La sabiduría del cuerpo.

El cuerpo nos habla constantemente, cuando nos desviamos de nuestro centro, al dejar de escucharnos y compartir tiempo de calidad con nosotros mismos. Es importante que prestemos atención a los mensajes que trata de decirnos, pretende que seamos conscientes y sepamos dónde mirar.

Si nos faltamos al respeto, si transgredimos nuestros límites sanos, si no nos permitimos descansar, parar y recargarnos. Cuando anteponemos a los demás, cuando hacemos algo con el sentir de obligación, al no ser capaces de decir no, cuando no nos permitimos sentir y aceptar nuestras emociones. Cuando fingimos, al querer encajar, agradar o ser aceptado. Cuando nos desvalorizamos, juzgamos, criticamos o exigimos, queriendo estar controlando nuestra vida al milímetro, buscando la perfección. Y un sin fin de comportamientos que nos alejan cada vez más de nuestro estado de calma, autoamor y paz mental.

Cada sintomatología está asociada a una emoción o un estado de negación de uno mismo. Nuestro cuerpo es sabio y maravilloso, nos habla en todo momento desde el amor, hemos de entender que si no lo escuchamos el mensaje será cada vez más contundente.

Trata de estar consciente de tu cuerpo físico, él se comunica contigo, te advierte cuando te distancias de ti mismo y dejas de cuidar de ti, cuando dejas de ser auténtico.

Procura estar presente, darle las gracias por cada mensaje, por no ser capaz de comprender en este momento qué quiere decirte, simplemente atiéndete, abrázate y vuelve a prestarte atención. No consiste en indagar continuamente qué síntoma presento, qué significado tiene, se trata de ser consciente que me he desconectado y mi cuerpo me lo está comunicando, desde el amor que me profeso, tomo la responsabilidad y me hago cargo de mí. Procurándome lo que necesito, tratándome con respeto y agradeciendo a mi sabio cuerpo su labor, su amor y su guía.

Dando la bienvenida al auténtico YO

En determinados momentos se hace necesario un periodo de desconexión, de tomar distancia o un respiro. Desconectar del ruido, de las opiniones, de las largas charlas, de lo establecido, del hacer y hacer, de lo programado o planeado. En fin, reconectar con uno mismo, en el silencio, en la necesaria soledad y en el amparo del abrazo del amor hacia sí mismo para respetar el sentir.

Atravesamos una temporada de grandes movimientos de energía, que nos impulsan a soltar, desechar y deshacernos del antiguos paradigmas, creencias o dogmas, para quitar las capas tras las que nos ocultamos y renacer como un yo genuino. La autenticidad cada vez se hace más necesaria, el universo, la vida nos empuja a descubrirnos y mostrarnos tal cual, sin adornos, ni parafernalias, simplemente yo.

Para ello es necesario ser honesto con uno mismo y darse cuenta de qué aspectos son los que en este momento nos limitan, nos pesan o ya no son beneficiosos. Tomar las riendas de nuestra vida y elegir por uno mismo, sin esperar a que la vida nos de la sacudida, despedirnos de aquello que no nos funciona. Esas formas de pensar que tanto nos desgastan, por ejemplo, de actitudes que tomamos en determinadas circunstancias para sobrevivir, dejándonos llevar por los impulsos primarios. Ya eso no resuena con nuestro más profundo sentir, que nos está pidiendo paz interior.

Tómense un descanso, un reseteo del agotador movimiento diario, permítanse sentir, respetarse, conectando con aquello que es necesario decir gracias y adiós. Eviten dejarse seducir por la mente para tirar la toalla y continuar con lo anterior, con lo pesado. Anímense, respiren, mímense, conecten con la alegría de vivir, aceptando el proceso, lo que están viviendo en este preciso instante y desechen de una vez el juicio hacia ustedes, no nos vale ya. Recuerden que no hay tiempo, ni un ritmo establecido, cada uno marca su ritmo, sus tiempos y su espacio.

A veces sólo necesitamos un apoyo, un respiro, para continuar

Nos creemos con derecho a opinar sobre la vida de los demás, como si cada uno de nosotros no hubiésemos atravesado ciertos caminos cargados de bifurcaciones, desvíos o señales ilegibles. Todos nos sentimos perdidos en un momento u otro. Hemos de dejar de juzgar o hablar sin conocimiento, acerca de la vida de los demás. Cuando estamos en medio del camino, sin sentido, rumbo o claridad, de nada nos sirve que nos digan lo mal que lo hemos hecho, la mala o errónea elección tomada, o si nos ven con potencial, fuerza o capacidad para salir, continuar o quedarnos simplemente.

La consciencia es extremadamente importante y crucial en nuestras vidas. Cada vez que juzgamos a alguien, estamos diciendo más acerca de nosotros que de esa persona. Estamos hablando de nuestras inseguridades, de partes que no aceptamos de nosotros mismos o de ciertos aspectos que no vemos, negamos o reprochamos en nuestro interior.

La asertividad o la empatía son dos cualidades que nos acompañan para evitar hacer o decir determinadas cosas que dañen al otro. Hemos de ponernos en la piel del de al lado, y hacerles ver que no están solos, que es normal que se sientan de esa forma y que todo en esta vida pasa por y para algo, que no hay errores, son aprendizajes de vida, que cada uno vive ciertas situaciones para conducirles a su despertar, al reencuentro consigo mismo. Que no está mal querer parar, sentirse inseguro, abatido o cansado. Sólo nos indica que necesitamos una pausa, un descanso, prestar atención a nuestra alarma interna y respirar, para poder orientarnos de nuevo y ver las cosas desde otra perspectiva.