Trabaja contigo.

Brilla, brilla, brilla. Si no estás a gusto con lo que vives, sé honesto contigo mismo, analiza el escenario y al protagonista, es decir, a ti. Observa tu forma de ver y filtrar las cosas, la situación, tu manera de actuar ante ella, que te lleva a sentirte de esta forma.

Si sientes que estás anclado, paralizado o inmóvil, observa qué es lo que está causando este estado. Recuerda que no es nada externo lo que me bloquea, son mis pensamientos, creencias y comportamientos, los que me desestabilizan.

Si estás atravesando una etapa emocional intensa, te sientes sumergido en un torbellino sin escapatoria, ve a tu encuentro. Acepta la situación, deja de luchar con ella y contigo mismo, abraza a esa parte de ti que se siente de esa forma y hazle entender que no está solo o sola, que tú, el adulto responsable que eres ahora, está a su lado, que lo proteges, lo amas y lo acompañas en este proceso.

Háblate con amor y respeto, es momento de desechar las exigencias, críticas, dudas y juicios hacia uno mismo y el otro, nos conduce al abismo, al desgaste y al desamor. Ámate y acepta cada parte de ti plenamente. El amor nos libera, nos eleva, nos transforma y nos sana.

Trabaja en ti, contigo para ver lo que acontece desde una perspectiva comprensiva, compasiva y amorosa, hacia ti y las personas de tu entorno. Aprende a gestionar tus pensamientos, tendiendo al optimismo, quedándote con lo bueno de cada situación. Con las emociones, evita sentirte una víctima, responsabilízate de tu sentir, acepta la emoción, deja que sea, libérala. Recuerda no eres tu emoción. Tal como viene, se va, si la dejas ser.

Encuentra tu estado de paz, de calma ante cada situación, puedes hacerlo. Depende de tu elección y del trabajo diario en permanecer consciente, en el momento presente.

Cada día tu decides cómo ver lo que acontece, elige bienestar.

En nuestro día a día, nos encontramos con muchas pruebas, retos o lecciones, como quieran llamarlo, en las que nos probamos a nosotros mismos, reiterando la verdad que somos, y cómo queremos vivir lo que acontece. Recuerda que se trata de una demostración para cada uno de nosotros, en la que nos señala, nos muestra, dónde hemos de mirar, o la herida que creíamos sanada. Todo nos lleva a nuestro interior, a que soltemos con todo aquello que llevamos tiempo cargando, con dolores del pasado, rencores, frustraciones o desilusiones. Para que seamos conscientes de que está ahí, que lo veamos y darle luz, cuando iluminas, aireas, y limpias una herida, se sana, sin necesidad de enfocarte en ella e ir al pasado para saber porqué, quien lo haga perfecto. Es reconocer que está, sin ponerle adornos, ocultarla o ignorarla, cuando se hace consciente, comienza el proceso de sanación. Llamando herida o rincón, a todo dolor, conducta, recuerdo doloroso, patrón de pensamiento, todo con lo que llevas largo tiempo en la mochila, sin querer ver, o prestarle atención. Es momento de mirar de frente a esa parte de nosotros, que decide ocultar o esconder todo lo que le duele, y abrazarla, sin reproches, sin juicios, desde el amor.

Ama todas la partes de ti, a tu mente, aunque en ocasiones no consigas calmarla, ámala, acepta que es, desde ahí podrás transformar tu concepto de ella, y verla como aliada y no como enemiga. Entendiendo que te muestra una realidad, basada en el flujo continuo de pensamientos, cuando comprendemos que manifestamos aquello en lo que estamos constantemente enfocados, podemos decidir cambiar nuestra forma de ver la mente, y de pensar, enfocándonos en pensamientos positivos, productivos y que nos impulsen.

Se tu aliado, anímate, acoge a tu sombra, alumbra cada parte de ti que esté a oscuras, acepta quién eres y dónde te encuentras, se tu mejor versión, permaneciendo en calma, trabajando en tu bienestar. Ámate, cree en ti y en que todo lleva un mensaje para tu reconocimiento.