La búsqueda de la armonía.

Muchas veces hemos hablado de la importancia de dejarnos sentir, de respetar las emociones que nos visitan, aquello que sentimos en un momento u otro. Es crucial en nuestro camino, en nuestro trabajo de amor propio, respetar cómo nos hace sentir una situación, o cómo nos sentimos sin más, sin buscar alguna explicación.

Es dejar que la emoción sea, que esa parte de nosotros que se siente de esa forma, sienta que no está sola, que no es juzgada, que es libre y está apoyada. Apoyada por nosotros, por nuestro amor. Abrazarnos y darnos espacio, nuestros tiempos, lo que necesitemos para llevar este proceso de la mejor forma, con respeto por nosotros mismos, sin reclamos, sin reproches, ni críticas.

Es hacernos la pregunta: «¿Qué puedo hacer por ti, para que te sientas mejor?, ¿Qué necesitas de mí? Ahí está la clave, ser conscientes de nuestras necesidades y darnos aquello para reestablecer la armonía, recordando que la armonía o la paz mental no está en que no pase nada, o que en nuestro entorno todo fluya en balance perfecto, se trata de hallar la forma de estar en paz y en armonía ante lo que quiera que suceda.

Y esto se consigue trabajando en uno mismo, en nuetro autoamor, respeto y aceptación. En estar presentes, conscientes de nuestros estados y procesos, de lo que necesitamos, nutriéndonos en amor, siendo responsables de nuestra energía y estado de balance.

Ya sea por los movimientos energéticos, planetarios, emocionales o por las experiencias, hemos de respetar lo que sentimos, lo que necesitamos y ayudarnos a estar en equilibrio ante ello. Dándonos descanso, silencio, paseos, meditar, bailar, conectar con la naturaleza, risas con amigos o a solas, todo aquello que nos proporcione calma y el bálsamo que se requiere para estar en amor con uno mismo, porque de esta forma estamos en amor con el entorno.

En tránsito por la oscuridad.

Hemos de aprender a identificar cuando nos encontramos atravesando un proceso de oscuridad, permaneciendo en nuestra sombra, en el torbellino emocional sin procesar lo que secude. Recordar que no es necesario entender, comprender o sacarle algún sentido, esto nos desgasta aún más, se trata de dejarlo ser, dándonos aquello que necesitamos en ese momento.

Cuando nos atendemos, procurando evitar la exigencia o desesperación por salir de este estado, podemos pasarlo de una forma, dentro de lo posible, equilibrada. Podemos mantener el equilibrio en medio del caos, estando en paz con lo que es ahora.

Es incómodo estar en esta vibración de nuevo, lo sé, por ello que queremos salir o entender el porqué estamos aquí, tras nuestro trabajo interno, tras nuestras lecturas, herramientas, etcétera, para conseguir superarlo. Y si no se trata de superarlo, sino de vivirlo, sentirlo y dejarlo ser, permaneciendo a nuestro lado, sin juzgarnos, sólo aceptando que nos encontramos así en este momento.

Tendemos a dramatizar las circunstancias, entrando en una espiral que no tiene fin. Podemos vivir estos procesos desde otra perspectiva, sin darle ese toque dramático o victimista, lleva su tiempo verlo y no pasa nada, viviéndolo con respeto hacia lo que está sucediendo en nosotros y hacia nosotros mismos.

Las emociones son cíclicas, nuestro sentir es voluble, fluctúa, hemos de aceptarlo y dejar que sea, sin frustrarnos por querer estar alegres todo el tiempo, porque eso no es real. Cada uno de nosotros atraviesa sus procesos de una forma u otra, y todo es válido si nos hace sentir en bienestar y no daña a las personas que nos rodean.

Procúrate un espacio de calma y comprensión, lo que necesites en estados de oscuridad, ama y respeta esa parte de ti, de tu personaje, porque no hay nada malo. Transita por tu oscuridad sin miedo, ella quiere mostrarte algo, sin hacerte daño, permite que sea, deja de luchar contigo, balancea tu luz y tu sombra.

Llegó el momento de cuestionar nuestros actos

Cuando hay caos a nuestro alrededor, hemos de cuestionarnos qué hay en mí que ha ocasionado esto. Hacer un balance de nuestra vida, de nuestros actos, palabras y formas de pensamiento. Nuestros juicios, críticas hacia el otro y hacia nosotros mismos, nuestra forma de ver el mundo y la vida.

Si estoy constantemente buscando un culpable fuera, si el conflicto es conmigo mismo, si en mi día a día interactúo con desprecio, impaciencia, faltas de respeto, soberbia, ego, prepotencia, creyéndome el conocedor de todas las respuestas.

He de ser honesto, revisar mis acciones e identificar qué puedo transformar, mejorar, cambiar, soltar, desechar o dejar ir, que me genera malestar, desamor, conflicto o incomprensión.

Hemos de ser conscientes de nuestras vidas, dejar de mirar o analizar la vida del vecino, juzgando cada paso y ser íntegros, francos o sinceros con nosotros mismos. Dejar querer ver un cambio en el mundo, en el de al lado, si yo sigo siendo un inconsciente, ignorando mi situación.

Si quieres que haya una mejora, comienza contigo. Emprende el camino, da el primer paso, actúa. Observa qué hay en ti que te genera desbalance, qué aspectos de ti mismo puedes transformar para evitar desgastar tu energía y sentirte pleno.

Practica el amor, contigo, con las personas de alrededor y con el entorno. La compasión, la paciencia, el respeto, la empatía, la amabilidad, la bondad, la escucha, el arropo, apoyo o ayuda. Podemos hacer nuestra vida, nuestro entorno, nuestro mundo mejor, depende de cada uno, que haga su parte en su espacio. Comencemos, creemos un ambiente de respeto, amor y equidad. Inicia el cambio en ti, contigo.

Salud óptima, equilibrio en nuestra vida

En nuestras manos está la solución a nuestros pesares. Esta frase puede resultar insólita, utópica o para muchos difícil de asimilar o realizar. Somos nosotros quienes decidimos trabajar para estar en salud, ya sea física, mental y emocional. Llevar una dieta adecuada, fresca y ligera, seguimos refiriéndonos al cuerpo físico, mental y emocional.

Para una óptima salud física es necesario tomar consciencia, llevar un nivel bajo de estrés, dormir las horas necesarias para un buen descanso, tomar alimentos frescos de forma equilibrada, beber abundante agua y realizar una actividad que nos ayude a crear un balance en nuestra vida. Si dicha actividad nos llena de gozo, mejor que mejor, porque juega un papel importante en el resto de áreas de nuestra vida.

Para generar una buena salud mental es necesario estar en calma, que haya paz en nuestra mente. Organizando las tareas, lo que quede pendiente, las citas, los proyectos, darles una estructura, un orden. De esta forma nuestra mente se siente en calma, ya no ha de estar dando vueltas una y otra vez, repitiendo lo mismo, para que lo recordemos. Es necesario realizar una actividad al aire libre, conectando con la naturaleza, de esta forma la mente se oxigena. Escribe un diario, ya sea para desahogarte de lo sucedido en el día o para anotar tus pensamientos. Procura ser consciente de tus pensamientos, de esta manera puedes inclinar la balanza hacia los pensamientos positivos, alentadores, comprensivos, que te impulsen a estar en paz contigo, hablándote con amor, sin exigencias, críticas, desde el amor y el respeto hacia uno mismo.

Nuestras emociones necesitan libertad, para estar en salud hemos de procurar no identificarnos con ellas. Las emociones son cíclicas, vienen y van, tienen su ritmo. Hemos de aprender a escucharnos, a respetar nuestro sentir, a reconocer cómo nos sentimos y dejar que sea. Si en el día nos sentimos de una forma o de otra, se trata de estar en paz ante ello, ante cómo me siento y evitar que la emoción me influya en el transcurso del día. ¿Cómo? Aceptando, este es el primer paso. Acepto que hoy me siento de esta forma, dejo de luchar conmigo o juzgarme por sentirme así. Procuro mantener mis límites sanos, decir «no» si lo considero necesario, despidiéndome de la culpa, tomarme mi descanso o desconexión, respetando en todo momento mi estado. Respiro, realizo aquella actividad que me conecte con mi parte más elevada, que me llene de gozo y satisfacción. Cuido de mí, me abrazo, me arropo y me digo que todo está bien.

Cuidar de nosotros mismos es la forma más efectiva de restablecer nuestra salud. Llevando un equilibrio entre nuestra mente, cuerpo y emociones. Otro aspecto fundamental es conectarnos a nuestra parte espiritual, a nuestra esencia. Para muchos esto estará en otro idioma, quien lo sienta y se identifique que lo medite. Nuestra parte espiritual o divina, ESTÁ y ES, es lo que SOMOS. Luz y amor, conectados con el Todo y con Todo. Permitirnos estar en conexión con nuestra esencia nos permite vivir de forma consciente cada día, cada situación, saliendo de la espiral del sueño, pudiendo gestionar nuestro sentir, dejando de identificarnos con la víctima y ver el aprendizaje o mensaje que hay detrás. Y si no lo vemos en ese momento, tenemos la certeza que se nos revelará cuando sea preciso. Confiando en la vida y en nosotros mismos. Vibrando en amor.

Escucha tu voz

Es importante establecer una conexión con nosotros mismos. Sé que ahora es una frase o expresión muy utilizada, lo cierto es que en verdad importa y es vital para nuestro bienestar. La escucha de nuestra voz interna, nos lleva a comprender nuestros procesos, a respetar nuestro ritmo y dejar de reprocharnos, comenzando por entablar una relación armónica con uno mismo.

Tómate tu tiempo, tu descanso o desconexión del ruido externo y de tu mente. Pasea, escucha música, ve a nadar, medita, siéntate en silencio a contemplar tu entorno y simplemente respira. Enfócate en tu respiración y verás como logras cruzar la puerta y salir de la agotadora espiral de la mente.

Cada individuo sabe qué le conviene, le agrada o le genera satisfacción o gozo. Hagamos aquello que nos eleve la vibra y nos llene de buen rollo. Porque estando en ese estado somos capaces de ver las cosas de otra forma, desde un punto de vista más ligero, sin tanta necesidad de control.

Cuando estamos realizando esa actividad que nos procura bienestar, podemos escuchar nuestra vocecilla que nos susurra, comenzando nuestro ritual de comunicación interna. Podemos hacer de esto un hábito, un hábito saludable de vida. Tomándome un ratito al día para estar conmigo, de esta forma me siento ligero, conectado y en equilibrio.

Al crear una relación de complicidad conmigo mismo, puedo afrontar los retos que se presenten en el día desde una perspectiva diferente, sin tanto drama, siendo consciente cuando estoy en bucle, pudiendo retomar la ruta hacia el balance y bienestar.