Siendo conscientes de nuestra energía.

Seamos honestos con nosotros mismos, es clave para estar en paz. Nos pasamos la vida queriendo alcanzar ciertas cosas, actuando desde la carencia, desde la necesidad, los apegos y las expectativas, sin ser conscientes de nuestra vibración.

Ya sea estudiando, trabajando, practicando alguna actividad, nos frustramos porque no mejoramos, porque no llegamos a los objetivos, a lo que creemos que hemos de lograr para estar en bienestar.

Nos obsesionamos con lo que nos falta, con lo que nos queda por llegar, con todo aquello que no es o no está en nuestra vida, en vez de centrarnos en lo que sí es, en lo que sí podemos hacer y está a nuestro favor.

Es crucial que seamos conscientes de nuestra frecuencia, desde dónde vibramos, oramos, hablamos con nosotros y los demás, desde qué energía actuamos en el día, afrontando lo que nos sucede.

Cuando nos enfocamos en nuestra energía, al igual que nos duchamos y procuramos una buena higiene física, alimentaria o mental, hemos de facilitarnos una buena higiene energética. Siendo conscientes de nuestra vibración, de lo que requerimos en ese momento para descargar energía densa y llenarnos de energía sutil.

Para elevar nuestra frecuencia podemos recurrir a muchas herramientas, la conexión con la naturaleza, caminar descalzo, conectarnos con el agua en la ducha, nos permite drenar y recargar, Hacer una actividad que nos gusta, escuchar música, bailar, hacer un deporte, nos llena, nos ayuda a sentirnos en bienestar. El estado de bienestar nos da pistas de qué es lo que nos eleva, hacerlo diariamente, no sólo en estados de necesidad máxima, nos permite ver las cosas de otra forma, con ligereza y desde la calma.

Hemos de crear un compromiso con nosotros mismos, siendo constantes, realizando aquello que nos satisface, esto nos procura un estado óptimo de salud en todos los niveles, porque nos aporta paz mental.

Al estar en paz, nuestra energía se eleva, vibrando desde el amor, ya no nos agotaremos porque las cosas no salgan como esperábamos o nos frustremos por no conseguirlo, porque lo veremos como oportunidades de crecimiento, cambio y evolución. Confiando en el Universo, en la vida y en nuestros procesos.

Todo lo que nos ocurre es necesario para que despertemos, para que nos demos cuenta de dónde estamos, con respecto a la energía y la vibración. Elevando la frecuencia, nos procuramos ver las cosas de otra forma, soltando el control, las expectativas, aceptando y fluyendo con lo que es. Nos damos permiso de estar en libertad y en salud.

Mi adorado cuerpo y sus tiempos.

Cuando nos encontramos atravesando un malestar físico, nuestro cuerpo intenta darnos un mensaje sobre nuestra forma de vivir la vida, de vivir los acontecimientos, circunstancias y de cómo nos tomamos las cosas.

Una vez que estamos en este proceso o estado, no es primordial desgastarnos mentalmente para hallar una respuesta del porqué, o de qué me quiere decir mi cuerpo. Se trata de darnos cuenta que estamos en esta situación por nuestra forma de llevar las cosas, de no saber gestionar nuestras emociones y no escuchar con antelación las señales previas de nuestro maravilloso cuerpo. Esto no quiere decir que entremos en bucles de culpabilidad, nos ayuda a ser conscientes de ello, aceptando lo que está ocurriendo, dándonos la atención, el mimo y el autocuidado que necesitamos.

En este momento lo que requerimos es calma, descanso, mucho autoamor y paciencia. Darnos ese espacio para sanarnos, resetearnos y depurarnos. Atender las necesidades del cuerpo, de nuestro sentir, procurando estar en paz ante ello, evitando entrar en bucles mentales de culpabilidad, vistimismo y drama. Siendo amorosos con nosotros mismos.

Al atender nuestras necesidades, nos estamos haciendo cargo de nosotros, tomando la responsabilidad, pudiendo pedir ayuda si lo necesitamos, haciendo partícipe al amor que nos rodea.

Mientras estamos en este período de sanación, desde el amor le decimos a nuestro adorado y bendito cuerpo, «Gracias, por tanto, por todo», «Gracias Gracias Gracias», «Lo siento, Perdóname, Te amo, Gracias». «Siento no entender el mensaje en este momento, estoy segur@ que mi Yo superior, mi energía divina lo coloca».

Date permiso de sanar, a tu tiempo, recuerda que has de evitar compararte con los demás, cada persona tiene sus tiempos y todos son perfectos. Procúrate ese espacio de calma y amor, permitiendo que tu cuerpo sane, eliminando de tu día a día el diálogo denso, autoexigente y crítico contigo. Dale a tu cuerpo lo que necesita. Mímate, duerme, nútrete con amor y aprende a mirar a tu cuerpo como algo maravilloso.

En tránsito por la oscuridad.

Hemos de aprender a identificar cuando nos encontramos atravesando un proceso de oscuridad, permaneciendo en nuestra sombra, en el torbellino emocional sin procesar lo que secude. Recordar que no es necesario entender, comprender o sacarle algún sentido, esto nos desgasta aún más, se trata de dejarlo ser, dándonos aquello que necesitamos en ese momento.

Cuando nos atendemos, procurando evitar la exigencia o desesperación por salir de este estado, podemos pasarlo de una forma, dentro de lo posible, equilibrada. Podemos mantener el equilibrio en medio del caos, estando en paz con lo que es ahora.

Es incómodo estar en esta vibración de nuevo, lo sé, por ello que queremos salir o entender el porqué estamos aquí, tras nuestro trabajo interno, tras nuestras lecturas, herramientas, etcétera, para conseguir superarlo. Y si no se trata de superarlo, sino de vivirlo, sentirlo y dejarlo ser, permaneciendo a nuestro lado, sin juzgarnos, sólo aceptando que nos encontramos así en este momento.

Tendemos a dramatizar las circunstancias, entrando en una espiral que no tiene fin. Podemos vivir estos procesos desde otra perspectiva, sin darle ese toque dramático o victimista, lleva su tiempo verlo y no pasa nada, viviéndolo con respeto hacia lo que está sucediendo en nosotros y hacia nosotros mismos.

Las emociones son cíclicas, nuestro sentir es voluble, fluctúa, hemos de aceptarlo y dejar que sea, sin frustrarnos por querer estar alegres todo el tiempo, porque eso no es real. Cada uno de nosotros atraviesa sus procesos de una forma u otra, y todo es válido si nos hace sentir en bienestar y no daña a las personas que nos rodean.

Procúrate un espacio de calma y comprensión, lo que necesites en estados de oscuridad, ama y respeta esa parte de ti, de tu personaje, porque no hay nada malo. Transita por tu oscuridad sin miedo, ella quiere mostrarte algo, sin hacerte daño, permite que sea, deja de luchar contigo, balancea tu luz y tu sombra.

La intensidad pide calma.

En los momentos de mayor intensidad necesitamos parar, escucharnos y darnos tiempo para que se recoloque nuestro sentir. No sé ustedes, yo me encuentro en una montaña rusa de emociones, una atracción la cual hacía tiempo que no me afectaba tanto, está claro que se trata de un reto más, de un estar presente y permitir que sea, sin juzgar o comparar.

Qué necesito cuando me encuentro en esta situación, esto nos lo hemos de preguntar y procurarnos la respuesta. Lo que tendemos a hacer es anestesiarnos, intentando ignorar el sentir que nos desborda, haciendo aquello que me hace enfocarme en otra cosa, de esta forma no presto atención a lo que me atormenta o está aflorando.

Hemos de ser conscientes que cada emoción que surja nos habla de nosotros mismos, nos pide atención, cuidado y enfoque en nuestro mundo interno, nuestro sentir o nuestro niño interior. La llamada es atendernos, evitando eludir, omitir o ignorar el grito que nuestras emociones nos están dando, para sanar, colocar o transmutar determinados estados o etapas de nuestra vida.

Se requiere de calma, paciencia y de dejar SER, SIENDO. Seamos coherentes y honestos con nosotros mismos, proporcionándonos un ambiente de sosiego y ternura, dejando que las emociones sean liberadas, sin identificarnos con ellas, sin buscar de dónde o porqué, simplemente que sean, mientras permanecemos, en la medida de lo posible, en calma y aceptación.

Porporciónate el espacio, el silencio, el ambiente, la tranquilidad que necesitas para transitar por este terreno incómodo, el camino es el que es, nosotros elegimos cómo hacerlo y desde dónde, desde dónde estamos vinbrando, desde el amor hacia nosotros mismos, con respeto, con compromiso.

La emoción no es tu enemiga.

Nuestras emociones vienen y van, formando un mandala en nuestro cuerpo emocional. Cada emoción es perfecta, nos embriaga y nos envuelve, pretende, sin mala intención, transportarnos y sumergirnos en el sentir. Que lo vivamos con intensidad y pasión.

Depende de nosotros cómo reaccionar ante ello, si nos permitimos sentir o rechazamos la emoción. Recuerda que no hay emoción buena o mala, simplemente es una emoción más, se trata de dejarnos sentir, que nos invada, dejar de resistirnos a ella, que sea, que se sienta bienvenida.

Permítete sentir, deja que la emoción se exprese, sin retenerla, libérala. Abraza a la parte que hay en ti que se siente identificada con dicha emoción, hazte saber que no estás solo, sé tu pilar de apoyo.

Cuanto más te resistas más persiste dicha emoción, si te permites que fluya en ti, tal como se ha manifestado, se desvanece. Recuerda que no es importante ir a indagar y analizar el porqué de la emoción en cuestión, lo que importa es que seas consciente de ella y te permitas sentirla, desde la aceptación y la calma. En amor contigo.

Acepta el ahora como ES.

Cuando empleamos la afirmación positiva «Todo está bien» o «Todo está bien en mi vida», hemos de entender que nos referimos al hecho de aceptar lo que está aconteciendo ahora, de ser capaces de ver lo que sucede y fluir con ello, sin resistencias.

Podemos caer en la trampa de la mente, de esperar que las cosas cambien y mejore la situación, utilizando la misma afirmación para autoengañarnos, no siendo conscientes o no queriendo ver lo que está pasando en este preciso momento, albergando esperanzas de un lugar mejor que este.

Lo que está ocurriendo ES, y se trata de aceptarlo, ahí está la clave de todo, la aceptación nos libera del laberinto interminable de la mente, que nos hace buscar en el futuro, creando ansiedad por lo que vendrá y generando expectativas de una vida mejor. La solución está delante de nosotros, el momento presente, entendiendo que lo que puedo cambiar, dónde puedo hacer algo es en mi actitud, en cómo me tomo las cosas.

Por lo tanto, cuando expresamos la afirmación «Todo está bien en mi vida», estamos diciendo que todo es perfecto como ha de ser, que lo que sucede es para un bien mayor, incluso si no lo entiendo o no lo he programado de esta forma. Nos ayuda a entender que hemos de soltar el control y confiar en la vida, en nosotros mismos, en nuestra capacidad de fluir con ello, desde la paz, la calma y el autoamor.

Dejando la lucha, aprendiendo a estar en amor

Continuamente luchamos por no estar donde estamos en este preciso momento, por no sentir, escuchar aquello que no quiero oír, o ver lo que es o está sucediendo ahora en nuestras vidas. Nos anestesiamos con una canción, una película, una conversación, cualquier sustancia o actividad, para evadirnos de lo que no queremos admitir o aceptar.

Hemos tomado este comportamiento como natural y normal en nuestra vida, estar en constante conflicto con nosotros y por consiguiente con nuestro entorno. Creyendo que hemos de defendernos del ataque exterior, o incluso de nosotros mismos, por no quitarnos la máscara, permitirnos sentir vulnerables y sensibilizarnos con lo que sucede a nuestro alrededor.

Arrastrando la creencia que me dicta a actuar de una forma caótica, hiriente y dañina hacia mí mismo, por no mostrar quién soy, o no querer ser consciente de mí, de mis emociones, de lo que está aconteciendo o de mi entorno.

Cada situación nos lleva a tomar consciencia de dónde estamos, quiénes somos y del momento presente, del regalo de la vida, de la amistad, de las relaciones, de un amanecer, de una buena comida, etcétera.

Dejemos de ocultarnos, creyendo que no somos válidos, capaces o estamos rotos. Aceptemos todo de nosotros, nuestras inseguridades, nuestra curiosidad, nuestros miedos. Cada vez que te aceptas, que te miras y te hablas con amor, eso que creías quebrado se une, la distancia con respecto a ti se hace ínfima, y te sientes conectado, renacido, con una nueva visión de ti mismo y de lo que te rodea.

Muestra quién eres sin reparos, deja atrás los filtros, sé tú, siéntete dichoso por estar aquí y ahora, vivo, libre, amado. Cuando aprendemos a amarnos a nosotros mismos, dejamos de considerar importante o necesaria la aprobación externa, actuamos de forma consciente, entendiendo que si me amo, el otro me refleja ese amor.

A veces sólo necesitamos un apoyo, un respiro, para continuar

Nos creemos con derecho a opinar sobre la vida de los demás, como si cada uno de nosotros no hubiésemos atravesado ciertos caminos cargados de bifurcaciones, desvíos o señales ilegibles. Todos nos sentimos perdidos en un momento u otro. Hemos de dejar de juzgar o hablar sin conocimiento, acerca de la vida de los demás. Cuando estamos en medio del camino, sin sentido, rumbo o claridad, de nada nos sirve que nos digan lo mal que lo hemos hecho, la mala o errónea elección tomada, o si nos ven con potencial, fuerza o capacidad para salir, continuar o quedarnos simplemente.

La consciencia es extremadamente importante y crucial en nuestras vidas. Cada vez que juzgamos a alguien, estamos diciendo más acerca de nosotros que de esa persona. Estamos hablando de nuestras inseguridades, de partes que no aceptamos de nosotros mismos o de ciertos aspectos que no vemos, negamos o reprochamos en nuestro interior.

La asertividad o la empatía son dos cualidades que nos acompañan para evitar hacer o decir determinadas cosas que dañen al otro. Hemos de ponernos en la piel del de al lado, y hacerles ver que no están solos, que es normal que se sientan de esa forma y que todo en esta vida pasa por y para algo, que no hay errores, son aprendizajes de vida, que cada uno vive ciertas situaciones para conducirles a su despertar, al reencuentro consigo mismo. Que no está mal querer parar, sentirse inseguro, abatido o cansado. Sólo nos indica que necesitamos una pausa, un descanso, prestar atención a nuestra alarma interna y respirar, para poder orientarnos de nuevo y ver las cosas desde otra perspectiva.

Fluye, muéstrales cómo.

Es momento de centrarnos en nuestra vida, nuestro sentir, nuestras experiencias. Dejar de creer que sabemos lo que les conviene a los otros, creyéndonos mejores o en una posición más elevada. Entiendan que cada cosa que es juzgada, de una forma o de otra vamos a vivirla, el universo tiene este peculiar sentido del humor, para que entendamos qué es ir con los zapatos del otro. Se gasta demasiada energía pretendiendo que los demás hagan lo que nosotros consideramos mejor, si muchas veces no sabemos ni lo queremos para nosotros mismos, o lo que nos conviene. No es más fácil vivir y dejar vivir.

En este soltar, se haya nuestro adorado, pero cargante control. Hemos de ser conscientes en qué nos beneficia querer controlarlo todo, es agotador, las cosas salen como salen, aunque nos degastemos porque salgan como queremos o esperamos, van a ir por su camino, así son, así es la vida. Y no creen que de esta forma es más divertido, sin tanta planificación, sabiendo qué cosa, dónde y cuándo. Dónde queda la sorpresa, el reto, el impulso por mejorar, por animarse a uno mismo ante cualquier situación inesperada, la confianza en que sabremos reponernos y seguir o parar, como queramos en ese momento, sin expectativas, siendo libres.

Libertad, no es algo a lo que haya que seguir, perseguir o luchar por ella. Ella está, es y se manifiesta cuando queramos, según nuestra manera de ver y llevar las cosas. Por naturaleza somos libres, esas creencias, patrones, pensamientos y formas de ver la vida, de actuar y sentirnos, es autoimpuesta, cuando quieras puedes decir «A tomar viento» y permitirte ser tú mismo, sin exigencias, estándares o protocolos.

Permítete vivir en lugar de sobrevivir cada día. Recuerda que no hay que hacer nada extraordinario, simplemente ser tú, dejándote llevar por el momento, aceptando, desechando la lucha, la resistencia y el querer que todo salga con una determinada estructura.

Suéltate el pelo y permite que el viento te despeine, siente esa sensación, es libertad. Deja que los demás se muestren como quieran, que sean. Si están en el bucle de la necesidad de tenerlo todo bajo control, del miedo, la ira, déjalos, fluye, acepta, evita el juicio, actúa de manera que vean que se puede hacer de otra forma, una más ligera, flexible y conectado. Permanece en ti, en tu verdad, en lo que te llena y vive.

Algo más grande nos une.

Permítete sentir esa abrumadora sensación de desbalance, desconcentración, estar perdido, flotar sin rumbo o que las cosas no tienen sentido. Suelta la comparación con los procesos de los otros, cada cual lleva su desarrollo, camino o vivencias desde su perspectiva y a su manera. Hemos de dejar querer encajar, en un molde que no ha sido creado para nosotros, es como si una persona que llevara de talla de zapato un 40, quisiera ponerse uno del 38. Acepta tu forma de ver las cosas, que estás en drama, fantástico, ya lo has identificado, ahora ponte a trabajar para salir de ahí, sin responsabilizar a los demás de tus emociones o de lo que vives.

Acoge el sentir que está transitando por ti, abraza a esa parte que se siente de ese modo, desde el respeto y la comprensión. No tengas prisa, recuerda no te compares, tú tienes tu tiempo, tu ritmo y es perfecto.

Acepta quién eres, qué más da, que los demás te vean de una u otra forma, lo que dicen los otros acerca de ti, dicen más de ellos que de ti. Deja atrás la idea de la perfección, cada uno tiene sus dones, talentos y defectos, y con los últimos hemos de aprender a vivir, aceptándolos. Con lo demás es necesario aceptar que están, dejar de ocultarnos y mostrar quienes somos al mundo.

Ya es momento de salir del caparazón, tras los escudos, o ir de puntillas por la vida, y encarar la verdad. El universo, la vida, en quien creas, va a ir poniéndote a prueba, sintiéndote cada vez más incómodo para que salgas a la luz, y no te ocultes. Se trata de ser auténticos, de reconocer lo que hay en nosotros, y entregarlo al servicio de los demás.

Cada uno de nosotros somos únicos, individuales, formando una gran unidad. Lo que nos diferencia no nos separa, al contrario, nos une en ese servicio de amor hacia el otro. Encuentra tu singularidad, no la ocultes, no te avergüences, muéstrate tal y como eres. Descubre y desarrolla tu potencial para que te sientas satisfecho, dichoso y unido a algo más grande.