Dejando la lucha, aprendiendo a estar en amor

Continuamente luchamos por no estar donde estamos en este preciso momento, por no sentir, escuchar aquello que no quiero oír, o ver lo que es o está sucediendo ahora en nuestras vidas. Nos anestesiamos con una canción, una película, una conversación, cualquier sustancia o actividad, para evadirnos de lo que no queremos admitir o aceptar.

Hemos tomado este comportamiento como natural y normal en nuestra vida, estar en constante conflicto con nosotros y por consiguiente con nuestro entorno. Creyendo que hemos de defendernos del ataque exterior, o incluso de nosotros mismos, por no quitarnos la máscara, permitirnos sentir vulnerables y sensibilizarnos con lo que sucede a nuestro alrededor.

Arrastrando la creencia que me dicta a actuar de una forma caótica, hiriente y dañina hacia mí mismo, por no mostrar quién soy, o no querer ser consciente de mí, de mis emociones, de lo que está aconteciendo o de mi entorno.

Cada situación nos lleva a tomar consciencia de dónde estamos, quiénes somos y del momento presente, del regalo de la vida, de la amistad, de las relaciones, de un amanecer, de una buena comida, etcétera.

Dejemos de ocultarnos, creyendo que no somos válidos, capaces o estamos rotos. Aceptemos todo de nosotros, nuestras inseguridades, nuestra curiosidad, nuestros miedos. Cada vez que te aceptas, que te miras y te hablas con amor, eso que creías quebrado se une, la distancia con respecto a ti se hace ínfima, y te sientes conectado, renacido, con una nueva visión de ti mismo y de lo que te rodea.

Muestra quién eres sin reparos, deja atrás los filtros, sé tú, siéntete dichoso por estar aquí y ahora, vivo, libre, amado. Cuando aprendemos a amarnos a nosotros mismos, dejamos de considerar importante o necesaria la aprobación externa, actuamos de forma consciente, entendiendo que si me amo, el otro me refleja ese amor.

Fluye, muéstrales cómo.

Es momento de centrarnos en nuestra vida, nuestro sentir, nuestras experiencias. Dejar de creer que sabemos lo que les conviene a los otros, creyéndonos mejores o en una posición más elevada. Entiendan que cada cosa que es juzgada, de una forma o de otra vamos a vivirla, el universo tiene este peculiar sentido del humor, para que entendamos qué es ir con los zapatos del otro. Se gasta demasiada energía pretendiendo que los demás hagan lo que nosotros consideramos mejor, si muchas veces no sabemos ni lo queremos para nosotros mismos, o lo que nos conviene. No es más fácil vivir y dejar vivir.

En este soltar, se haya nuestro adorado, pero cargante control. Hemos de ser conscientes en qué nos beneficia querer controlarlo todo, es agotador, las cosas salen como salen, aunque nos degastemos porque salgan como queremos o esperamos, van a ir por su camino, así son, así es la vida. Y no creen que de esta forma es más divertido, sin tanta planificación, sabiendo qué cosa, dónde y cuándo. Dónde queda la sorpresa, el reto, el impulso por mejorar, por animarse a uno mismo ante cualquier situación inesperada, la confianza en que sabremos reponernos y seguir o parar, como queramos en ese momento, sin expectativas, siendo libres.

Libertad, no es algo a lo que haya que seguir, perseguir o luchar por ella. Ella está, es y se manifiesta cuando queramos, según nuestra manera de ver y llevar las cosas. Por naturaleza somos libres, esas creencias, patrones, pensamientos y formas de ver la vida, de actuar y sentirnos, es autoimpuesta, cuando quieras puedes decir «A tomar viento» y permitirte ser tú mismo, sin exigencias, estándares o protocolos.

Permítete vivir en lugar de sobrevivir cada día. Recuerda que no hay que hacer nada extraordinario, simplemente ser tú, dejándote llevar por el momento, aceptando, desechando la lucha, la resistencia y el querer que todo salga con una determinada estructura.

Suéltate el pelo y permite que el viento te despeine, siente esa sensación, es libertad. Deja que los demás se muestren como quieran, que sean. Si están en el bucle de la necesidad de tenerlo todo bajo control, del miedo, la ira, déjalos, fluye, acepta, evita el juicio, actúa de manera que vean que se puede hacer de otra forma, una más ligera, flexible y conectado. Permanece en ti, en tu verdad, en lo que te llena y vive.