El viaje del ego y sus espejismos.

Aquí comparto con ustedes reflexiones de la vida, del universo, ciertas verdades que están en un continuo cambio, verdades de mi percepción, claro está. Acabo de leer un escrito que me ha dejado dándole vueltas a ciertas «verdades». El que continuamente digamos quédate, permanece o rodéate de personas que te vean, que te valoren, que reflejen tu inocencia, me hace pensar que no hemos entendido nada. O como bien digo al principio, son verdades para cada uno, que están en movimiento.

Con lo que nos encontramos en nuestra vida, en nuestro día, es aquello que realmente necesitamos, aunque no lo queramos, para entender en el punto en que nos encontramos, aprender acerca de nosotros mismos y darnos cuenta dónde he de prestar atención en mí, no en el otro. El otro es un espejo, refleja lo que no acepto, con lo que estoy en lucha, o lo que no me he percatado de mí, repito no del otro. Y no hay almas impuras, todos somos Luz y Amor, lo que nos dejamos llevar por el ego, TODOS SOMOS IGUALES.

Esto no significa que soportemos determinadas situaciones porque ello conlleva un aprendizaje, se trata de salir de la idea o de la forma de pensamiento, que es el otro el causante de mi dolor o de mis faltas. Todo lo que está a mi alrededor refleja mis pensamientos, mis creencias y lo que he de trabajar para aceptarme, amarme y liberarme de todo condicionamiento.

Otra de las reflexiones, que me ha dado de sí con el escrito, es acerca de nuestra energía, no podemos estar constantemente midiendo con quién sí y con quién no, evaluando las circunstancias, de con quién soy auténtico y con quiénes no lo soy. En serio, se trata de SER, independientemente del entorno, como he expresado antes, desde mi perspectiva, el universo nos trata de decir que manifestamos la realidad según nuestros pensamientos, por ello, en vez de centrarnos en nuestro entorno, en lo de fuera, enfoquemos la atención en nuestro interior.

La energía no se pierde, el tiempo no se pierde, al igual que los errores son grandes aprendizajes, nada es en vano. Si eres como eres, sigue siendo tú, si das lo que eres, sigue siendo tú, lo que importa es que no te centres en recibir elogios, o agradecimientos, es evitar las expectativas y SER, de forma incondicional. Nada se pierde tosdo regresa, lo que tal vez no de la forma que esperas, el universo encuentra muchas formas de devolver lo que has entregado de corazón.

Hemos de ser conscientes desde dónde miramos al mundo, a nuestro alrededor, creyendo que sabemos más, que estamos más experimentados, más dolidos o heridos, que somos más conscientes, con tendencia a separarnos porque son inconscientes, porque pesan, desde dónde lo vemos, hemos de percatarnos que tal vez estemos subidos en el tren del ego espiritual, creyéndonos mejores, de almas más puras o más bellas que los otros, haciendo separaciones.

Recordatorio: «TODOS SOMOS UNO, TODOS SOMOS LO MISMO, TODOS SOMOS AMOR» viviendo una vida humana, en dualidad.

Cuida tu energía.

Cuando nos sentimos en desbalance, agotados, sin energía, hemos de ser conscientes de lo que nos ha llevado a ese estado. Ser honestos con nosotros mismos es crucial, para poder trabajar en ello y transformar aquello que nos sumerge en el desánimo o nos desgasta.

Hemos de identificar qué nos roba la energía, qué hábitos, actitudes, comportamientos o creencias, haciendo un análisis de nuestro día o siendo conscientes en cada momento, para averiguar dónde se escapa la energía, por ello nos sentimos en desgana, cansados, abatidos, etcétera.

Por ejemplo, en la autoexigencia constante, siendo perfeccionista con uno mismo y con el otro. Dedicarle un tiempo excesivo al móvil, a ver la televisión, al sedentarismo. Pensamientos negativos, desmotivadores, entrando en pesimismo. Qué hábitos tóxicos realizas que te desgastan, en vez de recargarte.

Recupera tu energía, cárgate haciendo aquello que te llena, lo que te ayuda a estar en equilibrio ante las circunstancias de la vida. Cuida tu energía, sé consciente dónde la inviertes, si te es beneficioso o te va a generar malestar.

Y se hace la Luz.

Estamos atravesando una etapa de deshacernos de capas y capas de ego, de actitudes, comportamientos y máscaras de nuestro personaje, que en determinados momentos dudamos si esto es real, es beneficioso o se está convirtiendo en algo arduo y complicado.

Para cada uno de nosotros es un reto, y se nos presenta aquello que no hayamos entendido o mirado de frente, desde el amor por supuesto, para entenderlo y colocarlo.

Para algunos serán los miedos, las inseguridades, las expectativas o las ilusiones construidas en un momento de ensueño. Todo se está dando para ser conscientes de ello, para que abracemos a esa parte de nosotros que se siente de esa forma y nos tomemos de la mano.

Tómate tu tiempo, respeta tu ritmo y tu sentir, hacerlo hemos de hacerlo en un momento u otro, porque todo sigue girando y nuestro momento llega, ese instante de luz, de claridad y entendimiento.

Dejando la lucha, aprendiendo a estar en amor

Continuamente luchamos por no estar donde estamos en este preciso momento, por no sentir, escuchar aquello que no quiero oír, o ver lo que es o está sucediendo ahora en nuestras vidas. Nos anestesiamos con una canción, una película, una conversación, cualquier sustancia o actividad, para evadirnos de lo que no queremos admitir o aceptar.

Hemos tomado este comportamiento como natural y normal en nuestra vida, estar en constante conflicto con nosotros y por consiguiente con nuestro entorno. Creyendo que hemos de defendernos del ataque exterior, o incluso de nosotros mismos, por no quitarnos la máscara, permitirnos sentir vulnerables y sensibilizarnos con lo que sucede a nuestro alrededor.

Arrastrando la creencia que me dicta a actuar de una forma caótica, hiriente y dañina hacia mí mismo, por no mostrar quién soy, o no querer ser consciente de mí, de mis emociones, de lo que está aconteciendo o de mi entorno.

Cada situación nos lleva a tomar consciencia de dónde estamos, quiénes somos y del momento presente, del regalo de la vida, de la amistad, de las relaciones, de un amanecer, de una buena comida, etcétera.

Dejemos de ocultarnos, creyendo que no somos válidos, capaces o estamos rotos. Aceptemos todo de nosotros, nuestras inseguridades, nuestra curiosidad, nuestros miedos. Cada vez que te aceptas, que te miras y te hablas con amor, eso que creías quebrado se une, la distancia con respecto a ti se hace ínfima, y te sientes conectado, renacido, con una nueva visión de ti mismo y de lo que te rodea.

Muestra quién eres sin reparos, deja atrás los filtros, sé tú, siéntete dichoso por estar aquí y ahora, vivo, libre, amado. Cuando aprendemos a amarnos a nosotros mismos, dejamos de considerar importante o necesaria la aprobación externa, actuamos de forma consciente, entendiendo que si me amo, el otro me refleja ese amor.

Podemos elegir estar en paz, al transitar nuestro camino

Hace tiempo que no escribo, he estado como estamos todos en este momento, con nuestros procesos, ciclos y demás. Me encanta escribir y he sentido una barrera, autoimpuesta por supuesto, siempre es de uno, aunque mucha veces queremos aplicarlo a lo externo. Vivimos una época de cambios, de incertidumbre y todo conlleva a ver las cosas, el mundo, lo que acontece desde una nueva perspectiva, otra forma de mirar, de filtrar la información. Cada uno de nosotros tiene sus procesos, tal y como los lleva es perfecto, es momento de soltar y dejar de una vez los juicios, hacia los otros y hacia uno mismo. Queremos destacar, llegar a donde nos habíamos propuesto de una forma u otra, ser perfectos, sin percatarnos que en el camino nos desgastamos, y nos conduce a confiar, que en ocasiones si no llegamos a donde queríamos es porque no tenía que ser, tal vez porque el nuevo destino sea más propicio para uno.

Se que está muy oído, o muy usado, pero es cierto, hemos de dejarnos llevar por la vida, evitando planificar al detalle cada situación o acontecimiento, desechando las expectativas que son las que nos sumergen en el caos emocional. Cuando nos proponemos fluir con el momento presente, estando conscientes de cada instante, con cada parpadeo, podemos contemplar lo afortunados que somos, y la plenitud que nos rodea.

La clave para todo es el autoamor, amarnos plenamente, aceptando cada parte de nosotros, con nuestras luces y nuestras sombras. Eligiendo ser uno mismo, abandonando las máscaras, las apariencias, sintiéndonos genuinos, completos y llenos de un potencial ilimitado. Pon tu corazón en lo que hagas en el día, hazlo desde tu centro, deja huella, derrocha amor.

Otra herramienta fundamental para continuar consciente, es la aceptación y la adaptación. Una va tras la otra, aceptando las circunstancias, lo que está aconteciendo en este instante, puedo estar en paz, en calma ante ello. Si acepto lo que es, permaneciendo en calma, puedo adaptarme sin resistencia, sin desgastarme, y de esta forma coexistir con mi entorno, de una manera armoniosa, dejando atrás la autodefensa, el sentirme atacado, la queja, y por consiguiente el sufrimiento.

Nuestro estado de ánimo, nuestra actitud depende exclusivamente de uno mismo, lo externo no me condiciona, dejemos esa creencia, que nos lleva a culpabilizar a los demás o las circunstancias, tomemos las rienda de nuestra vida, y entiende que cada día, tu eres quien elige cómo ver lo que sucede y cómo actuar ante ello. Esto no quiere decir que estemos constantemente alegres, con una actitud positiva, permítete tener tus días de remolinos, y torbellinos emocionales, es normal, lo que puedes elegir es permanecer en paz ante ello.