TOMAR CONSCIENCIA ME LIBERA

Porqué sentirnos atrapados en una situación en la que sabemos que no queremos estar. En un recuerdo, una foto, una canción, en esa interminable espiral de melancolía y necesidad, que nos quiebra y desgasta. Es crucial que nos demos cuenta que este tipo de estados, no son saludables, que nos restan paz y nos desequilibran. Hemos de saber de qué se trata, mirándolo de frente, sin agobio, miedo o ira, simplemente con comprensión. Es mirar de frente a esa parte de mí, que se siente aferrada a dicha situación, relación, proceso o época.

El apego es un estado de creernos con la necesidad de estar de nuevo en aquella circunstancia o relación. Tendemos a huir u ocultar que estamos apegados a alguien o a algo, negando ese sentimiento o proceso, sufriendo en silencio o a gritos, por la creencia que alberga mi mente, que me encarcela, de que no puedo estar o vivir sin aquello de lo que me creo dependiente.

Cuando sentimos que nuestro mundo se desborda, si esa persona no está en mi vida, si las cosas no están sucediendo como eran antes, etcétera, cada vez mi energía disminuye y mi mente reacciona haciéndome creer que no soy digno, capaz, válido, querido o suficiente. Hemos de ser conscientes de este patrón de pensamiento, de esas creencias que nos abruman, quiebran o hieren. Hay muchas creencias que albergamos que nos restan bienestar, es nuestra elección trabajar en ellas para vivir en paz.

Trabajando desde el respeto hacia nosotros, con amor, comprensión y amabilidad, siendo conscientes que una parte de nuestro personaje en esta realidad, se siente atrapado y anclado en ese estado. Podemos dejar de sentirnos bloqueados y en sufrimiento, encargándonos de este dolor, abrazando a esa parte nuestra, dejando de recriminarle cómo me siento, de entrar en lucha conmigo mismo y liberándome de estas ataduras autoimpuestas.

Atenderme, escucharme, abrazarme, arroparme, respetarme y apoyarme, dándome mi tiempo, es el resultado de una sana relación conmigo mismo, y es lo que me conduce a la liberación de dichos patrones mentales que me agotan. Es decir, la clave está en trabajar en la relación que tengo conmigo mismo. El amor hacia mí, me salva, me sana, me cura y me libera.

Dolor del pasado, ya es hora del adiós

Estamos llenos de dolor del pasado, nos impide en ocasiones avanzar, y no sabemos cómo actuar ante ello, nos asustamos y lo ocultamos. No les parece que es una mochila demasiado pesada, que ya está bien, que es momento de decir hasta aquí, ya no más. No se trata de ver de quién o qué, o de culpar, y seguir cargando con esa rabia, rencor o ira, que nos hace desfallecer. Esos sentimientos tan pesados, que nos bajan la vibración, no los sostiene la otra persona, los llevamos nosotros, como un tatuaje al que miramos de vez en cuando, para que nos recuerde el dolor que tuvimos y que aún persiste, para seguir siendo víctima y quejarnos del comportamiento del otro o de las circunstancias. Deshazte de ese peso, sólo lo llevas tú, y es hora de que te cuides, de que quieras ser libre. El perdón nos libera, el amor hacia nosotros nos sana. Esa es la gran solución, el gran misterio y la pócima mágica, «Nuestro amor es la cura». Ámate tal como eres, con tus luces y tus sombras, esas partes de ti que te has esmerado por ocultar, incluso a ti mismo, acéptalas, ámalas, integra toda tu sombra, y dale luz a esos espacios. De esta forma te das la oportunidad de vivir libre, libre del dolor acumulado, del rencor, sanar las heridas y dar carpetazo a esos ciclos, desde el amor, decir gracias y cierro porque ya toca.