Salud óptima, equilibrio en nuestra vida

En nuestras manos está la solución a nuestros pesares. Esta frase puede resultar insólita, utópica o para muchos difícil de asimilar o realizar. Somos nosotros quienes decidimos trabajar para estar en salud, ya sea física, mental y emocional. Llevar una dieta adecuada, fresca y ligera, seguimos refiriéndonos al cuerpo físico, mental y emocional.

Para una óptima salud física es necesario tomar consciencia, llevar un nivel bajo de estrés, dormir las horas necesarias para un buen descanso, tomar alimentos frescos de forma equilibrada, beber abundante agua y realizar una actividad que nos ayude a crear un balance en nuestra vida. Si dicha actividad nos llena de gozo, mejor que mejor, porque juega un papel importante en el resto de áreas de nuestra vida.

Para generar una buena salud mental es necesario estar en calma, que haya paz en nuestra mente. Organizando las tareas, lo que quede pendiente, las citas, los proyectos, darles una estructura, un orden. De esta forma nuestra mente se siente en calma, ya no ha de estar dando vueltas una y otra vez, repitiendo lo mismo, para que lo recordemos. Es necesario realizar una actividad al aire libre, conectando con la naturaleza, de esta forma la mente se oxigena. Escribe un diario, ya sea para desahogarte de lo sucedido en el día o para anotar tus pensamientos. Procura ser consciente de tus pensamientos, de esta manera puedes inclinar la balanza hacia los pensamientos positivos, alentadores, comprensivos, que te impulsen a estar en paz contigo, hablándote con amor, sin exigencias, críticas, desde el amor y el respeto hacia uno mismo.

Nuestras emociones necesitan libertad, para estar en salud hemos de procurar no identificarnos con ellas. Las emociones son cíclicas, vienen y van, tienen su ritmo. Hemos de aprender a escucharnos, a respetar nuestro sentir, a reconocer cómo nos sentimos y dejar que sea. Si en el día nos sentimos de una forma o de otra, se trata de estar en paz ante ello, ante cómo me siento y evitar que la emoción me influya en el transcurso del día. ¿Cómo? Aceptando, este es el primer paso. Acepto que hoy me siento de esta forma, dejo de luchar conmigo o juzgarme por sentirme así. Procuro mantener mis límites sanos, decir «no» si lo considero necesario, despidiéndome de la culpa, tomarme mi descanso o desconexión, respetando en todo momento mi estado. Respiro, realizo aquella actividad que me conecte con mi parte más elevada, que me llene de gozo y satisfacción. Cuido de mí, me abrazo, me arropo y me digo que todo está bien.

Cuidar de nosotros mismos es la forma más efectiva de restablecer nuestra salud. Llevando un equilibrio entre nuestra mente, cuerpo y emociones. Otro aspecto fundamental es conectarnos a nuestra parte espiritual, a nuestra esencia. Para muchos esto estará en otro idioma, quien lo sienta y se identifique que lo medite. Nuestra parte espiritual o divina, ESTÁ y ES, es lo que SOMOS. Luz y amor, conectados con el Todo y con Todo. Permitirnos estar en conexión con nuestra esencia nos permite vivir de forma consciente cada día, cada situación, saliendo de la espiral del sueño, pudiendo gestionar nuestro sentir, dejando de identificarnos con la víctima y ver el aprendizaje o mensaje que hay detrás. Y si no lo vemos en ese momento, tenemos la certeza que se nos revelará cuando sea preciso. Confiando en la vida y en nosotros mismos. Vibrando en amor.

Escucha tu voz

Es importante establecer una conexión con nosotros mismos. Sé que ahora es una frase o expresión muy utilizada, lo cierto es que en verdad importa y es vital para nuestro bienestar. La escucha de nuestra voz interna, nos lleva a comprender nuestros procesos, a respetar nuestro ritmo y dejar de reprocharnos, comenzando por entablar una relación armónica con uno mismo.

Tómate tu tiempo, tu descanso o desconexión del ruido externo y de tu mente. Pasea, escucha música, ve a nadar, medita, siéntate en silencio a contemplar tu entorno y simplemente respira. Enfócate en tu respiración y verás como logras cruzar la puerta y salir de la agotadora espiral de la mente.

Cada individuo sabe qué le conviene, le agrada o le genera satisfacción o gozo. Hagamos aquello que nos eleve la vibra y nos llene de buen rollo. Porque estando en ese estado somos capaces de ver las cosas de otra forma, desde un punto de vista más ligero, sin tanta necesidad de control.

Cuando estamos realizando esa actividad que nos procura bienestar, podemos escuchar nuestra vocecilla que nos susurra, comenzando nuestro ritual de comunicación interna. Podemos hacer de esto un hábito, un hábito saludable de vida. Tomándome un ratito al día para estar conmigo, de esta forma me siento ligero, conectado y en equilibrio.

Al crear una relación de complicidad conmigo mismo, puedo afrontar los retos que se presenten en el día desde una perspectiva diferente, sin tanto drama, siendo consciente cuando estoy en bucle, pudiendo retomar la ruta hacia el balance y bienestar.

A veces sólo necesitamos un apoyo, un respiro, para continuar

Nos creemos con derecho a opinar sobre la vida de los demás, como si cada uno de nosotros no hubiésemos atravesado ciertos caminos cargados de bifurcaciones, desvíos o señales ilegibles. Todos nos sentimos perdidos en un momento u otro. Hemos de dejar de juzgar o hablar sin conocimiento, acerca de la vida de los demás. Cuando estamos en medio del camino, sin sentido, rumbo o claridad, de nada nos sirve que nos digan lo mal que lo hemos hecho, la mala o errónea elección tomada, o si nos ven con potencial, fuerza o capacidad para salir, continuar o quedarnos simplemente.

La consciencia es extremadamente importante y crucial en nuestras vidas. Cada vez que juzgamos a alguien, estamos diciendo más acerca de nosotros que de esa persona. Estamos hablando de nuestras inseguridades, de partes que no aceptamos de nosotros mismos o de ciertos aspectos que no vemos, negamos o reprochamos en nuestro interior.

La asertividad o la empatía son dos cualidades que nos acompañan para evitar hacer o decir determinadas cosas que dañen al otro. Hemos de ponernos en la piel del de al lado, y hacerles ver que no están solos, que es normal que se sientan de esa forma y que todo en esta vida pasa por y para algo, que no hay errores, son aprendizajes de vida, que cada uno vive ciertas situaciones para conducirles a su despertar, al reencuentro consigo mismo. Que no está mal querer parar, sentirse inseguro, abatido o cansado. Sólo nos indica que necesitamos una pausa, un descanso, prestar atención a nuestra alarma interna y respirar, para poder orientarnos de nuevo y ver las cosas desde otra perspectiva.