Suelta, suelta, suelta, todo aquello que te haga sentir anclado, pesado, en desequilibrio. Recuerda que tu eres el que se siente de este modo, no tiene nada que ver con causas externas a ti, todo ocurre en tu interior. Cada situación que experimentamos, es debida a una creencia, pensamiento repetitivo, patrón de comportamiento, o algo por resolver en nosotros. No se trata de algo de grandes magnitudes, son esas partes que no has querido ver, escuchar, y te has esforzado durante años por ocultar, por evitar. Es hora de hacer limpieza, de levantar las alfombras y pasar la aspiradora, de ver lo que hay bajo ellas. Sólo es cuestión de ser conscientes de que existen, hacerlas visibles para ti, todo se trata ti. Cuando somos conscientes de algo, esto se hace visible, se airea, ya sabemos que está, no tratamos de ignorarlo, por lo que no tiene que gritarnos para que seamos conscientes de que está ahí. Cuando una herida se limpia y se airea, tiene la posibilidad de sanarse. No hay que hacer grandes cosas, o regresar al pasado para saber el porqué, quien lo haga y esté en bienestar perfecto, es cuestión de saber que están, abrazarlas, darles su espacio, y por sí solas se sanarán. Se trata de darles luz. Acepta tus limitaciones, tus heridas, tus dolores, hazlos visibles para ti, sin enfocarte en ellos y en lo que te produjeron tiempo atrás, sólo en soltar el peso de cargar con ellos, durante tanto tiempo. Eres libre, vive libre, ligero, no te creas todo lo que la mente te cuenta, y manifiesta. Ve a tu encuentro, a tu centro, halla tu verdad, siente el amor ilimitado que eres y te habita, deja que la vida sea, en consciencia, en bienestar.