En el tablero de juego.

Solemos creernos conocedores de la verdad, de las respuestas y de lo que a otra persona le sucede o le favorece. Accedemos a jugar con el ego, a creer que somos superiores, conocedores de la verdad, de la terapia fácil, por haber leído unos libros de autoayuda, asistir a alguna charla o transitar el camino de la vida.

Quiénes somos, o quiénes creemos ser, para decirle a una persona tienes esto o te pasa esto otro, o te sientes de esta forma porque… Y qué carajo sabemos!

Dejemos de estar en el pedestal que nos separa del resto, mirando desde una ilusoria posición de privilegio, «de saber», como si todo lo que están atravesando unos u otros ya lo hubiéramos superado hace tiempo.

Nos pasamos la vida sin saber qué hacer o el para qué de lo que nos sucede, sin encontrar el camino de salida del laberinto, como para saber la opción que ha de tomar otra persona.

Nuevo comienzo ¡Allá voy!

Podemos empezar una y otra vez. Hemos de liberarnos de la creencia de «Es demasiado tarde», «Ya no puedo», «No valgo», «No soy suficiente». La vida está llena de oportunidades, de posibilidades y probabilidades, de causa y efecto, de consecuencias, de caminos, desvíos, en definitiva, de elecciones.

Nuestras decisiones son las que marcan hacia dónde, son las que nos permiten vivir o perecer en vida. Permitamos que la vida sea, que nos atraviese, que nos haga florecer, que nos mueva, que nos haga temblar, de eso se trata, de sentir, de estar VIVOS.

Podemos comenzar de nuevo, donde sea, como sea, como queramos, depende de nosotros, depende de ti, dejar que los miedos nos dominen, nos consuman o saltar , sin más, SALTAR y volver a empezar.

Recuerda que no será de cero, comienzas con tus experiencias, con tu sabiduría, con tus años, sí, con tu edad, a esta edad puedes, lo mereces, los límites están en nuestra mente. Hazle saber, a la mente, que estás dispuesto, que vas a VOLAR, QUE CREES EN TI.

Eres tú quien te salva.

Bloqueamos nuestra vida por determinados acontecimientos, esperanzas o expectativas de un futuro, de un posible, y sin darnos cuenta nos quedamos a la espera de que suceda algo que lo cambie todo. Estamos constantemente esperando que ocurra algo mágico o milagroso que mejore o transforme aquello que nos limita. Ponemos el foco fuera, creyendo que al tener o suceder ciertas cosas vamos a llenarnos de una inmensa felicidad imperecedera.

Ya es momento de darnos cuenta que nada externo nos brinda la felicidad o llena el vacío que sentimos en nuestro interior. Somo nosotros mismos quienes decidimos hacer un alto, un parón o un cambio de rumbo y elegir dejar de utilizar los patrones que nos han llevado a esta situación. Entender que cada uno de nosotros es el responsable de su paz, bienestar o dicha. Sabiendo que no depende de los acontecimientos del exterior, sino más bien, de los movimientos o reajustes que realizamos en nosotros mismos.

Desde el momento que decidimos estar conscientes, respetando nuestro sentir y permitiéndonos mostrarnos tal y como somos, abrazando cada aspecto de nuestra personalidad, de nuestro ego, sabiendo que no nos define, sólo nos brinda la posibilidad de vivir en esta realidad, comenzamos a vivir, a relacionarnos con nosotros mismos de otra manera.

Este paso se llama libertad, el de permitirnos manifestar nuestra verdad, sea cual sea, sin juicios, críticas o reproches. Animándonos a dejar atrás todo aquello que nos desgasta o nos resta paz. Siendo auténticos, brillando, sea cual sea nuestra luz, color o procedencia. Todos somos especiales, únicos, mágicos y bendecidos. Sólo es cuestión de creer, creer en nosotros mismos.

lA LIBERTAD ESTÁ EN TUS MANOS

Durante toda nuestra vida cargamos con un peso a nuestras espaldas y en nuestro corazón. Una carga demasiado pesada, que en incontables ocasiones nos impide avanzar o mostrar nuestra verdadera naturaleza, por miedo o inseguridades. Hay un peso, una mochila cargada de rencor, de resentimiento acumulado durante estos años, por las experiencias, que nos lleva a reprimirnos, a ocultarnos e incluso a comportarnos de una determinada forma agresiva, a la defensiva o esquivando al otro, por temor a vivir lo mismo.

Esa mochila llena de recuerdos y de dolor, nos desgasta, nos drena la energía y las ganas de vivir. Cada momento volvemos a rememorar aquella experiencia, conversación o situación que nos conduce al abismo. Sin darnos cuenta alejamos a las personas de nuestro entorno, las catalogamos como iguales al resto, y nos ponemos en modo defensa o ataque, sin ser conscientes que el otro no es nuestro enemigo.

Cada célula de nuestro cuerpo reacciona a nuestros pensamientos, si estos son de negatividad, decepción o rencor, nos llenaremos de energía densa, desequilibrada y nos sumergimos en la oscuridad, encarcelándonos en la prisión mental de la amargura, el desespero y el desaliento.

En nuestras manos está la decisión, las riendas de nuestra vida, elegir cogerlas y hacernos cargo de nuestra vida, es nuestro privilegio, es una oportunidad de liberación. Dejando de culpar al otro por cómo me siento y hacerme responsable de mi dolor, frustración o decepción.

El perdón nos hace libres, nos desenreda la maraña de la mente, soltando a las personas, experiencias o situaciones a las que nos hemos estado aferrando, para tener a quién culpar por cómo nos sentimos o por cómo es nuestra vida. Hemos de ser conscientes de este patrón mental, para responsabilizarnos de nosotros mismos.

Al permitir perdonar al otro, me estoy permitiendo perdonarme a mí mismo. Por no saber hacerlo de otra forma, por haber elegido aquella opción o camino, por no haber sido respetuoso conmigo o no amarme como me merezco.

Todo nos conduce al amor hacia nosotros, a nuestro reencuentro. Podemos elegir creer y darnos cuenta que somos libres, saliendo del influjo de la mente, del victimismo o el drama. Decidiendo dejar atrás lo que fue, y darle la bienvenida a este instante de vida, el ahora.

Libérate de la prisión mental, decide tomar las riendas, perdona todo aquello que te pese, tómate tu tiempo. Recuerda que no hay prisa, respeta tu ritmo. Perdónate y ámate, eres un ser maravilloso, digno, lleno de vida y de amor, créelo.

Tu eres tu maestro, cree en ti.

No es necesario hacer para ser. Muchas veces las personas se preguntan que han de hacer, para poder ser ellos mismos, y la respuesta es sencilla, no han de hacer nada extraordinario, sólo ser. Simplemente ser, aceptarse tal y como son. Qué hay que hacer para sentir la espiritualidad, se preguntan mucho, o para sentir la energía, y la respuesta vuelve a ser simple, nada que haga otra persona, ya eres espiritual, y ya eres energía, así que no tienes que andar buscando nada en el exterior, e imitando a los otros, creyendo que tienen tus respuestas. Las respuestas de cada uno, se hayan en su interior, lo que puede hacer el otro es acompañarte en el proceso, el que ha de andarlo eres tu, si así lo deseas, sino, está bien lo que quiera que hagas, siempre que estés en bienestar. Tu eres el responsable de tu bienestar, y no se encuentra detrás de nada o nadie, todo cuanto andas buscando se encuentra en ti. Porqué nos pasamos gran parte del tiempo tras algo ilusorio, creyendo que los demás han encontrado el santo grial, y saben qué hemos de hacer, vemos que se sienten bien con sus vidas, y queremos hallar el secreto, sin darnos cuenta, que la clave ya está en nosotros. Cada uno encuentra su satisfacción de distinta forma, su bienestar se halla en compartir una tarde de juegos con sus hijos, en la lectura de un buen libro, en un paseo por la playa, en la práctica de algún deporte que le apasione, en un encuentro de amigos, en compartir unas risas. Hay un sin fin de situaciones, en las que encontramos nuestro ratito de recarga, en esos momentos, nuestra energía se resetea, y vibramos alto. Muchos lo encuentran en la meditación pasiva, y otros en la activa, al realizar una acción. No es necesario sentarse para conectarse con uno mismo, lo que quiero decir, es que si te sientes bien al realizar cualquier cosa, ahí estás conectando contigo, no es necesario el silencio, que es una maravillosa compañía, y ayuda a conectar, me refiero que para conectar con uno mismo, puedes hacerlo en cualquier lugar, momento y circunstancia, depende de ti. Cree en ti, esa es la clave, ten confianza en tu sabiduría, en tu intuición, y en esa voz que te dice que todo está bien, y eres perfecto. Encuentra lo que te haga sentir bien, esa actividad, o acción, que te estimule y te haga vibrar alto, practícala, si has encontrado algo que te apasiona, hazlo. En tus manos está la fórmula para tu felicidad, no es algo secreto, no está en ningún manual, nadie sabe de qué se trata, sólo tu. Siéntete en bienestar en el día, con el manejo de tus pensamientos, creencias y emociones, permaneciendo en calma, resetea tu energía, recárgate con lo que te haga sentir libre y vivo. El amor que está en ti, te aguarda, al realizar cualquier actividad que te apasiona, este amor se expande inundando, colmando todo tu ser y tu entorno.

Acepta y agradece

Estamos llenos de amor, de luz, de vida. Constantemente nos centramos en lo que creemos que nos falta, que me haría mejor, que al tener ciertas cosas me vean de cierta forma. Anhelando ser de otra manera, física, mental, emocionalmente, queriendo distintas cosas materiales, porque con ello voy a ser diferente. Todo esto sucede porque en algún momento, nos desconectamos. Dejamos de creer en nosotros, no somos capaces de ver ese amor inmenso que aguarda, para que lo aceptes, esa chispa infinita de amor y luz que está en cada uno de nosotros. Cuando llegamos a acoger al amor que está esperando ser reconocido, ahí seremos capaces de entender nuestros procesos, respetando cada fase, cada escalón y reconociendo que todo sucede para conducirnos a nosotros mismos. Observando lo que sucede, desde el amor. Una de las energías que nos aportan y nos conducen a reconocernos, es la energía del agradecimiento. La gratitud es ver lo que hay, lo que ya es, y darnos cuenta que es perfecto. Es estar en el momento presente, aceptando lo que sucede, aceptando quién soy y todo lo maravilloso que hay en mi. Dándonos cuenta, de todo lo que hay en nuestras vidas, familia, amistades, trabajo, etcétera. Sin juicios, sin críticas, viviendo desde el amor. Agradeciendo a Dios, a la Fuente, al Universo, a lo que cada uno crea, todo lo que hay en nuestras vidas. De esta forma vibramos diferente, vivimos más ligeros.