Practica la buena vibra de la gratitud.

En serio os digo que cuando uno decide vibrar en gratitud, las cosas cambian. Comenzando por uno mismo, empiezas a darte cuanta de todo lo que hay en tu vida, de lo que eres capaz, de tus aptitudes de empuje, impulso y capacidades, de muchas cosas más que no voy a abrumarles nombrando. Lo que sí les digo, es que merece la vida que lo intenten. Te haces consciente de dónde estás y hacia dónde quieres ir, dejando las quejas a un lado, y no me refiero a un lugar físico, sino a un estado de pensamiento, forma de ver la vida y de actuar. Te decides por escoger la forma saludable, ligera y sencilla de ver y de hacer las cosas, de verte a ti mismo, sin tantos obstáculos o menosprecios. Cuando te subes al tren de la gratitud por todo, eres consciente de tu estado de ánimo, de tu vibración y de cómo interactúas con tu entorno, y ya no quieres bajar. Es una energía que crea adicción, porque estás presente, viviendo este instante, siendo consciente de lo que sí hay en tu vida, dejando, desechando la queja o la forma de enfocarte en lo que no. Agradeces un nuevo día, una comida, saboreando cada bocado, las personas que forman parte de tu tribu o manada, a las que sabes que puedes contar cualquier cosa, sin que sientas que van a juzgarte, eso es una gran bendición. Comienzas a vivir el día, sin mañanas, sólo hoy, enfocándote en dejar lo mejor de ti. Apreciando que las vivencias son para aprender y ser conscientes de uno mismo, entendiendo que cada cosa que llegue a nuestra vida, es porque ha de ser, recibiéndola en calma, y si te pierdes por unos instantes, vuelves a tu centro sin reproches, sólo con amor.

Te invito a que comiences a decir «Gracias, gracias, gracias» y observes los efectos en tu vida.

Tu felicidad y tu bienestar dependen de ti.

Date el permiso de vivir en paz. Me refiero a que desistas de las apariencias, de las máscaras, de los juicios, críticas, y autoexigencias para llegar a, o conseguir aquello que creemos que nos llenará de felicidad. La felicidad o el bienestar, no depende de nada externo a nosotros, está en uno mismo. En la forma de ver las cosas, lo que acontece, en la manera de gestionar nuestras emociones, en el modo de actuar ante la vida. Las emociones son, los pensamientos están, no depende nuestro día de ellos, sino de cómo los manejamos. De cómo decido ser responsable de mi vida, sin ver enemigos fuera, ni culpables de lo que me suceda. Tomando las riendas, decidiendo estar en calma ante lo que quiera que pase. Depende de ti, de nosotros, de cada uno, ser conscientes de que todo es un reflejo nuestro, para ver en qué hemos de trabajar o de darle luz, en nuestro interior. Y elegir vivir el día, la vida, desde nuestro centro, desde la calma, la confianza de que lo que sucede es por y para nuestro bien, lecciones de vida, para decidir trascender y transformar nuestra forma de actuar, de reaccionar, y de ver el mundo. Cuando elegimos aprender cómo manejar las emociones y los pensamientos, dejando que sean, que pasen por nosotros, sin creernos parte de ellos, sin que nos afecten, si hoy me siento triste, o apático, puedo convivir con mis emociones, sin sentirme prisionero de ellas, podemos permanecer en calma mientras el día transcurre, observando nuestros estados mentales, y emocionales, sin hacernos partícipes de ellos. Podemos vivir, dejando de sobrevivir, saboreando cada instante, sin sentirnos prisioneros por cómo nos sentimos. Vive.