En modo On.

Hay muchas formas de definir o interpretar nuestro cometido, nuestro propósito común. En una meditación en grupo, hace poco, en esa incesante proyección de imágenes que surgen en ese estado, una de ellas se me quedó especialmente grabada, y hace eco en mi mente, de ello, aquí este escrito o esta reflexión. Visualicé una torre eléctrica, una de tantas imágenes, y un árbol en llamas de luz .

Sin querer darles un sentido, apareció por sí solo, hay una red de luz que nos conecta a todos, como las raices de los árboles, ellos se conectan mediante esa red, se nutren, sustentan al que lo necesita en ese momento.

Y si con nosotros pudiera ser igual, si lo fuera. Una red de cables eléctricos, de una torre a otra, proporcionándonos luz, energía, amor, confianza, apoyo, sustento, y si fuera Dios? Él es quien nos une, es el pegamento, es el tejedor y la malla que nos vincula.

Hay un nexo invisible, imperceptible que nos conecta unos a otros, nos respaldamos, inconscientemente. Me genera una duda, podemos darle al off y cerrar nuestra conexión, es por ello que nos desvinculamos del dolor del otro, o es un espejismo más, y no podemos desquitarnos de este cometido, ya que la torre de luz sigue siendo una torre que proporciona energía.

Somos una red de Amor.

La amabilidad es una característica innata en nosotros, a medida que nos dejamos influenciar por el ego, la soberbia y la desconfianza, dejamos de ser humanos con las personas con las que interactuamos en el día a día.

Les voy a contar una cosa, en estos días, una amiga tuvo un accidente de tráfico, está bien para lo que pudo haber sido, gracias al Universo. Ella me contaba que en todo momento estuvo arropada, acompañada y protegida por personas desconocidas, que pasaban por ahí en ese instante. Porqué nos sorprende tanto que actuemos de esa forma, no ha de ser la normalidad.

De eso se trata ser una comunidad, no creen, de acompañarnos, apoyarnos, impulsarnos y motivarnos, incluso. Sin que haya competitividad, envidia o desaprobación del otro. Les cuento el relato de mi amiga, que se siente tan agradecida a dichas personas, porque no nos paramos a pensar en determinadas situaciones cómo se puede sentir la otra persona. Si se siente sola, desamparada, asustada, perdida, etcétera.

Hemos de darnos cuenta, que todos pasamos por distintos procesos en nuestra vida, que compartimos con los demás, que en esa situación, nos hubiera sentado de maravilla, una palabra de aliento, un hombro en el apoyarnos o simplemente una compañía en silencio, sabiendo que no estás solo.

Dejemos de decir, leer y darle fuerza a esas frases como por ejemplo, «La humanidad se ha perdido», «No hay empatía» y un largo etcétera, entendamos que si le damos valor y vemos eso como una verdad, así será. Cambiemos el rumbo de las mentes, emprendamos el cambio de paradigma, cada uno en su mundo. Seamos amor, comprensivos, tiernos, amables, empáticos y humanos con todo en general.

Es hora de ser conscientes que SOMOS UNO, y esto no es un eslogan de la nueva era, o algo que dices para quedar bien, como alguien abierto mentalmente o a en la onda. Es darnos cuenta que somos una red, unidos los unos con los otros, que lo que hagas, te lo estás haciendo a ti mismo. Que es momento de integrar esta verdad y ser consecuentes con ella.

Extendamos el mensaje, cambiemos nuestro mundo, nuestra mente, actuemos con amor, seamos Faro de Luz, para mostrar al otro cómo hacerlo. Evitando el desánimo porque el otro no lo entiende, no lo hace o no quiere cambiar, dejemos las expectativas, hagámoslo como regalo al Universo y a nosotros mismos, porque así es.