sin reproches, ni juicios, desde la aceptación. Se trata de ser conscientes en cada momento de dónde estamos. Que en este momento estoy aletargado y desconectado de la realidad, simplemente decido ver lo que sucede de otra forma. Y no me critico por ello, hemos de abandonar las autocríticas, los reproches y los juicios hacia nosotros mismos. Cuando nos aceptamos tal como somos y aceptamos lo que estamos viviendo, podemos elegir ver lo que acontece desde una nueva perspectiva, desde el respeto y el amor hacia nosotros y hacia lo que nos rodea.
Somos amor, somos UNO
Constantemente nos hablan de amor, lo utilizan en la publicidad, como mercancía, como algo que puedes medir, que puedes manejar o que lo puedes dar a cambio de algo. El amor es mucho más que todo eso. Es lo que somos, es lo que respiramos. La naturaleza es puro amor manifestándose. Y lo sientes cuando la observas. El amor se contagia, se expande. No se agota por mucho que lo irradies. Estoy hablando del amor incondicional, del que sientes al ver a tu hijo, sin juicios, apegos, ni expectativas. El que sientes al ver un amanecer, el vuelo de un pájaro o la risa de los niños. No hablo del amor romántico, ese que nos han vendido como el auténtico amor. Todo eso es una proyección de la mente. Hablo del sentir, vibrar y ser infinito. Lo que ya eres, ya somos y aún nos cuesta creer. Esa chispa de luz que se encuentra en cada uno de nosotros, la magia que envuelve todo, el amor que somos, es lo que nos convierte en UNO.
No somos nuestros pensamientos, no somos lo que sentimos
Estamos revueltos, aturdidos, exhaustos, agotados por toda la energía que se está moviendo en estos momentos. Hay muchos cambios en nosotros y a nuestro alrededor. Muchas veces no sabemos cómo gestionar lo que sucede en nosotros. En un momento estamos enfocados en lo que acontece en este instante, y al cabo de unos minutos, nos sentimos abrumados por el manantial de emociones que ha emergido de nuestro interior. Sin saber muy bien cómo, vamos dando tumbos durante el día, para llevar a cabo la tarea que nos hemos propuesto. Sintiendo que hay algo que se nos escapa. Que no estamos viviendo, aprovechando el día, siendo nosotros mismos, simplemente sobrevivimos y hacemos el papel que se nos ha dado. Toda esta marabunta de ideas, pensamientos y sensaciones, pertenece a nuestra mente. Recuerda que no hay un plan establecido, no hay metas. Sólo se trata de ser. Si estás perdido, no te sientas abrumado por no hallar la salida, siente todo ese bucle como si estuviera en una esfera. Que fuera una esfera de energía, y tu puedes salir de ella y observarla desde fuera. No eres esos pensamientos, no eres esos sentimientos de agotamiento, observa que están, lo que hemos de hacer es verlos, no identificarnos con ellos. No somos nuestra mente, no somos lo que sentimos. Siempre estamos deseando ser libres de todo ello, y de lo que no nos damos cuenta, es que ya lo somos.
Eres capaz de salir del sueño
Siéntete dichoso por todo lo que vives. Lo que acontece ahora es lo que importa. Está bien ser agradecido con lo que fue y ya, sin darle más rodeos. Porque en muchas ocasiones, sin darnos cuenta nos introducimos en un bucle, que nos lleva de regreso al pasado, a rememorar tantos acontecimientos, unos agradables y otros de tormento. Sea cual sea el que estemos recordando, hemos de darnos cuenta que no estamos aquí y ahora. Sino que nos encontramos en un sueño, una de tantas estrategias de nuestra mente. De esta forma estamos distraídos, creyéndonos lo que esta nos proyecta. Cuando estés en esta situación, siendo consciente de ello, y no puedas volver al momento presente, respira. Céntrate en tu respiración, ella te traerá de vuelta. Al concentrarte en la respiración, traes tu mente a este instante, sientes el suelo bajo tus pies, y puedes gestionar lo que acontece en tu interior.
Actúa con el ejemplo
En el día a día, nos cruzamos con todo tipo de personas. Cada una de ellas, está viviendo su proceso. Seamos respetuosos con los procesos, transiciones y creencias que los demás procesen. Está en nosotros el poder convivir con nuestro entorno, comenzando por uno mismo. Cuando llegamos al momento de respeto, comprensión y aceptación de nosotros mismos, de nuestras tormentas emocionales, tomando responsabilidad de nuestro sentir, podemos alcanzar la capacidad de aceptación del que se encuentra a nuestro lado. No te creas su salvador, ni su juez, nosotros mismos somos los que nos salvamos. Los demás pueden acompañarnos en el proceso, de forma cariñosa y con respeto. Ve a tu centro, a tu luz, deja que esta se expanda iluminando tu camino. De esta forma muestras al que está a tu lado cómo puede encontrarse, lo único que podemos hacer es actuar con el ejemplo.
Acepta y agradece
Estamos llenos de amor, de luz, de vida. Constantemente nos centramos en lo que creemos que nos falta, que me haría mejor, que al tener ciertas cosas me vean de cierta forma. Anhelando ser de otra manera, física, mental, emocionalmente, queriendo distintas cosas materiales, porque con ello voy a ser diferente. Todo esto sucede porque en algún momento, nos desconectamos. Dejamos de creer en nosotros, no somos capaces de ver ese amor inmenso que aguarda, para que lo aceptes, esa chispa infinita de amor y luz que está en cada uno de nosotros. Cuando llegamos a acoger al amor que está esperando ser reconocido, ahí seremos capaces de entender nuestros procesos, respetando cada fase, cada escalón y reconociendo que todo sucede para conducirnos a nosotros mismos. Observando lo que sucede, desde el amor. Una de las energías que nos aportan y nos conducen a reconocernos, es la energía del agradecimiento. La gratitud es ver lo que hay, lo que ya es, y darnos cuenta que es perfecto. Es estar en el momento presente, aceptando lo que sucede, aceptando quién soy y todo lo maravilloso que hay en mi. Dándonos cuenta, de todo lo que hay en nuestras vidas, familia, amistades, trabajo, etcétera. Sin juicios, sin críticas, viviendo desde el amor. Agradeciendo a Dios, a la Fuente, al Universo, a lo que cada uno crea, todo lo que hay en nuestras vidas. De esta forma vibramos diferente, vivimos más ligeros.
Observa este instante, confía
Todo lo que sucede a lo largo del día, está cargado de mensajes para nosotros. Si llegamos a ver las posibilidades de percibir las cosas de esta forma, nos liberamos de la pesada carga de la expectativa, de la espera y los anhelos. Todo ello forma parte de nuestra mente, que vislumbra posibles futuros, aferrándose al que considera el ideal, para aquella fantasía que nos hemos creado. Estamos viajando en el tiempo, llevando la mente hacia el futuro, creando distintos escenarios, adelantándonos a las situaciones, para tener controlada las posibles respuestas, los distintos caminos que se crean. De esta forma vivimos con ansiedad por lo que pueda pasar, por lo que no hemos tenido en cuenta, generando un estado de inquietud y desconfianza en la vida, en el proceso que vivimos. Dejemos de cargar con el peso del control, dejemos que la vida nos sorprenda. Abriéndonos a observar lo que acontece, sin juicios, sin críticas. Cuando soltamos la necesidad de controlarlo todo, dejamos de esperar y crear situaciones, circunstancias idílicas, basadas en fantasías, basadas en creencias limitantes. Simplemente vivimos, danzamos con lo que acontece, observando qué quiere decirme, qué mensaje hay para mi en lo que sucede. Y disfruto, siento, observo, vivo, lo que está sucediendo en este preciso instante. No divago, no me distraigo, me centro en este momento.
La travesía de cada día
Todos estamos navegando por un mar de dudas, de incertidumbre, nos hace desconfiar del proceso que estamos viviendo. Cada día nos encontramos con nuevos retos, adversidades que nos hacen elegir de qué forma queremos verlas, queremos gestionarlas. Sumergirnos en la queja y en la agonía, sin ver salida, estar una y otra vez alegando que eres una víctima o decidir emerger, nadar, flotar o subirnos en alguna embarcación, con la intención de ver que no soy una víctima de lo que acontece, decido cómo vivir y cómo reaccionar ante ello. Sin castigarme por determinados momentos haber elegido transitar en aguas profundas. Desde el respeto y la comprensión, me veo como un navegante, que en momentos flaquea al golpearle las olas, entrando en estado de pánico e inseguridad, y en otros como un marinero experto, con plena certeza de que llegaremos seguros a buen puerto.
Es hora de abandonar el papel de salvador
Nos pasamos gran parte de nuestra vida queriendo encajar, agradar y ser aceptados, con todo esto súmale que en nuestro foro interno existe la creencia, de que podemos cambiar al otro y ayudarle. Muchas veces cargando con sus historias, para hacerle el camino más fácil, diciendo «El pobre», como si fuera menos que nosotros, viéndolo desde una perspectiva de superioridad. Todo ello a expensas de nuestras necesidades y sobrepasando nuestros límites. Sin querer ver que esta no es la solución, que no se trata de llevar la carga del otro, o hacerle cambiar de forma de ver el mundo o la vida, como si estuviera en lo erróneo y yo en lo correcto. No hay errores, ni cosas correctas, todo forma parte del TODO, y es para nuestro aprendizaje. Para despojarnos de ideas, creencias y patrones de comportamiento limitantes. Respetando el proceso que cada uno vive, comenzando por el nuestro y seguido del de los demás. Llegando a entender e integrar, que nada ni nadie es más que el otro, todos estamos en el camino del autoconocimiento y aceptación. Viviendo desde lo que consideramos favorable para nosotros, y esto requiere nuestro respeto. Comencemos por aceptarnos a nosotros mismos, tal y como somos, maravillosos seres de luz, llenos de un amor infinito, cuya composición está en cada uno de los seres de este planeta. Este amor es lo que nos une y nos hace ser un TODO. Comencemos por amarnos, y respetar que cada uno viva y lleve su vida a su manera, desde su perspectiva. Sin creernos salvadores, ni víctimas, ni verdugos.