Feed del blog

La búsqueda de la armonía.

Muchas veces hemos hablado de la importancia de dejarnos sentir, de respetar las emociones que nos visitan, aquello que sentimos en un momento u otro. Es crucial en nuestro camino, en nuestro trabajo de amor propio, respetar cómo nos hace sentir una situación, o cómo nos sentimos sin más, sin buscar alguna explicación.

Es dejar que la emoción sea, que esa parte de nosotros que se siente de esa forma, sienta que no está sola, que no es juzgada, que es libre y está apoyada. Apoyada por nosotros, por nuestro amor. Abrazarnos y darnos espacio, nuestros tiempos, lo que necesitemos para llevar este proceso de la mejor forma, con respeto por nosotros mismos, sin reclamos, sin reproches, ni críticas.

Es hacernos la pregunta: «¿Qué puedo hacer por ti, para que te sientas mejor?, ¿Qué necesitas de mí? Ahí está la clave, ser conscientes de nuestras necesidades y darnos aquello para reestablecer la armonía, recordando que la armonía o la paz mental no está en que no pase nada, o que en nuestro entorno todo fluya en balance perfecto, se trata de hallar la forma de estar en paz y en armonía ante lo que quiera que suceda.

Y esto se consigue trabajando en uno mismo, en nuetro autoamor, respeto y aceptación. En estar presentes, conscientes de nuestros estados y procesos, de lo que necesitamos, nutriéndonos en amor, siendo responsables de nuestra energía y estado de balance.

Ya sea por los movimientos energéticos, planetarios, emocionales o por las experiencias, hemos de respetar lo que sentimos, lo que necesitamos y ayudarnos a estar en equilibrio ante ello. Dándonos descanso, silencio, paseos, meditar, bailar, conectar con la naturaleza, risas con amigos o a solas, todo aquello que nos proporcione calma y el bálsamo que se requiere para estar en amor con uno mismo, porque de esta forma estamos en amor con el entorno.

Nuevo comienzo ¡Allá voy!

Podemos empezar una y otra vez. Hemos de liberarnos de la creencia de «Es demasiado tarde», «Ya no puedo», «No valgo», «No soy suficiente». La vida está llena de oportunidades, de posibilidades y probabilidades, de causa y efecto, de consecuencias, de caminos, desvíos, en definitiva, de elecciones.

Nuestras decisiones son las que marcan hacia dónde, son las que nos permiten vivir o perecer en vida. Permitamos que la vida sea, que nos atraviese, que nos haga florecer, que nos mueva, que nos haga temblar, de eso se trata, de sentir, de estar VIVOS.

Podemos comenzar de nuevo, donde sea, como sea, como queramos, depende de nosotros, depende de ti, dejar que los miedos nos dominen, nos consuman o saltar , sin más, SALTAR y volver a empezar.

Recuerda que no será de cero, comienzas con tus experiencias, con tu sabiduría, con tus años, sí, con tu edad, a esta edad puedes, lo mereces, los límites están en nuestra mente. Hazle saber, a la mente, que estás dispuesto, que vas a VOLAR, QUE CREES EN TI.

El Amor es el propósito de nuestra Vida.

Llega un momento en nuestra vida, que comenzamos a cuestionarnos todo, nuestra forma de vivir, nuestro entorno, nuestra energía, nuestro trabajo, etcétera. Se despierta algo en nuestro interior, que nos conduce a querer saber más sobre nosotros, de dónde venimos, quiénes somos y para qué estamos aquí.

Las respuestas de cada uno se hallan en nuestro interior, cuando logramos trascender el velo de la mente, bajando el volumen a la voz que nos grita, que nos exige y nos critica, cambiando su registro, en uno de compasión y amor, podemos llegar a escuchar nuestra esencia. Cada uno de nosotros tiene sus respuestas y todas son válidas. Déjate sentir, escuha la voz que te susurra, y en ella encontrarás aquello que buscas. Hermos de dejar de buscar fuera, para pemitirnos conectarnos con nosotros.

En relación a la pregunta «para qué», independientemente de que cada uno tiene sus dones y talentos, todos los seres de este planeta, de este Universo estamos para vibrar, experimentar, saborear, expandir y manifestar el amor. El AMOR en mayúsculas, el que no tiene límites, ni condicionantes, el que es infinito e ilimitado, el que nos conecta con todo y con el TODO.

Desde mi punto de vista, estamos para la expresión misma del Amor aquí en la Tierra. Para Ser amor, irradiar Amor, sentir el Amor y promover el Amor. El Amor de Dios, el Amor que está en cada uno de nosotros, el Amor que está en cada ser, planta, piedra y rincón de este mundo.

Permítete conocerte, aceptarte y expandirte. Deja que tus dones se manifiesten, pon tu talento al servicio del mundo, del Amor. Cuando hablamos de servir, no estamos hablando de cargarnos con el otro, es respetar sus límites sanos y los nuestros, es servir de ejemplo, iluminándonos le mostramos cómo hacerlo, cuando nos amamos, mostramos cómo hacerlo y que ellos también son Amor. En tu día a día, a lo que te dediques, puedes trascender la rigidez y el juicio, expandiendo este mensaje. Sirviendo de ejemplo, irradiando amor a donde quiera que vayas, con quien quiera que te relaciones.

Siendo conscientes de nuestra energía.

Seamos honestos con nosotros mismos, es clave para estar en paz. Nos pasamos la vida queriendo alcanzar ciertas cosas, actuando desde la carencia, desde la necesidad, los apegos y las expectativas, sin ser conscientes de nuestra vibración.

Ya sea estudiando, trabajando, practicando alguna actividad, nos frustramos porque no mejoramos, porque no llegamos a los objetivos, a lo que creemos que hemos de lograr para estar en bienestar.

Nos obsesionamos con lo que nos falta, con lo que nos queda por llegar, con todo aquello que no es o no está en nuestra vida, en vez de centrarnos en lo que sí es, en lo que sí podemos hacer y está a nuestro favor.

Es crucial que seamos conscientes de nuestra frecuencia, desde dónde vibramos, oramos, hablamos con nosotros y los demás, desde qué energía actuamos en el día, afrontando lo que nos sucede.

Cuando nos enfocamos en nuestra energía, al igual que nos duchamos y procuramos una buena higiene física, alimentaria o mental, hemos de facilitarnos una buena higiene energética. Siendo conscientes de nuestra vibración, de lo que requerimos en ese momento para descargar energía densa y llenarnos de energía sutil.

Para elevar nuestra frecuencia podemos recurrir a muchas herramientas, la conexión con la naturaleza, caminar descalzo, conectarnos con el agua en la ducha, nos permite drenar y recargar, Hacer una actividad que nos gusta, escuchar música, bailar, hacer un deporte, nos llena, nos ayuda a sentirnos en bienestar. El estado de bienestar nos da pistas de qué es lo que nos eleva, hacerlo diariamente, no sólo en estados de necesidad máxima, nos permite ver las cosas de otra forma, con ligereza y desde la calma.

Hemos de crear un compromiso con nosotros mismos, siendo constantes, realizando aquello que nos satisface, esto nos procura un estado óptimo de salud en todos los niveles, porque nos aporta paz mental.

Al estar en paz, nuestra energía se eleva, vibrando desde el amor, ya no nos agotaremos porque las cosas no salgan como esperábamos o nos frustremos por no conseguirlo, porque lo veremos como oportunidades de crecimiento, cambio y evolución. Confiando en el Universo, en la vida y en nuestros procesos.

Todo lo que nos ocurre es necesario para que despertemos, para que nos demos cuenta de dónde estamos, con respecto a la energía y la vibración. Elevando la frecuencia, nos procuramos ver las cosas de otra forma, soltando el control, las expectativas, aceptando y fluyendo con lo que es. Nos damos permiso de estar en libertad y en salud.

El viento sopla para todos.

En estos años, hemos creído que debíamos seguir un mapa, una senda, el camino marcado o hecho por los que anteriormente lo transitaron y que al atravesarlo fueron creando dicho sendero. Cada vez se desmorona o se deshace lo que creíamos acerca de algo, ya que se muestra diferente.

Cada uno de nosotros ha de seguir el dictado de su corazón, no esa voz que grita con desespero por vivir una vida alocada y romántica, hemos de saber distinguir la voz de nuestro sentir, de la voz de esos personajes de nuestra mente. Para procurarnos la libertad, en nuestras decisiones, en nuestro andar.

Porqué seguir un camino trazado, porqué no atravesar la selva, la jungla y crear un camino nuevo. Hemos de dejar de imitar, de admirar tanto que nos mimeticemos, perdiendo nuestra esencia, creyendo que hemos de vivir según lo hacen los demás.

Hay una frase que dice algo así como, «El viento sopla para aquellos que saben a dónde van», en serio, y para los que no, no solpa, los que nos decidimos por soltar la planificación, la etiqueta, el desespero y el control, no tenemos el viento a nuestro favor, porque no seguimos a las masas.

La vida siempre está a nuestro favor, todo depende de cómo veamos y vivamos la vida.

Seamos aventureros, y esto no quiere decir saltar en paracaídas, quien lo haga perfecto, no es necesario, no hay que demostrar nada, el ser aventurero es dejar de seguir un patrón, aventurarte en la vida, confiando, ahí está la clave, no creen, la confianza. Confianza en la vida y en uno mismo, que pase lo que pase, vamos a saber solventar los retos, tropiezos o experiencias.

Dejemos de comprarnos y vivamos una vida única, cada uno la que quiera, y que la aventura sea en su casa, desde la tranquilidad y el sosiego, si eso es lo que le apetece, todo está bien, permitiéndose abandonar y desechar la obsesión por tenerlo todo atado, estructurado o pensado. Dejemos que la vida nos sorprenda, ve a dónde quieras y si no sabes, déjate llevar.

El juego de la Vida.

Hay momentos en la vida que sientes que tu camino se ha desviado y te pilla desprevenido, o que surgen muchas más bifurcaciones de las que esperabas. Estás en constante elección, sin saber hacia dónde te conduce. y me pregunto, es importante saber hacia dónde, o lo que estoy viviendo ahora, es lo realmente importante.

Se dice que el camino es lo crucial, no la meta, por lo tanto, el hacia dónde no ha de desgastarnos o quitarnos el sueño, sino el cómo estemos viviendo este preciso momento.

No sé ustedes cómo han llevado este tiempo de inicio de año, en mi caso, he estado revuelta, desubicada, como si mi eje estuviese cambiando de posición. Cada día tengo más claro que «Sé que no sé nada» en todos los sentidos, porque de aquello que tenía un más mínimo indicio, se ha desfigurado o deshecho en mis manos. Esto qué significa, solía preguntarme, he de admitir que al principio si me quedé con la cara a cuadros, como diciendo y esto ahora, en serio.

Parece que los cambios no nos abandonan, son nuestros eternos compañeros y aceptarlo es lo que nos salva de la inminente tormenta mental que se avecina. La vida es como el juego de la silla, has de estar atento, partícipe activo del juego, sabiendo que si la silla es ocupada, aparecerá otra u otro juego al que jugar. No hay espacio para quedarte sentado por un largo período, porque de eso se de trata el juego de la vida, de estar en constante movimiento, en constante cambio.

Los Ecos son oportunidades de cambio.

Cuando perdemos nuestro estado de paz, hemos de identificar en qué nos hemos enredado. La situación que se muestra hace resonancia con algún aspecto de nuestra vida, que no hemos resuelto del todo. Una creencia limitante, un miedo, algún acontecimiento de nuestra infancia, se hace eco para que seamos conscientes de ello, dándole luz.

Lo curioso es que nos quedamos anclados, saliendo de nuestro centro, sin ser capaces de ver que se muestra de esta forma para darnos la oportunidad de verlo o reaccionar de otra forma. Para poder zanjanrlo, concluyendo con la cadena incesante de repeticiones.

Es importante darnos nuestro tiempo y espacio, permitiendo que la emoción sea, sin reprocharnos el habernos dejado llevar, por millonésima vez, por la misma película. Se trata de poder verlo y con ello, trabajar en uno mismo, para estar atento y consciente cuando se presente la ocasión, dándole un giro a la situación.

Mi adorado cuerpo y sus tiempos.

Cuando nos encontramos atravesando un malestar físico, nuestro cuerpo intenta darnos un mensaje sobre nuestra forma de vivir la vida, de vivir los acontecimientos, circunstancias y de cómo nos tomamos las cosas.

Una vez que estamos en este proceso o estado, no es primordial desgastarnos mentalmente para hallar una respuesta del porqué, o de qué me quiere decir mi cuerpo. Se trata de darnos cuenta que estamos en esta situación por nuestra forma de llevar las cosas, de no saber gestionar nuestras emociones y no escuchar con antelación las señales previas de nuestro maravilloso cuerpo. Esto no quiere decir que entremos en bucles de culpabilidad, nos ayuda a ser conscientes de ello, aceptando lo que está ocurriendo, dándonos la atención, el mimo y el autocuidado que necesitamos.

En este momento lo que requerimos es calma, descanso, mucho autoamor y paciencia. Darnos ese espacio para sanarnos, resetearnos y depurarnos. Atender las necesidades del cuerpo, de nuestro sentir, procurando estar en paz ante ello, evitando entrar en bucles mentales de culpabilidad, vistimismo y drama. Siendo amorosos con nosotros mismos.

Al atender nuestras necesidades, nos estamos haciendo cargo de nosotros, tomando la responsabilidad, pudiendo pedir ayuda si lo necesitamos, haciendo partícipe al amor que nos rodea.

Mientras estamos en este período de sanación, desde el amor le decimos a nuestro adorado y bendito cuerpo, «Gracias, por tanto, por todo», «Gracias Gracias Gracias», «Lo siento, Perdóname, Te amo, Gracias». «Siento no entender el mensaje en este momento, estoy segur@ que mi Yo superior, mi energía divina lo coloca».

Date permiso de sanar, a tu tiempo, recuerda que has de evitar compararte con los demás, cada persona tiene sus tiempos y todos son perfectos. Procúrate ese espacio de calma y amor, permitiendo que tu cuerpo sane, eliminando de tu día a día el diálogo denso, autoexigente y crítico contigo. Dale a tu cuerpo lo que necesita. Mímate, duerme, nútrete con amor y aprende a mirar a tu cuerpo como algo maravilloso.

Cuida tu energía.

Cuando nos sentimos en desbalance, agotados, sin energía, hemos de ser conscientes de lo que nos ha llevado a ese estado. Ser honestos con nosotros mismos es crucial, para poder trabajar en ello y transformar aquello que nos sumerge en el desánimo o nos desgasta.

Hemos de identificar qué nos roba la energía, qué hábitos, actitudes, comportamientos o creencias, haciendo un análisis de nuestro día o siendo conscientes en cada momento, para averiguar dónde se escapa la energía, por ello nos sentimos en desgana, cansados, abatidos, etcétera.

Por ejemplo, en la autoexigencia constante, siendo perfeccionista con uno mismo y con el otro. Dedicarle un tiempo excesivo al móvil, a ver la televisión, al sedentarismo. Pensamientos negativos, desmotivadores, entrando en pesimismo. Qué hábitos tóxicos realizas que te desgastan, en vez de recargarte.

Recupera tu energía, cárgate haciendo aquello que te llena, lo que te ayuda a estar en equilibrio ante las circunstancias de la vida. Cuida tu energía, sé consciente dónde la inviertes, si te es beneficioso o te va a generar malestar.

En tránsito por la oscuridad.

Hemos de aprender a identificar cuando nos encontramos atravesando un proceso de oscuridad, permaneciendo en nuestra sombra, en el torbellino emocional sin procesar lo que secude. Recordar que no es necesario entender, comprender o sacarle algún sentido, esto nos desgasta aún más, se trata de dejarlo ser, dándonos aquello que necesitamos en ese momento.

Cuando nos atendemos, procurando evitar la exigencia o desesperación por salir de este estado, podemos pasarlo de una forma, dentro de lo posible, equilibrada. Podemos mantener el equilibrio en medio del caos, estando en paz con lo que es ahora.

Es incómodo estar en esta vibración de nuevo, lo sé, por ello que queremos salir o entender el porqué estamos aquí, tras nuestro trabajo interno, tras nuestras lecturas, herramientas, etcétera, para conseguir superarlo. Y si no se trata de superarlo, sino de vivirlo, sentirlo y dejarlo ser, permaneciendo a nuestro lado, sin juzgarnos, sólo aceptando que nos encontramos así en este momento.

Tendemos a dramatizar las circunstancias, entrando en una espiral que no tiene fin. Podemos vivir estos procesos desde otra perspectiva, sin darle ese toque dramático o victimista, lleva su tiempo verlo y no pasa nada, viviéndolo con respeto hacia lo que está sucediendo en nosotros y hacia nosotros mismos.

Las emociones son cíclicas, nuestro sentir es voluble, fluctúa, hemos de aceptarlo y dejar que sea, sin frustrarnos por querer estar alegres todo el tiempo, porque eso no es real. Cada uno de nosotros atraviesa sus procesos de una forma u otra, y todo es válido si nos hace sentir en bienestar y no daña a las personas que nos rodean.

Procúrate un espacio de calma y comprensión, lo que necesites en estados de oscuridad, ama y respeta esa parte de ti, de tu personaje, porque no hay nada malo. Transita por tu oscuridad sin miedo, ella quiere mostrarte algo, sin hacerte daño, permite que sea, deja de luchar contigo, balancea tu luz y tu sombra.