Nuevo comienzo ¡Allá voy!

Podemos empezar una y otra vez. Hemos de liberarnos de la creencia de «Es demasiado tarde», «Ya no puedo», «No valgo», «No soy suficiente». La vida está llena de oportunidades, de posibilidades y probabilidades, de causa y efecto, de consecuencias, de caminos, desvíos, en definitiva, de elecciones.

Nuestras decisiones son las que marcan hacia dónde, son las que nos permiten vivir o perecer en vida. Permitamos que la vida sea, que nos atraviese, que nos haga florecer, que nos mueva, que nos haga temblar, de eso se trata, de sentir, de estar VIVOS.

Podemos comenzar de nuevo, donde sea, como sea, como queramos, depende de nosotros, depende de ti, dejar que los miedos nos dominen, nos consuman o saltar , sin más, SALTAR y volver a empezar.

Recuerda que no será de cero, comienzas con tus experiencias, con tu sabiduría, con tus años, sí, con tu edad, a esta edad puedes, lo mereces, los límites están en nuestra mente. Hazle saber, a la mente, que estás dispuesto, que vas a VOLAR, QUE CREES EN TI.

TOMAR CONSCIENCIA ME LIBERA

Porqué sentirnos atrapados en una situación en la que sabemos que no queremos estar. En un recuerdo, una foto, una canción, en esa interminable espiral de melancolía y necesidad, que nos quiebra y desgasta. Es crucial que nos demos cuenta que este tipo de estados, no son saludables, que nos restan paz y nos desequilibran. Hemos de saber de qué se trata, mirándolo de frente, sin agobio, miedo o ira, simplemente con comprensión. Es mirar de frente a esa parte de mí, que se siente aferrada a dicha situación, relación, proceso o época.

El apego es un estado de creernos con la necesidad de estar de nuevo en aquella circunstancia o relación. Tendemos a huir u ocultar que estamos apegados a alguien o a algo, negando ese sentimiento o proceso, sufriendo en silencio o a gritos, por la creencia que alberga mi mente, que me encarcela, de que no puedo estar o vivir sin aquello de lo que me creo dependiente.

Cuando sentimos que nuestro mundo se desborda, si esa persona no está en mi vida, si las cosas no están sucediendo como eran antes, etcétera, cada vez mi energía disminuye y mi mente reacciona haciéndome creer que no soy digno, capaz, válido, querido o suficiente. Hemos de ser conscientes de este patrón de pensamiento, de esas creencias que nos abruman, quiebran o hieren. Hay muchas creencias que albergamos que nos restan bienestar, es nuestra elección trabajar en ellas para vivir en paz.

Trabajando desde el respeto hacia nosotros, con amor, comprensión y amabilidad, siendo conscientes que una parte de nuestro personaje en esta realidad, se siente atrapado y anclado en ese estado. Podemos dejar de sentirnos bloqueados y en sufrimiento, encargándonos de este dolor, abrazando a esa parte nuestra, dejando de recriminarle cómo me siento, de entrar en lucha conmigo mismo y liberándome de estas ataduras autoimpuestas.

Atenderme, escucharme, abrazarme, arroparme, respetarme y apoyarme, dándome mi tiempo, es el resultado de una sana relación conmigo mismo, y es lo que me conduce a la liberación de dichos patrones mentales que me agotan. Es decir, la clave está en trabajar en la relación que tengo conmigo mismo. El amor hacia mí, me salva, me sana, me cura y me libera.

Momento de aprender a discernir, siendo coherentes

La idea de despertar para ver las cosas desde otra perspectiva, siendo conscientes de quiénes somos, de nuestro potencial, de nuestra luz, unión y expansión, se hace cada vez más tangible. Siendo posible gracias a nuestro trabajo y entrega, a decidir querer hacer las cosas de otra forma, soltando la lucha, la comparación, la exigencia y la crítica. Alegrándonos por los triunfos y avances del otro. Recuerda que si tú avanzas le recuerdas al otro cómo hacerlo y si es el otro es el que emprende el vuelo, te está diciendo a ti, «Oye, tú puedes, recuérdalo».

Hemos de desechar de una vez la necesidad de grandiosidad y de adelantar al de al lado, para demostrar que puedo, que valgo y que soy mejor. Esto ya no nos vale, nos aleja de nuestra meta, que es estar en paz, conmigo y con las personas de mi alrededor. Sintiendo esa unión, trabajando juntos por lo mismo, aunque cada uno esté en una punta del mundo y no sepamos el uno del otro, se trata de permanecer elevados, eligiendo cada día, en cada momento estar aquí y ahora, presentes, en amor hacia nosotros mismos y los demás.

Esto me lleva a la frase, o tendencia del «Guerrero de luz», en serio, trabajamos para estar y permanecer en paz, para salir y manejar la oscuridad y volvemos a separarnos, considerándonos mejores, en lucha, como si fuera necesario luchar para defender la luz, la estabilidad, etcétera. Esa lucha contra quién es, contra la oscuridad, y ella dónde se halla, en nosotros. Entonces volvemos al conflicto con uno mismo, a querer que desaparezca sin mirarlo de frente y abrazar mi oscuridad, como si mi sombra fuera lo malo o incorrecto.

Recuerda que sin oscuridad no hay luz, y viceversa, son un todo. Sin bueno o malo, según cómo lo veamos. Se trata de emprender el camino hacia ti, descubrir todo cuanto hace que seas este personaje y lo aceptes, sin juicios. Abrazando nuestra sombra, de esta forma podemos integrarla, dejando de verla como algo separado o erróneo, está y me recuerda dónde mirar en mí, para amarme por completo.

Hemos de respetar los puntos de vista de los otros, y la forma en que ven las cosas, sabiendo discernir y filtrar la información que nos llega, dejándonos sentir y llevar por nuestro maestro interno. Es decir, si algo no te resuena, no te cuadra, fíltralo, sé consciente de lo que eliges, de dónde estás y del para qué estás trabajando.

Lo que importa es cómo te hace sentir lo que haces, si estás en busca de la paz, sé paz, sé amor, no busques fuera, en gurús, libros, charlas y demás lo que llevas dentro. Está bien para hacerte recordar, o reiterarte en tu verdad, evita fingir, seguir o imitar, sé auténtico, sé tú.

Fluye, muéstrales cómo.

Es momento de centrarnos en nuestra vida, nuestro sentir, nuestras experiencias. Dejar de creer que sabemos lo que les conviene a los otros, creyéndonos mejores o en una posición más elevada. Entiendan que cada cosa que es juzgada, de una forma o de otra vamos a vivirla, el universo tiene este peculiar sentido del humor, para que entendamos qué es ir con los zapatos del otro. Se gasta demasiada energía pretendiendo que los demás hagan lo que nosotros consideramos mejor, si muchas veces no sabemos ni lo queremos para nosotros mismos, o lo que nos conviene. No es más fácil vivir y dejar vivir.

En este soltar, se haya nuestro adorado, pero cargante control. Hemos de ser conscientes en qué nos beneficia querer controlarlo todo, es agotador, las cosas salen como salen, aunque nos degastemos porque salgan como queremos o esperamos, van a ir por su camino, así son, así es la vida. Y no creen que de esta forma es más divertido, sin tanta planificación, sabiendo qué cosa, dónde y cuándo. Dónde queda la sorpresa, el reto, el impulso por mejorar, por animarse a uno mismo ante cualquier situación inesperada, la confianza en que sabremos reponernos y seguir o parar, como queramos en ese momento, sin expectativas, siendo libres.

Libertad, no es algo a lo que haya que seguir, perseguir o luchar por ella. Ella está, es y se manifiesta cuando queramos, según nuestra manera de ver y llevar las cosas. Por naturaleza somos libres, esas creencias, patrones, pensamientos y formas de ver la vida, de actuar y sentirnos, es autoimpuesta, cuando quieras puedes decir «A tomar viento» y permitirte ser tú mismo, sin exigencias, estándares o protocolos.

Permítete vivir en lugar de sobrevivir cada día. Recuerda que no hay que hacer nada extraordinario, simplemente ser tú, dejándote llevar por el momento, aceptando, desechando la lucha, la resistencia y el querer que todo salga con una determinada estructura.

Suéltate el pelo y permite que el viento te despeine, siente esa sensación, es libertad. Deja que los demás se muestren como quieran, que sean. Si están en el bucle de la necesidad de tenerlo todo bajo control, del miedo, la ira, déjalos, fluye, acepta, evita el juicio, actúa de manera que vean que se puede hacer de otra forma, una más ligera, flexible y conectado. Permanece en ti, en tu verdad, en lo que te llena y vive.

De máscaras va la cosa.

Qué curiosas son las cosas del universo, nos encontramos pasando una época de autodescubrimiento, en la cual nos estamos desquitando de viejas costumbres, patrones y creencias. Ello conlleva dejar las máscaras a un lado y ser nosotros auténticos. Y en este momento hemos de utilizar mascarillas para estar en la calle, si estás solo o con las personas de convivencia, no es necesario. Interesante no creen. Estos son los sutiles toques de humor del universo.

Estos días lo estaba pensando, qué casualidad, o causalidad. Nunca sé con certeza qué va antes, si la gallina o el huevo. Lo único que hemos de tener claro es que todo está sucediendo para nosotros. Para simplificar nuestras vidas, siendo conscientes de estar presentes mientras hacemos cualquier tarea, mientras compartimos con nuestros seres queridos o estamos a solas, estar justo donde estamos. Sin volar o dejarnos llevar por las agotadoras espirales mentales.

Está de moda el estar presente o ser consciente, el estar aquí y ahora, y es totalmente cierto. Por experiencia o práctica, les digo que no es lo mismo, la comida, sin ir más lejos, no sabe igual, sabe mucho mejor. Dejémonos de chorradas que ya estamos mayores para tonterías, oye el que tontee y esté en bienestar perfecto, el que no, que se ponga manos a la obra, y trabaje en ello. Consiste en comprometerse con uno mismo, no es tan complicado. Es elegir diariamente estar contigo, saboreando cada instante, parece un anuncio publicitario, les digo que es de lo más efectivo. Hagan la prueba, como buenos aventureros tomen esa ruta y experimenten.

Cada día estar presentes, despiertos, conscientes, observando dónde están, qué están haciendo, siendo protagonistas de su historia, no dejando que se la cuente otro. Practicar es la clave, ser comprensivos, pacientes, respetuosos y amables con uno mismo, porque volveremos a lo de antes, y tanto, lo que importa es la lealtad hacia nosotros, dónde queremos estar y cómo nos queremos sentir, en paz y bienestar. Pues a por ello, trabajando desde la curiosidad, riendo si no sale como esperabas, soltando de una vez por todas el tedioso control, que nos amarga el día.

Vivamos libres, sin el qué dirán, sin querer encajar, ya es momento de amarnos a nosotros mismos como somos, y mostrarlo al mundo.

Es momento de emprender el camino, que me conduce al amor hacia mi mismo

Estamos acostumbrados a actuar y trabajar por objetivos, y si en el día no he hecho aquello que me había propuesto o logrado las metas que pretendía, acabamos frustrándonos, enfadándonos con nosotros mismos y haciéndonos sentir en malestar.

Es hora de entender que nuestro diálogo interno, el trato que nos damos a nosotros mismos es lo más importante. De ello depende cómo nos relacionamos con los demás, cómo filtramos la información de lo que acontece, y cómo actuamos ante ello.

Lo que hemos de hacer es soltar esas viejas, obsoletas y limitantes formas de pensamiento, desechando la comparación, el conseguir nuestros logros a expensas de nuestro bienestar y todo patrón que nos lleve al desgaste, el agotamiento, la autocrítica y el juicio. Es momento de creer en nosotros, de enfocarnos en el aquí y ahora, sé que está muy de moda, de verdad les digo que si se enfocan en el ahora pueden conseguir lo que se proponen, sin exigencias, sin prisas, disfrutando del camino.

Comiencen por emprender el camino, con un paso, aunque sea pequeño. Comprométanse con ustedes mismos, en amarse, respetarse, cuidar de ustedes, siendo comprensivos, honestos, leales, fieles a vuestra verdad. El primer paso es abandonar ese diálogo de crítica, soltar los juicios y el autocastigo, dándose cuenta que ustedes sois vuestros maestros, el amor de vuestra vida. El camino es maravilloso, recuerden que si lo ven como algo difícil, así se manifestará, como decía Wayne Dyer «Si crees que no funcionará, verás obstáculos. Si crees que sí funcionará, verás posibilidades». Es dar el salto de fe hacia ustedes, decidiendo ser auténticos, sin máscaras, sin fingir, sin compararse, sin competir, viendo el lado bueno de las cosas, los aprendizajes que hay para mi. Para ello es fundamental, empezar por ustedes mismos, viéndose de otra forma, desde la aceptación de lo que son, de sus luces y sus sombras, entendiendo por luces sus virtudes, y por sus sombras, sus inquietudes, dudas, miedos, bucles de ira, drama. Aceptando todo ello, sin luchar con ustedes, suelten esa lucha, esos conflictos internos, sí se puede, siempre y cuando tomen la decisión de amarse.

Es una práctica diaria, que requiere paciencia y compromiso. Cada uno de nosotros tiene su ritmo, su paso. Es decidir cada día amarse, ver lo que acontece desde la ligereza, soltando el juicio hacia ustedes y hacia los demás. Cada vez que entren en bucle, porque lo harán, forma parte de vivir en esta realidad, elijan el amor, elíjanse a ustedes mismos, y desde ahí siendo comprensivos y tiernos con ustedes mismos, pueden enfocarse en el momento presente, saliendo de la espiral mental.

Dolor del pasado, ya es hora del adiós

Estamos llenos de dolor del pasado, nos impide en ocasiones avanzar, y no sabemos cómo actuar ante ello, nos asustamos y lo ocultamos. No les parece que es una mochila demasiado pesada, que ya está bien, que es momento de decir hasta aquí, ya no más. No se trata de ver de quién o qué, o de culpar, y seguir cargando con esa rabia, rencor o ira, que nos hace desfallecer. Esos sentimientos tan pesados, que nos bajan la vibración, no los sostiene la otra persona, los llevamos nosotros, como un tatuaje al que miramos de vez en cuando, para que nos recuerde el dolor que tuvimos y que aún persiste, para seguir siendo víctima y quejarnos del comportamiento del otro o de las circunstancias. Deshazte de ese peso, sólo lo llevas tú, y es hora de que te cuides, de que quieras ser libre. El perdón nos libera, el amor hacia nosotros nos sana. Esa es la gran solución, el gran misterio y la pócima mágica, «Nuestro amor es la cura». Ámate tal como eres, con tus luces y tus sombras, esas partes de ti que te has esmerado por ocultar, incluso a ti mismo, acéptalas, ámalas, integra toda tu sombra, y dale luz a esos espacios. De esta forma te das la oportunidad de vivir libre, libre del dolor acumulado, del rencor, sanar las heridas y dar carpetazo a esos ciclos, desde el amor, decir gracias y cierro porque ya toca.

El ahora es, sumérgete en él.

Como cada año, nuestras expectativas son bien altas, nos planteamos cambiar ciertos hábitos, comenzar cosas distintas, ya sea algún deporte, tareas del hogar o conocer gente nueva. Una cosa está clara, queremos algo diferente, queremos que este año, todo aquello que nos habíamos propuesto salga, o de sus frutos. Nos pasamos planificando toda la agenda, con lugares por descubrir, con reuniones con amigos, o apuntarnos a alguna aplicación en la que nos sorprenda y encontremos el amor. No nos damos cuenta que todo eso es hacia fuera, y que nos pasamos la vida buscando en el exterior, lo que en verdad está en nosotros. Creemos que al cambiar de costumbres, las cosas serán de otra forma, que si me comporto de determinada manera, dicha persona se fijará en mi, o conseguiré ese trabajo, no digo que esté bien o mal, como me repito mucho, no hay nada bueno, ni malo, todo depende de cómo nos haga sentir, y de dónde nos encontremos en ese momento. Lo que está claro, es que nos hemos de dar cuenta que todo lo que ha sucedido es para decirnos, deja de fingir, deja de ser quien no eres, suelta las máscaras, no imites y se tu mismo. Acéptate tal y como eres, acepta la situación que está aconteciendo en tu vida ahora, y adáptate si quieres permanecer cuerdo, o ligeramente estable mentalmente, evitando ceder a la costumbre de dramatizarlo todo, y que caigas de cabeza en la espiral de autocastigo.

Seamos auténticos, genuinos, dejémonos de tanta tontería y vivamos el momento, la vida como se merece. No hablo de dejarlo todo y recorrer el mundo, que está genial para el que pueda y así lo sienta, hablo de que cada día nos levantemos con confianza, con curiosidad, y con la certeza de que estamos donde tenemos que estar. Que nos escuchemos, que respetemos nuestro sentir, y seamos coherentes con ello. Que soltemos la manía de controlarlo todo, de planificar cada segundo, y nos dejemos llevar por lo que es, por lo que pasa ahora.

Podemos elegir estar en paz, al transitar nuestro camino

Hace tiempo que no escribo, he estado como estamos todos en este momento, con nuestros procesos, ciclos y demás. Me encanta escribir y he sentido una barrera, autoimpuesta por supuesto, siempre es de uno, aunque mucha veces queremos aplicarlo a lo externo. Vivimos una época de cambios, de incertidumbre y todo conlleva a ver las cosas, el mundo, lo que acontece desde una nueva perspectiva, otra forma de mirar, de filtrar la información. Cada uno de nosotros tiene sus procesos, tal y como los lleva es perfecto, es momento de soltar y dejar de una vez los juicios, hacia los otros y hacia uno mismo. Queremos destacar, llegar a donde nos habíamos propuesto de una forma u otra, ser perfectos, sin percatarnos que en el camino nos desgastamos, y nos conduce a confiar, que en ocasiones si no llegamos a donde queríamos es porque no tenía que ser, tal vez porque el nuevo destino sea más propicio para uno.

Se que está muy oído, o muy usado, pero es cierto, hemos de dejarnos llevar por la vida, evitando planificar al detalle cada situación o acontecimiento, desechando las expectativas que son las que nos sumergen en el caos emocional. Cuando nos proponemos fluir con el momento presente, estando conscientes de cada instante, con cada parpadeo, podemos contemplar lo afortunados que somos, y la plenitud que nos rodea.

La clave para todo es el autoamor, amarnos plenamente, aceptando cada parte de nosotros, con nuestras luces y nuestras sombras. Eligiendo ser uno mismo, abandonando las máscaras, las apariencias, sintiéndonos genuinos, completos y llenos de un potencial ilimitado. Pon tu corazón en lo que hagas en el día, hazlo desde tu centro, deja huella, derrocha amor.

Otra herramienta fundamental para continuar consciente, es la aceptación y la adaptación. Una va tras la otra, aceptando las circunstancias, lo que está aconteciendo en este instante, puedo estar en paz, en calma ante ello. Si acepto lo que es, permaneciendo en calma, puedo adaptarme sin resistencia, sin desgastarme, y de esta forma coexistir con mi entorno, de una manera armoniosa, dejando atrás la autodefensa, el sentirme atacado, la queja, y por consiguiente el sufrimiento.

Nuestro estado de ánimo, nuestra actitud depende exclusivamente de uno mismo, lo externo no me condiciona, dejemos esa creencia, que nos lleva a culpabilizar a los demás o las circunstancias, tomemos las rienda de nuestra vida, y entiende que cada día, tu eres quien elige cómo ver lo que sucede y cómo actuar ante ello. Esto no quiere decir que estemos constantemente alegres, con una actitud positiva, permítete tener tus días de remolinos, y torbellinos emocionales, es normal, lo que puedes elegir es permanecer en paz ante ello.

Es tu elección, despertar o continuar en el sueño

En muchas ocasiones nos sentimos frustrados, abrumados, por lo que acontece a nuestro alrededor. Nos introducimos de lleno en el bucle mental, creyendo cada parte, que la mente nos manifiesta, imbuidos por el drama, la ira, la rabia. Nos dejamos arrastrar y caemos en las redes del ensueño. Haciendo nuestra esa emoción que nos aplasta, que nos hace sentir abatidos o enfurecidos, terminando agotados, desgastando nuestra energía. Hemos de identificar dónde estamos. No es difícil salir del bucle mental o del torbellino emocional, soltemos esa creencia, todo es según cómo lo mires, y cómo actúes ante ello. Es cuestión de tomar la decisión de ser responsables de nuestras vidas, abandonando las creencias y patrones mentales limitantes. Tomando las riendas y querer ver que todo es una manifestación mía, para darme un mensaje, para decirme hacia dónde he de mirar en mi interior, que he de airear y soltar. Somos los artífices de nuestra historia, nadie más que nosotros es el guionista de nuestra vida. No culpes a nadie de tus decisiones, de tu situación o de lo que no quieres ver de ti mismo. Comienza dando el primer paso, observa tus patrones mentales, cómo reaccionas ante las situaciones, si entras en el drama o el victimismo, en culpabilizar, todo desde una mirada sin juicios, sin autocrítica, simplemente se trata de ser consciente, de nuestra forma de reaccionar ante la vida. Una vez que lo hayas descubierto, es decidirte a identificarlos cuando estés en ellos, evitando sentirte agotado, lo que pretendemos es estar en estado de calma, de bienestar. Cuando te des cuenta que estás en un bucle mental o en un torbellino emocional, para, sí para, respira, y trae tu mente a este instante. Utiliza los todos tus sentidos, la vista, el oído, continúa enfocándote en la respiración, de esta forma te centras en el ahora, saliendo del estado de ensueño. Practica, con la practica todo es posible. Hay un mundo de posibilidades, ligero, en el que eres libre, sólo has de confiar en ti y elegir estar despierto.