El autoconocimiento nos conduce al bienestar.

El autoconocimiento es fundamental para estar en paz con uno mismo. Cuando nos permitimos conocernos y aceptar todo aquello que vamos descubriendo en nosotros, nos abrimos a una nueva forma de relacionarnos con nosotros mismos.

Al conocer mi personalidad, aquello que me gusta, que me desequilibra o genera malestar, todo lo que me conduce a la calma, que me ayuda a estar en balance, puedo realizarlo en los momentos de malestar.

Qué quiere decir, que me proporciono aquello que necesite en cada momento. Al estar en presencia conmigo mismo, puedo entender que las emociones son cíclicas, que las situaciones vienen y van, y que no hay más que una persona responsable de mi paz, de mi bienestar, salud o cuidado, yo mismo.

Cuando nos sintamos en desbalance, en desajuste o revueltos, ofrezcámonos nuestra ayuda y apoyo, procuremos ser amables con nosotros mismos y hagamos aquello que sabemos, con certeza, que va a generar que nuestra vibración se eleve. Recordemos que somos variables, no somos estáticos, mutamos constantemente, por ello hemos de escucharnos para saber qué se me apetece en ese momento.

Es crucial para nuestro bienestar que nos permitamos respetar nuestro sentir y nos aportemos aquello que hemos sentido que nos beneficia, en dicho instante. De eso se trata, de sentirnos, escucharnos y proporcionarnos, haciendo, hablando, tomando distancia, realizando, con amor y respeto, aquello que me conduzca a la paz y al equilibrio.

Eres tú quien te salva.

Bloqueamos nuestra vida por determinados acontecimientos, esperanzas o expectativas de un futuro, de un posible, y sin darnos cuenta nos quedamos a la espera de que suceda algo que lo cambie todo. Estamos constantemente esperando que ocurra algo mágico o milagroso que mejore o transforme aquello que nos limita. Ponemos el foco fuera, creyendo que al tener o suceder ciertas cosas vamos a llenarnos de una inmensa felicidad imperecedera.

Ya es momento de darnos cuenta que nada externo nos brinda la felicidad o llena el vacío que sentimos en nuestro interior. Somo nosotros mismos quienes decidimos hacer un alto, un parón o un cambio de rumbo y elegir dejar de utilizar los patrones que nos han llevado a esta situación. Entender que cada uno de nosotros es el responsable de su paz, bienestar o dicha. Sabiendo que no depende de los acontecimientos del exterior, sino más bien, de los movimientos o reajustes que realizamos en nosotros mismos.

Desde el momento que decidimos estar conscientes, respetando nuestro sentir y permitiéndonos mostrarnos tal y como somos, abrazando cada aspecto de nuestra personalidad, de nuestro ego, sabiendo que no nos define, sólo nos brinda la posibilidad de vivir en esta realidad, comenzamos a vivir, a relacionarnos con nosotros mismos de otra manera.

Este paso se llama libertad, el de permitirnos manifestar nuestra verdad, sea cual sea, sin juicios, críticas o reproches. Animándonos a dejar atrás todo aquello que nos desgasta o nos resta paz. Siendo auténticos, brillando, sea cual sea nuestra luz, color o procedencia. Todos somos especiales, únicos, mágicos y bendecidos. Sólo es cuestión de creer, creer en nosotros mismos.

Expreso con libertad mi sentir

Cada vez que nos sentimos frustrados, tristes, melancólicos, eufóricos o cabizbajos, con cada una de nuestras emociones, hemos de permitirnos aceptarla y abrirle la puerta para que se exprese. Dejarla ser, que fluya y liberarnos de toda limitación que nos impida mostrarnos tal y como somos, o como nos sentimos en este preciso instante.

Nos esforzamos en mostrar otra cara, por ocultar lo que realmente alberga nuestro sentir, dejando que una actuación más nos sumerja en el abandono. Cada vez que hacemos esto, nos alejamos de nosotros mismos, faltando al compromiso de amor propio hecho.

Permite que se liberen años de opresión, de ocultarte y callar aquello que tu corazón anhela gritar. Suelta toda carga, represión autoimpuesta y deja que las creencias que te aprisionan se desvanezcan.

Al trabajar en nosotros, evitando la queja, podemos confundir el expresar mi sentir, con quejarme de cómo me siento. Hemos de aprender a diferenciar una queja, de la forma de exteriorizar mis emociones.

Cuando nos quejamos, constantemente achacamos nuestras emociones o sensaciones a la circunstancia en cuestión, parloteando continuamente de nuestro mal estado, alegando que somos víctimas de lo acontecido, sin ser conscientes de nuestra responsabilidad en ello.

Permite que tu sentir tenga una escapatoria, una puerta de salida, evitando que se queden nudos emocionales en nuestro interior, por creer que no puedo permitirme mostrar cómo estoy. Libéralas, libérate y permanece en paz con lo que sientes.

Momento de aprender a discernir, siendo coherentes

La idea de despertar para ver las cosas desde otra perspectiva, siendo conscientes de quiénes somos, de nuestro potencial, de nuestra luz, unión y expansión, se hace cada vez más tangible. Siendo posible gracias a nuestro trabajo y entrega, a decidir querer hacer las cosas de otra forma, soltando la lucha, la comparación, la exigencia y la crítica. Alegrándonos por los triunfos y avances del otro. Recuerda que si tú avanzas le recuerdas al otro cómo hacerlo y si es el otro es el que emprende el vuelo, te está diciendo a ti, «Oye, tú puedes, recuérdalo».

Hemos de desechar de una vez la necesidad de grandiosidad y de adelantar al de al lado, para demostrar que puedo, que valgo y que soy mejor. Esto ya no nos vale, nos aleja de nuestra meta, que es estar en paz, conmigo y con las personas de mi alrededor. Sintiendo esa unión, trabajando juntos por lo mismo, aunque cada uno esté en una punta del mundo y no sepamos el uno del otro, se trata de permanecer elevados, eligiendo cada día, en cada momento estar aquí y ahora, presentes, en amor hacia nosotros mismos y los demás.

Esto me lleva a la frase, o tendencia del «Guerrero de luz», en serio, trabajamos para estar y permanecer en paz, para salir y manejar la oscuridad y volvemos a separarnos, considerándonos mejores, en lucha, como si fuera necesario luchar para defender la luz, la estabilidad, etcétera. Esa lucha contra quién es, contra la oscuridad, y ella dónde se halla, en nosotros. Entonces volvemos al conflicto con uno mismo, a querer que desaparezca sin mirarlo de frente y abrazar mi oscuridad, como si mi sombra fuera lo malo o incorrecto.

Recuerda que sin oscuridad no hay luz, y viceversa, son un todo. Sin bueno o malo, según cómo lo veamos. Se trata de emprender el camino hacia ti, descubrir todo cuanto hace que seas este personaje y lo aceptes, sin juicios. Abrazando nuestra sombra, de esta forma podemos integrarla, dejando de verla como algo separado o erróneo, está y me recuerda dónde mirar en mí, para amarme por completo.

Hemos de respetar los puntos de vista de los otros, y la forma en que ven las cosas, sabiendo discernir y filtrar la información que nos llega, dejándonos sentir y llevar por nuestro maestro interno. Es decir, si algo no te resuena, no te cuadra, fíltralo, sé consciente de lo que eliges, de dónde estás y del para qué estás trabajando.

Lo que importa es cómo te hace sentir lo que haces, si estás en busca de la paz, sé paz, sé amor, no busques fuera, en gurús, libros, charlas y demás lo que llevas dentro. Está bien para hacerte recordar, o reiterarte en tu verdad, evita fingir, seguir o imitar, sé auténtico, sé tú.

Atiende a la llamada, toma la responsabilidad de tu vida

En este momento necesitamos de nuestra atención, enfoque y determinación para centrarnos en nosotros mismos. Atender nuestro sentir, a nuestras sensaciones y observar cómo estamos, si nos mueve una situación, una emoción o una persona. Se requiere estar presentes, para ser conscientes y tomar responsabilidad de cada uno.

Al coger las riendas de nuestra vida, tomando la responsabilidad de nuestro bienestar, salud, estado emocional y reacciones, podemos ser capaces de elegir una vida en paz, trabajando en ello. Es una elección diaria, que requiere de un compromiso con uno mismo. Atendiendo nuestra demanda de atención, mimos, cuidados, escucha y demás, todo aquello que esperamos siempre de otra persona, es dárnoslo a nosotros mismos. Ser nuestros amantes, compañeros, apoyo y aliento, para crear una conexión sana y equilibrada con nosotros y con las personas de nuestro entrono. De esta forma evitamos generar relaciones de codependencia.

Cuando ponemos en las manos de otra persona nuestra felicidad, es un acto de desesperación, para que otra persona se ocupe de mis necesidades, heridas y bienestar. Esto es una falta de amor hacia nosotros mismos, de respeto hacia nosotros y el otro. Hemos de crear una relación armoniosa con nosotros, porque desde ahí podremos entablar relaciones sanas con los demás. Sin el juicio, la crítica, la espera, la ilusión, las expectativas, que tanto nos frustran, y encargarnos de nuestra vida.

Vernos seres, personas completas, sin necesidad de que venga nadie a ponerme un parche o una tirita. Podremos establecer relaciones auténticas, permitiendo que cada uno se encargue de su bienestar y compartir ese estado con el otro. Siendo auténticos, empoderados, conscientes de nuestro potencial, de nuestras necesidades y entendiendo que cada uno se nutre, se sana y se ilumina.

De paseo por el parque de atracciones

Nos encontramos ante una fuerte sacudida energética. Semejante a estar en una montaña rusa, vamos pasando de atracción en atracción, con lo que ello implica, las temibles subidas y bajadas emocionales. En serio les digo, que de esto vamos a salir con un cum laude. Lo importante en esta situación, es ser respetuoso con uno mismo, con lo que estamos sintiendo y cómo percibimos lo que acontece. Entendernos, dejar de exigirnos o pretender que nuestra vibración cambie de un momento para otro.

El respeto hacia nosotros y nuestro sentir es primordial en este proceso. Siendo comprensivos, amables y amorosos con esa parte de nosotros que se siente en desgana, decaída o con ganas de dejarlo todo. Abracemos a nuestras partes heridas, seamos apoyo, arropo y aliento para nuestro niño o niña interior. Habla contigo, funciona, sentir que estás a tu lado, hablar contigo como con tu mejor amigo. Recuerda que cuando eres tu peor juez, criticas cada acción o sensación te sientes en malestar, depende de cada uno sentirse en calma, aceptando lo que es.

He aquí otro de los fundamentos para vivir una vida en paz, la aceptación. Aceptemos lo que ocurre, cómo nos sentimos y cómo reaccionamos ante ello. Observar nuestros comportamientos es la llave, para hallar la salida a nuestros fatídicos bucles mentales. Observa cómo reaccionas, y recuerda que el otro no es tu enemigo, está ahí para reflejarte una parte de ti, a la que no escuchas, has abandonado, o no tratas con respeto. Nos muestran dónde estamos con respecto a nosotros mismos, cómo nos amamos. Desde ahí, al aceptar dónde estoy, puedo disponerme a cambiar de perspectiva, transformando la relación que tengo conmigo mismo.

La relación con nosotros es fundamental para vibrar en bienestar, elevando nuestra energía. En serio, dejémonos de esperar que el otro nos ame, nos mire o nos valore, y comencemos a transitar la senda que nos lleva a nuestro interior. Para reconciliarnos con nosotros, soltando las dudas, comenzando a confiar en nuestro sentir, en nuestra intuición, respetando cada estado o proceso que vivimos, siendo amorosos y tiernos con nosotros mismos, ya es hora no creen.