Acepta el ahora como ES.

Cuando empleamos la afirmación positiva «Todo está bien» o «Todo está bien en mi vida», hemos de entender que nos referimos al hecho de aceptar lo que está aconteciendo ahora, de ser capaces de ver lo que sucede y fluir con ello, sin resistencias.

Podemos caer en la trampa de la mente, de esperar que las cosas cambien y mejore la situación, utilizando la misma afirmación para autoengañarnos, no siendo conscientes o no queriendo ver lo que está pasando en este preciso momento, albergando esperanzas de un lugar mejor que este.

Lo que está ocurriendo ES, y se trata de aceptarlo, ahí está la clave de todo, la aceptación nos libera del laberinto interminable de la mente, que nos hace buscar en el futuro, creando ansiedad por lo que vendrá y generando expectativas de una vida mejor. La solución está delante de nosotros, el momento presente, entendiendo que lo que puedo cambiar, dónde puedo hacer algo es en mi actitud, en cómo me tomo las cosas.

Por lo tanto, cuando expresamos la afirmación «Todo está bien en mi vida», estamos diciendo que todo es perfecto como ha de ser, que lo que sucede es para un bien mayor, incluso si no lo entiendo o no lo he programado de esta forma. Nos ayuda a entender que hemos de soltar el control y confiar en la vida, en nosotros mismos, en nuestra capacidad de fluir con ello, desde la paz, la calma y el autoamor.

El camino lo tomamos al instante o ya está marcado?

Hay una serie en Netflix, que está muy interesante, no comparto el título porque no pretendo hacer spoiler. Uno de sus temas, nos refleja que lo que nos sucede en determinados momentos, tiene que ver con lo que les ocurrió a nuestros ancestros. Que nuestra enfermedad está relacionada con lo que ellos vivieron o eligieron.

Sabemos que existen múltiples terapias para procurarnos la consciencia, acerca de nosotros mismos, trabajar en ello y poder recuperar nuestro balance, nuestra salud. Una de estas herramientas son las «Constelaciones familiares», «El Transgeneracional», «La Biodescodificación», etcétera.

Comparto esta reflexión con la intención de hacer que se pregunten, que reflexionen y mediten sobre esto. Cada terapia antes mencionada, trabaja con nuestro pasado, el pasado de nuestro árbol familiar, por ejemplo en la serie, resuelven ciertas situaciones, averiguando lo sucedido antaño. Hace que me pregunte, si en verdad tiene toda la responsabilidad de nuestro presente.

Desde mi punto de vista, que con ello no quiero decir que no esté de acuerdo con dichas terapias, sólo me hace preguntar o reflexionar acerca de ello, si lo que está sucediendo ahora, no tiene que ver conmigo, yo no lo manifiesto, no tengo el manejo de mi realidad, de mis decisiones o de mi vida, entonces vivimos creyendo que somos nosotros quienes decidimos y en verdad el camino ya está marcado.

En mi humilde opinión, no podemos atribuir toda la responsabilidad de lo que nos sucede en este momento, a lo acontecido hace años a nuestros ancestros. Dónde está nuestra responsabilidad entonces. Cada uno de nosotros es responsable de su equilibrio, salud o bienestar. No digo que lo sucedido en nuestro árbol genealógico, no tenga alguna influencia en nosotros, lo que hemos de ser conscientes que no todo es causa de ello.

Que nosotros somos los que elegimos, los que actuamos, reaccionamos, pensamos y por consiguiente, manifestamos nuestra realidad.

Momento de trascender

Atravesamos una época de cambios, desenredos, trascendencia y evolución. Llevamos un tiempo de esta forma, revueltos, sin filtro y soltando, aunque con cierta resistencia, todas las creencias que nos desequilibran.

La vida, el universo, nos ha ido mostrando, a través de lo vivido, lo que hemos de desechar, abandonar, limpiar o despedirnos, porque ya no nos es útil. Con profunda gratitud hacia estos patrones de supervivencia, que nos han conducido a este momento.

Ahora, en este instante, conscientes de quiénes somos, de lo que queremos y ya no en nuestras vidas, eligiendo la paz, la claridad y vivir despiertos, llega el momento de dar el siguiente paso y transcender dichos comportamientos, creencias, conductas que nos anclan o limitan, en una densidad que ya nos resulta incómoda.

Llega la hora de ser conscientes de nuestras elecciones, de andar a cada paso presentes, saboreando la vida, responsabilizándonos de nuestro sentir, abrazando nuestras emociones. Siendo un espectador consciente que transita el camino de la vida con plena confianza en el universo y en sí mismo.

Momento de aprender a discernir, siendo coherentes

La idea de despertar para ver las cosas desde otra perspectiva, siendo conscientes de quiénes somos, de nuestro potencial, de nuestra luz, unión y expansión, se hace cada vez más tangible. Siendo posible gracias a nuestro trabajo y entrega, a decidir querer hacer las cosas de otra forma, soltando la lucha, la comparación, la exigencia y la crítica. Alegrándonos por los triunfos y avances del otro. Recuerda que si tú avanzas le recuerdas al otro cómo hacerlo y si es el otro es el que emprende el vuelo, te está diciendo a ti, «Oye, tú puedes, recuérdalo».

Hemos de desechar de una vez la necesidad de grandiosidad y de adelantar al de al lado, para demostrar que puedo, que valgo y que soy mejor. Esto ya no nos vale, nos aleja de nuestra meta, que es estar en paz, conmigo y con las personas de mi alrededor. Sintiendo esa unión, trabajando juntos por lo mismo, aunque cada uno esté en una punta del mundo y no sepamos el uno del otro, se trata de permanecer elevados, eligiendo cada día, en cada momento estar aquí y ahora, presentes, en amor hacia nosotros mismos y los demás.

Esto me lleva a la frase, o tendencia del «Guerrero de luz», en serio, trabajamos para estar y permanecer en paz, para salir y manejar la oscuridad y volvemos a separarnos, considerándonos mejores, en lucha, como si fuera necesario luchar para defender la luz, la estabilidad, etcétera. Esa lucha contra quién es, contra la oscuridad, y ella dónde se halla, en nosotros. Entonces volvemos al conflicto con uno mismo, a querer que desaparezca sin mirarlo de frente y abrazar mi oscuridad, como si mi sombra fuera lo malo o incorrecto.

Recuerda que sin oscuridad no hay luz, y viceversa, son un todo. Sin bueno o malo, según cómo lo veamos. Se trata de emprender el camino hacia ti, descubrir todo cuanto hace que seas este personaje y lo aceptes, sin juicios. Abrazando nuestra sombra, de esta forma podemos integrarla, dejando de verla como algo separado o erróneo, está y me recuerda dónde mirar en mí, para amarme por completo.

Hemos de respetar los puntos de vista de los otros, y la forma en que ven las cosas, sabiendo discernir y filtrar la información que nos llega, dejándonos sentir y llevar por nuestro maestro interno. Es decir, si algo no te resuena, no te cuadra, fíltralo, sé consciente de lo que eliges, de dónde estás y del para qué estás trabajando.

Lo que importa es cómo te hace sentir lo que haces, si estás en busca de la paz, sé paz, sé amor, no busques fuera, en gurús, libros, charlas y demás lo que llevas dentro. Está bien para hacerte recordar, o reiterarte en tu verdad, evita fingir, seguir o imitar, sé auténtico, sé tú.

Practica la buena vibra de la gratitud.

En serio os digo que cuando uno decide vibrar en gratitud, las cosas cambian. Comenzando por uno mismo, empiezas a darte cuanta de todo lo que hay en tu vida, de lo que eres capaz, de tus aptitudes de empuje, impulso y capacidades, de muchas cosas más que no voy a abrumarles nombrando. Lo que sí les digo, es que merece la vida que lo intenten. Te haces consciente de dónde estás y hacia dónde quieres ir, dejando las quejas a un lado, y no me refiero a un lugar físico, sino a un estado de pensamiento, forma de ver la vida y de actuar. Te decides por escoger la forma saludable, ligera y sencilla de ver y de hacer las cosas, de verte a ti mismo, sin tantos obstáculos o menosprecios. Cuando te subes al tren de la gratitud por todo, eres consciente de tu estado de ánimo, de tu vibración y de cómo interactúas con tu entorno, y ya no quieres bajar. Es una energía que crea adicción, porque estás presente, viviendo este instante, siendo consciente de lo que sí hay en tu vida, dejando, desechando la queja o la forma de enfocarte en lo que no. Agradeces un nuevo día, una comida, saboreando cada bocado, las personas que forman parte de tu tribu o manada, a las que sabes que puedes contar cualquier cosa, sin que sientas que van a juzgarte, eso es una gran bendición. Comienzas a vivir el día, sin mañanas, sólo hoy, enfocándote en dejar lo mejor de ti. Apreciando que las vivencias son para aprender y ser conscientes de uno mismo, entendiendo que cada cosa que llegue a nuestra vida, es porque ha de ser, recibiéndola en calma, y si te pierdes por unos instantes, vuelves a tu centro sin reproches, sólo con amor.

Te invito a que comiences a decir «Gracias, gracias, gracias» y observes los efectos en tu vida.

Disfruta del camino de la vida, suelta el control y vuela.

Hemos de deshacernos de todo aquello que nos impida estar en bienestar. Que nos haga creer que al llegar a la meta propuesta, estaremos mejor, hallaremos la solución, y darnos cuenta que querremos otro objetivo para sentirnos realizados. Hay una frase que define muy bien esto, y es que lo importante no es la meta, sino el camino. Y es totalmente cierta, nos enfocamos en finalizar, en llegar al lugar donde nos hemos propuesto, como si fuera algo urgente, vital, sin darnos cuenta que la vida sucede mientras vamos. Nos perdemos lo que ocurre en el camino, porque nos obsesionamos con llegar, quejándonos de nosotros mismos, del entorno, de los medios, etcétera. Mira todo cuanto hay en tu vida, el amor que eres y el que te rodea, agradece, seamos agradecidos. Cada vez que te enfocas en las cosas por las que estar agradecido, te percatas de muchas otras por las que estarlo, es ser conscientes de la abundancia que hay en nuestras vidas. Se trata de sentirte pleno, en paz, con lo que hay ahora, contigo mismo, amándote, aceptando cada parte de ti, abandonando las críticas y juicios, premiándote y alentándote, con nuestro entorno, a las personas que forman parte de él, hacerles ver que los valoras, que los aceptas y amas tal y como son. Ser conscientes de la naturaleza, ver lo afortunados que somos al poder ser testigos de la magia que hay en ella. En definitiva, vivir en el ahora, desde el amor. Sacúdete de los restos de creencias y patrones mentales que te limitan, no es necesario saber desde cuándo están en tu vida, o porqué, lo que es importante es que los observes, seas consciente de ellos, y decidas elegir amor, en lugar de miedo, centrándote en vivir ligero, sin expectativas, apegos, juicios, quedándote con lo bueno de cada situación. Suelta, y vuela.