Ve a tu encuentro, deja de buscar respuestas.

Tenemos tanta información para entender ciertos procesos, darle sentido de algún modo a lo que estamos viviendo, sintiendo, que es abrumador. Parece que las respuestas nos las dan, sin que las sintamos como nuestras, es normal que te sientas de esta forma u otra porque astrológicamente está sucediendo este aconteciemiento, o porque hay determinados movimientos energéticos, para cada desajuste interno que atravesamos, hay una explicación, en un vídeo, un post, una imagen, etcétera. Estamos saturados de supuestas explicaciones, que nos ofrecen otras personas para comprender lo que nos sucede a nivel individual, que desde mi punto de vista, agradecida a todos los que nos brindan su amor desde ahí, siento que no nos permitimos sentirlo, sin más, sin buscar un porqué, simplemente darnos el espacio para lo que es, sin tratar de darle sentido con algún acontecimiento externo. Nuestra autenticidad, a parte de mostrarnos tal como somos, también es ser responsables de lo que sentimos, permitiéndonos conectar con nuestra sabiduría, sin depender de lo que nos digan los demás que creen saber.

Nuestros ciclos, nuestro trabajo personal.

Hemos de centrarnos o enfocarnos en lo que nos hace sentir bien, en lo que nos levanta, impulsa y anima. Es normal sentirnos perdidos, frustrados o cansados, en desánimo, hemos de permitirnos ese estado, abrazarnos y dejarnos sentir, soltando todo lo que llevamos guardado, para liberarnos del peso. Una vez que hemos hecho este ritual de liberación, desde el arropo de nuestro amor, es hora de soltar ese estado, sin quedarnos anclados a él.

Este estado como cualquier otro es pasajero, una vez que se instala definitivamente, sin tiempo u hora de salida, hemos de ser conscientes y darnos cuenta que no es nuestro estado natural de paz, y es hora de trabajar, de hacer nuestra parte para darle su adecuada despedida.

Por esto es importante el que nos permitamos sentir, darle espacio, voz, silencios, arropo, de esta forma nos estamos preparando para su marcha. Tal como viene, se va, es cíclico. Si al contrario, nos quedamos estancados, en el sentimiento, sujetándolo con fuerza, usándolo de excusa para no avanzar, transformarnos o mirar de frente nuestro interior, nos quedaremos en la cárcel que nosotros mismos hemos permitido.

Todo nos lleva a que seamos responsables de nosotros mismos, de nuestro estado de paz y bienestar, que nos hagamos cargo de nuestras necesidades, desde el respeto y el amor. Siendo conscientes de cuándo necesitamos un empujoncito, una palmadita y palabras de motivación y aliento, para conseguir sacudirnos la pesadez y la densidad.

Podemos estar en paz, se trata de un trabajo individual, que requiere consciencia y amor propio. Cada día, independientemente de lo que esté sucediendo, podemos elegir trabajar en nuestro estado, aceptando cómo nos sentimos, dándole su espacio, motivándonos e impulsándonos a estar en paz ante ello, sin desesperación, ni culpa.

Si quieres algo, hazlo

Voy a hacer una reflexión y la comparto con ustedes. Mientras veía una serie (ya saben que hay mensajes en todas partes), uno de los personajes dijo, «Estoy contenta y es porque hago cosas para estar contenta». Me pareció sublime, así es. Nos hemos de involucrar en nuestro bienestar, felicidad, estado de plenitud, disfrute, como quieran llamarlo, para procurar ver la otra cara de la misma moneda.

Nos pasamos los días esperando que suceda algo para que nos cambie la vida, que cambie la situación o el resultado. Esperamos que llegue esa persona «ideal», ese trabajo, esos amigos, ese viaje, etcétera, que al suceder como por arte de magia, sacudirá nuestras historias, preocupaciones, estados de apatía o hastío, para elevarnos como Aladín en la alfombra mágica y rescatarnos de este abismo.

Siento decirles señoras y señores, que nadie nos libera, nos salva o nos sana, sólo nosotros, cada uno, tiene en sus manos la posibilidad de vivir mejor, o si prefieren decirlo en plan teatral «su salvación».

Si quieres estar contento, haz aquello que te haga sentir bien, que te llene, trabaja en la actitud que empleas en el día, en tu forma de ver las cosas. Eres tú quien decide, nadie más. Si quieres paz, sé paz. Si quieres amor, ámate, respétate, abrázate.

Como decía en la frase, haz cosas para estar de esa forma que quieres. Si quieres conseguirlo, trabaja, sé constante en tu práctica. Todos estamos en ello, yo incluida. Cada día he de hacer mis elecciones y darme cuenta de los patrones limitantes en los que he de trabajar. Se trata de elegirnos, de tomar consciencia y dejar de culpar a lo externo por cómo nos sentimos y hacernos cargo de nosotros mismos, de nuestro niño o niña y responsabilizarnos de su bienestar como los adultos que somos.

La honestidad nos hará libres

Sé honesto contigo, no podemos avanzar si continuamos cargando con peso en nuestra mochila. Si te apetece incluso puedes elegir no llevar ninguna. Claro está que es un trabajo para desarrollar diariamente, decidiendo estar presente, consciente de cada paso, elección y pensamiento, para no dejarnos seducir por la mente y volvamos a caer en su juego, entrando en el incesante bucle mental de las limitaciones autoimpuestas.

Elige observarte, sin juzgar aquello que aparezca, sólo sé un espectador de lo que veas. Conoce cada escondrijo de tu mente, para identificar aquel patrón que ya no sientas beneficioso en tu momento presente. De este modo cuando la mente se ponga en modo automático, puedas darte cuenta, tomar las riendas y dejar de actuar de esa forma que te desgasta.

Seamos conscientes de nuestros hábitos o tendencias tóxicas, que nos hieren y limitan. Decidamos responsabilizarnos de nuestro autocuidado. Trabajando en nuestros patrones, dando el paso cada día hacia la libertad. Sintiéndonos protagonistas de nuestra historia, escogiendo permanecer presentes.

Momento de trascender

Atravesamos una época de cambios, desenredos, trascendencia y evolución. Llevamos un tiempo de esta forma, revueltos, sin filtro y soltando, aunque con cierta resistencia, todas las creencias que nos desequilibran.

La vida, el universo, nos ha ido mostrando, a través de lo vivido, lo que hemos de desechar, abandonar, limpiar o despedirnos, porque ya no nos es útil. Con profunda gratitud hacia estos patrones de supervivencia, que nos han conducido a este momento.

Ahora, en este instante, conscientes de quiénes somos, de lo que queremos y ya no en nuestras vidas, eligiendo la paz, la claridad y vivir despiertos, llega el momento de dar el siguiente paso y transcender dichos comportamientos, creencias, conductas que nos anclan o limitan, en una densidad que ya nos resulta incómoda.

Llega la hora de ser conscientes de nuestras elecciones, de andar a cada paso presentes, saboreando la vida, responsabilizándonos de nuestro sentir, abrazando nuestras emociones. Siendo un espectador consciente que transita el camino de la vida con plena confianza en el universo y en sí mismo.

lA LIBERTAD ESTÁ EN TUS MANOS

Durante toda nuestra vida cargamos con un peso a nuestras espaldas y en nuestro corazón. Una carga demasiado pesada, que en incontables ocasiones nos impide avanzar o mostrar nuestra verdadera naturaleza, por miedo o inseguridades. Hay un peso, una mochila cargada de rencor, de resentimiento acumulado durante estos años, por las experiencias, que nos lleva a reprimirnos, a ocultarnos e incluso a comportarnos de una determinada forma agresiva, a la defensiva o esquivando al otro, por temor a vivir lo mismo.

Esa mochila llena de recuerdos y de dolor, nos desgasta, nos drena la energía y las ganas de vivir. Cada momento volvemos a rememorar aquella experiencia, conversación o situación que nos conduce al abismo. Sin darnos cuenta alejamos a las personas de nuestro entorno, las catalogamos como iguales al resto, y nos ponemos en modo defensa o ataque, sin ser conscientes que el otro no es nuestro enemigo.

Cada célula de nuestro cuerpo reacciona a nuestros pensamientos, si estos son de negatividad, decepción o rencor, nos llenaremos de energía densa, desequilibrada y nos sumergimos en la oscuridad, encarcelándonos en la prisión mental de la amargura, el desespero y el desaliento.

En nuestras manos está la decisión, las riendas de nuestra vida, elegir cogerlas y hacernos cargo de nuestra vida, es nuestro privilegio, es una oportunidad de liberación. Dejando de culpar al otro por cómo me siento y hacerme responsable de mi dolor, frustración o decepción.

El perdón nos hace libres, nos desenreda la maraña de la mente, soltando a las personas, experiencias o situaciones a las que nos hemos estado aferrando, para tener a quién culpar por cómo nos sentimos o por cómo es nuestra vida. Hemos de ser conscientes de este patrón mental, para responsabilizarnos de nosotros mismos.

Al permitir perdonar al otro, me estoy permitiendo perdonarme a mí mismo. Por no saber hacerlo de otra forma, por haber elegido aquella opción o camino, por no haber sido respetuoso conmigo o no amarme como me merezco.

Todo nos conduce al amor hacia nosotros, a nuestro reencuentro. Podemos elegir creer y darnos cuenta que somos libres, saliendo del influjo de la mente, del victimismo o el drama. Decidiendo dejar atrás lo que fue, y darle la bienvenida a este instante de vida, el ahora.

Libérate de la prisión mental, decide tomar las riendas, perdona todo aquello que te pese, tómate tu tiempo. Recuerda que no hay prisa, respeta tu ritmo. Perdónate y ámate, eres un ser maravilloso, digno, lleno de vida y de amor, créelo.

Atiende a la llamada, toma la responsabilidad de tu vida

En este momento necesitamos de nuestra atención, enfoque y determinación para centrarnos en nosotros mismos. Atender nuestro sentir, a nuestras sensaciones y observar cómo estamos, si nos mueve una situación, una emoción o una persona. Se requiere estar presentes, para ser conscientes y tomar responsabilidad de cada uno.

Al coger las riendas de nuestra vida, tomando la responsabilidad de nuestro bienestar, salud, estado emocional y reacciones, podemos ser capaces de elegir una vida en paz, trabajando en ello. Es una elección diaria, que requiere de un compromiso con uno mismo. Atendiendo nuestra demanda de atención, mimos, cuidados, escucha y demás, todo aquello que esperamos siempre de otra persona, es dárnoslo a nosotros mismos. Ser nuestros amantes, compañeros, apoyo y aliento, para crear una conexión sana y equilibrada con nosotros y con las personas de nuestro entrono. De esta forma evitamos generar relaciones de codependencia.

Cuando ponemos en las manos de otra persona nuestra felicidad, es un acto de desesperación, para que otra persona se ocupe de mis necesidades, heridas y bienestar. Esto es una falta de amor hacia nosotros mismos, de respeto hacia nosotros y el otro. Hemos de crear una relación armoniosa con nosotros, porque desde ahí podremos entablar relaciones sanas con los demás. Sin el juicio, la crítica, la espera, la ilusión, las expectativas, que tanto nos frustran, y encargarnos de nuestra vida.

Vernos seres, personas completas, sin necesidad de que venga nadie a ponerme un parche o una tirita. Podremos establecer relaciones auténticas, permitiendo que cada uno se encargue de su bienestar y compartir ese estado con el otro. Siendo auténticos, empoderados, conscientes de nuestro potencial, de nuestras necesidades y entendiendo que cada uno se nutre, se sana y se ilumina.

Llegó el momento de tomar las riendas y confiar en uno mismo.

Comencemos a confiar en lo que es, en lo que llega a nosotros y para nosotros. Estamos constantemente en desconfianza, ante lo que sucede, sin aceptarlo, ante las personas de nuestro entorno, pensando si me hacen algún mal y ante nosotros mismos, desconfiando de nuestra capacidad. Es momento de dejar atrás toda limitación, patrón de pensamiento que nos lleva a la espiral mental de desconfianza, y llenarnos de fe, de confianza en nosotros mismos.

Continuamente andamos preguntando a los demás por nuestras inquietudes, por lo que hemos o debemos hacer, ante nuestras dudas, consultando nuestras decisiones, esperando que el otro me diga cómo, y qué. Ya es hora de tomar las riendas de nuestra vida. De entender que nosotros somos los responsables de cómo nos sentimos, de cómo reaccionamos ante lo que acontece, y de nuestro bienestar, y esto conlleva la toma de decisiones.

Cada uno de nosotros sabe en su foro interno, qué es lo que quiere, hacia dónde o cuándo, lo que nos resulta cómodo, que sea el otro el que nos lo diga, de esta forma, si albergamos alguna expectativa, y el resultado no es lo esperado, podemos culpabilizar a la persona del consejo, de nuestro «fracaso», «error», etcétera. Sin entender que somos nosotros quienes decidimos, eligiendo el camino tomado, y que en verdad no hay errores, hay un sinfín de aprendizajes.

Toma las riendas de tu vida, confía en tu determinación, discernimiento y decide ser tú mismo. Confiando plenamente en tu sabiduría interna. Ve hacia ella, escucha tu voz. Aprende a diferenciar la voz de tu ser, con la voz de tu mente. La de tu mente está en constante parloteo, y si no le haces caso grita, va a hablarte de desconfianza, de ego, de miedos, de dudas, etc. En cambio la voz de tu ser, te susurra, es calmada, te habla de amor, de tranquilidad y amabilidad, hacia ti y los de tu entorno.

Cree en ti, ámate, sé respetuoso contigo, con tus procesos, toma la decisión de estar a tu lado, sin criticarte. Sé tu mejor amigo, tu mejor aliado.