Feed del blog

Escucha tu voz

Es importante establecer una conexión con nosotros mismos. Sé que ahora es una frase o expresión muy utilizada, lo cierto es que en verdad importa y es vital para nuestro bienestar. La escucha de nuestra voz interna, nos lleva a comprender nuestros procesos, a respetar nuestro ritmo y dejar de reprocharnos, comenzando por entablar una relación armónica con uno mismo.

Tómate tu tiempo, tu descanso o desconexión del ruido externo y de tu mente. Pasea, escucha música, ve a nadar, medita, siéntate en silencio a contemplar tu entorno y simplemente respira. Enfócate en tu respiración y verás como logras cruzar la puerta y salir de la agotadora espiral de la mente.

Cada individuo sabe qué le conviene, le agrada o le genera satisfacción o gozo. Hagamos aquello que nos eleve la vibra y nos llene de buen rollo. Porque estando en ese estado somos capaces de ver las cosas de otra forma, desde un punto de vista más ligero, sin tanta necesidad de control.

Cuando estamos realizando esa actividad que nos procura bienestar, podemos escuchar nuestra vocecilla que nos susurra, comenzando nuestro ritual de comunicación interna. Podemos hacer de esto un hábito, un hábito saludable de vida. Tomándome un ratito al día para estar conmigo, de esta forma me siento ligero, conectado y en equilibrio.

Al crear una relación de complicidad conmigo mismo, puedo afrontar los retos que se presenten en el día desde una perspectiva diferente, sin tanto drama, siendo consciente cuando estoy en bucle, pudiendo retomar la ruta hacia el balance y bienestar.

Trabaja contigo.

Brilla, brilla, brilla. Si no estás a gusto con lo que vives, sé honesto contigo mismo, analiza el escenario y al protagonista, es decir, a ti. Observa tu forma de ver y filtrar las cosas, la situación, tu manera de actuar ante ella, que te lleva a sentirte de esta forma.

Si sientes que estás anclado, paralizado o inmóvil, observa qué es lo que está causando este estado. Recuerda que no es nada externo lo que me bloquea, son mis pensamientos, creencias y comportamientos, los que me desestabilizan.

Si estás atravesando una etapa emocional intensa, te sientes sumergido en un torbellino sin escapatoria, ve a tu encuentro. Acepta la situación, deja de luchar con ella y contigo mismo, abraza a esa parte de ti que se siente de esa forma y hazle entender que no está solo o sola, que tú, el adulto responsable que eres ahora, está a su lado, que lo proteges, lo amas y lo acompañas en este proceso.

Háblate con amor y respeto, es momento de desechar las exigencias, críticas, dudas y juicios hacia uno mismo y el otro, nos conduce al abismo, al desgaste y al desamor. Ámate y acepta cada parte de ti plenamente. El amor nos libera, nos eleva, nos transforma y nos sana.

Trabaja en ti, contigo para ver lo que acontece desde una perspectiva comprensiva, compasiva y amorosa, hacia ti y las personas de tu entorno. Aprende a gestionar tus pensamientos, tendiendo al optimismo, quedándote con lo bueno de cada situación. Con las emociones, evita sentirte una víctima, responsabilízate de tu sentir, acepta la emoción, deja que sea, libérala. Recuerda no eres tu emoción. Tal como viene, se va, si la dejas ser.

Encuentra tu estado de paz, de calma ante cada situación, puedes hacerlo. Depende de tu elección y del trabajo diario en permanecer consciente, en el momento presente.

Si quieres algo, hazlo

Voy a hacer una reflexión y la comparto con ustedes. Mientras veía una serie (ya saben que hay mensajes en todas partes), uno de los personajes dijo, «Estoy contenta y es porque hago cosas para estar contenta». Me pareció sublime, así es. Nos hemos de involucrar en nuestro bienestar, felicidad, estado de plenitud, disfrute, como quieran llamarlo, para procurar ver la otra cara de la misma moneda.

Nos pasamos los días esperando que suceda algo para que nos cambie la vida, que cambie la situación o el resultado. Esperamos que llegue esa persona «ideal», ese trabajo, esos amigos, ese viaje, etcétera, que al suceder como por arte de magia, sacudirá nuestras historias, preocupaciones, estados de apatía o hastío, para elevarnos como Aladín en la alfombra mágica y rescatarnos de este abismo.

Siento decirles señoras y señores, que nadie nos libera, nos salva o nos sana, sólo nosotros, cada uno, tiene en sus manos la posibilidad de vivir mejor, o si prefieren decirlo en plan teatral «su salvación».

Si quieres estar contento, haz aquello que te haga sentir bien, que te llene, trabaja en la actitud que empleas en el día, en tu forma de ver las cosas. Eres tú quien decide, nadie más. Si quieres paz, sé paz. Si quieres amor, ámate, respétate, abrázate.

Como decía en la frase, haz cosas para estar de esa forma que quieres. Si quieres conseguirlo, trabaja, sé constante en tu práctica. Todos estamos en ello, yo incluida. Cada día he de hacer mis elecciones y darme cuenta de los patrones limitantes en los que he de trabajar. Se trata de elegirnos, de tomar consciencia y dejar de culpar a lo externo por cómo nos sentimos y hacernos cargo de nosotros mismos, de nuestro niño o niña y responsabilizarnos de su bienestar como los adultos que somos.

La honestidad nos hará libres

Sé honesto contigo, no podemos avanzar si continuamos cargando con peso en nuestra mochila. Si te apetece incluso puedes elegir no llevar ninguna. Claro está que es un trabajo para desarrollar diariamente, decidiendo estar presente, consciente de cada paso, elección y pensamiento, para no dejarnos seducir por la mente y volvamos a caer en su juego, entrando en el incesante bucle mental de las limitaciones autoimpuestas.

Elige observarte, sin juzgar aquello que aparezca, sólo sé un espectador de lo que veas. Conoce cada escondrijo de tu mente, para identificar aquel patrón que ya no sientas beneficioso en tu momento presente. De este modo cuando la mente se ponga en modo automático, puedas darte cuenta, tomar las riendas y dejar de actuar de esa forma que te desgasta.

Seamos conscientes de nuestros hábitos o tendencias tóxicas, que nos hieren y limitan. Decidamos responsabilizarnos de nuestro autocuidado. Trabajando en nuestros patrones, dando el paso cada día hacia la libertad. Sintiéndonos protagonistas de nuestra historia, escogiendo permanecer presentes.

GRACIAS

En estos días he visto la noticia del partir de dos seres maravillosos llenos de sabiduría y amor, que se permitieron compartirlo con el mundo. Dejándonos sus enseñanzas y mostrándonos que es posible estar en amor, paz y bienestar con uno mismo y con nuestro entorno.

Uno de los seres ha sido y es el Dr. Hew Len, que nos mostró la forma de reconectar con nuestra capacidad de sanación. Enseñándonos a responsabilizarnos y entendiendo que en nosotros se halla la salida, en nuestra conexión con lo divino, limpiando memorias, formas de pensamiento y heridas. Tomando consciencia de nosotros mismos y de lo que manifestamos en nuestra realidad. Con el mantra «Lo siento, Perdóname, Te amo, Gracias».

Los siento por lo que hay en mí que manifiesta esta realidad, perdóname por no responsabilizarme y tomar consciencia de ello (me perdono), Te amo por todo, por estar, por no abandonarme (me amo) y Gracias por permitirme darme cuenta de ello (confío en que ya está la solución). Estas palabras llenas de luz, nos ayudan a trascender el ego y ser conscientes de nosotros mismos, de nuestro potencial. Porque es a nosotros mismos, a nuestro Yo Superior a quienes van dirigidas.

El maestro monje budista zen vietnamita Thich Nhat Hanh, partió en estos días. Su enseñanza ha sido el reconocimiento de uno mismo y de la realidad que estamos viviendo. Ser capaces de conectarnos con el momento presente, de aceptar la realidad tal y como es. De vivir el ahora, de forma consciente, en calma y en amor hacia uno mismo y nuestro entorno. El Mindfulness es su legado, saborear cada instante, ser testigos de lo que sucede, entendiendo la mente, sus mecanismos de defensa y aprender a gestionarlos, desde una nueva mirada, la calma, la aceptación y el amor.

Les invito a que lean sus escritos, nos han dejado un legado de conocimiento, sabiduría y enseñanzas para nuestro bienestar, conexión y vivir conscientes.

Gracias, Gracias, Gracias por tanto, por TODO. Bendito seáis, buena travesía, feliz regreso a casa.

Cambio de hábitos, cambio de vida

Comenzamos un nuevo año y es como si todos tuviésemos la oportunidad de finalizar ciertas historias y comenzar de nuevo. Hemos de entender que este proceso podemos hacerlo cada vez que nos sintamos desbordados, abrumados o perdidos.

Está en nuestras manos el hacer balance, siendo honestos con nosotros mismos, esto es lo más importante, y observar qué aspectos de nuestra forma de pensar, de actuar o de filtrar lo que sucede, está produciendo este desajuste.

Una vez que hayamos estudiado nuestros patrones, nuestros hábitos, nuestras creencias y formas de pensamiento, si tendemos a la negatividad por ejemplo, podemos decidir ponernos manos a la obra y comenzar a resetear, transformar y cambiar todo lo que nos genera desbalance, toxicidad y desgaste.

Crea unos hábitos de vida saludables, físicos, en la alimentación, mentales, emocionales, como permitiéndote reconocer y aceptar tus emociones, y balancea tu vida. Es nuestra elección, es nuestra tarea.

Si te animas a impulsarte, te será más grato y ligero el camino. Enfócate en lo que estás consiguiendo día a día, deja de crearte metas a largo plazo, ve pasito a pasito viviendo el hoy. Podemos tener una calidad de vida, un día con calidad, aportándole salud y bienestar a nuestro cuerpo, mente y emociones. Anímate y genera bienestar.

Propósito para finalizar el año, abre tus manos.

Se acerca el nuevo año y con ello la despedida de este, por lo que propongo hacer una lista de aquello que ya sea hora de despedirnos. Solemos hacer una con nuevos propósitos para el año que vamos a comenzar, en este caso hagamos una con todo lo que queremos soltar.

Dicha lista puede ser de lo que te apetezca, necesites o sea el momento de desechar. Como pensamientos o formas de pensar, actitudes, hábitos, creencias, relaciones, libros, todo aquello material que no uses, es buen momento de darle las gracias y donar, regalar o tirar. Dejemos de acumular.

Seamos sinceros al hacer nuestra lista, comprometiéndonos con nosotros mismos para hacer que se cumpla, sólo depende de nosotros, somos nuestros reyes magos de oriente. Cree que es posible deshacerte de aquello que te pesa, eres tú quien decide.

Trabaja contigo, anímate para darle un repaso a tu vida, a tus hábitos y acciones, y decídete por ti. Priorízate por una vez y haz que tus deseos para finalizar este año se cumplan.

Cierra ciclos desde el amor, la gratitud y la honestidad contigo. Seamos respetuosos con nosotros y con el otro. Permítete abrir tus manos a lo nuevo, dejando de sostener algo que ya se hacía cada vez más pesado, llevándote tú mismo a la angustia y a la desilusión.

Vamos a dejar que la vida nos guíe, «Lo único seguro en la vida es el cambio». Es momento de transcender, cambiar todo lo que nos impide ser, sí SER y está en nosotros mismos.

Momento de trascender

Atravesamos una época de cambios, desenredos, trascendencia y evolución. Llevamos un tiempo de esta forma, revueltos, sin filtro y soltando, aunque con cierta resistencia, todas las creencias que nos desequilibran.

La vida, el universo, nos ha ido mostrando, a través de lo vivido, lo que hemos de desechar, abandonar, limpiar o despedirnos, porque ya no nos es útil. Con profunda gratitud hacia estos patrones de supervivencia, que nos han conducido a este momento.

Ahora, en este instante, conscientes de quiénes somos, de lo que queremos y ya no en nuestras vidas, eligiendo la paz, la claridad y vivir despiertos, llega el momento de dar el siguiente paso y transcender dichos comportamientos, creencias, conductas que nos anclan o limitan, en una densidad que ya nos resulta incómoda.

Llega la hora de ser conscientes de nuestras elecciones, de andar a cada paso presentes, saboreando la vida, responsabilizándonos de nuestro sentir, abrazando nuestras emociones. Siendo un espectador consciente que transita el camino de la vida con plena confianza en el universo y en sí mismo.

Eres tú quien te salva.

Bloqueamos nuestra vida por determinados acontecimientos, esperanzas o expectativas de un futuro, de un posible, y sin darnos cuenta nos quedamos a la espera de que suceda algo que lo cambie todo. Estamos constantemente esperando que ocurra algo mágico o milagroso que mejore o transforme aquello que nos limita. Ponemos el foco fuera, creyendo que al tener o suceder ciertas cosas vamos a llenarnos de una inmensa felicidad imperecedera.

Ya es momento de darnos cuenta que nada externo nos brinda la felicidad o llena el vacío que sentimos en nuestro interior. Somo nosotros mismos quienes decidimos hacer un alto, un parón o un cambio de rumbo y elegir dejar de utilizar los patrones que nos han llevado a esta situación. Entender que cada uno de nosotros es el responsable de su paz, bienestar o dicha. Sabiendo que no depende de los acontecimientos del exterior, sino más bien, de los movimientos o reajustes que realizamos en nosotros mismos.

Desde el momento que decidimos estar conscientes, respetando nuestro sentir y permitiéndonos mostrarnos tal y como somos, abrazando cada aspecto de nuestra personalidad, de nuestro ego, sabiendo que no nos define, sólo nos brinda la posibilidad de vivir en esta realidad, comenzamos a vivir, a relacionarnos con nosotros mismos de otra manera.

Este paso se llama libertad, el de permitirnos manifestar nuestra verdad, sea cual sea, sin juicios, críticas o reproches. Animándonos a dejar atrás todo aquello que nos desgasta o nos resta paz. Siendo auténticos, brillando, sea cual sea nuestra luz, color o procedencia. Todos somos especiales, únicos, mágicos y bendecidos. Sólo es cuestión de creer, creer en nosotros mismos.

Atiende ese vacío en tu interior

Hay personas que se sienten en soledad, estando incluso acompañadas. Sienten la necesidad de ocultar este hecho por miedo o temor a lo que puedan pensar o a las miradas de desaprobación. Como si esto no fuera posible en este mundo actual de ajetreo, bullicio o gentío.

Cada vez que nos sintamos solos, rotos o desamparados, es un indicativo de que nos hemos alejado de nosotros mismos. Independientemente si te sientes con ganas de compartirlo, es una alerta para atender tus necesidades, y esa sensación de vacío en tu interior.

Tendemos a cubrir ese espacio con algo externo, ya sea una relación, una adicción o un hábito, que la mayor parte de las veces no suele ser sano o equilibrado para nosotros. Queremos desesperadamente llenar ese hueco, sin mirar el porqué de esta agonía o sentimiento de abandono.

Nuestro interior nos reclama, nos grita de dolor por la omisión que hemos hecho durante largo tiempo. Atiende tu llamada, es tu niño interno quien te solicita, quien necesita de ti. De tu atención, tiempo, cuidado y escucha. Cuando paramos y nos permitimos conectar con nosotros mismos, estamos contribuyendo al inicio de la sanación de ese vacío, cubriéndolo con nuestro propio amor.

Nada externo nos equilibra, cura, sana, estabiliza o completa, sólo la atención, dedicación y amor hacia nosotros. Ahí está la clave, desde que entendemos esto, cada vez que suena la alarma, nos centramos en nosotros, en nuestro interior, en vez de ir como locos en busca de algo externo para cubrir nuestras necesidades o heridas.

Siéntete digno, válido, capaz y dichoso. Eres maravilloso, maravillosa, te lo dices alguna vez, va siendo hora de que comiences a hacerlo no crees.

Cuando nos sintamos que no podemos más, es momento de parar, descansar, respirar y si lo sientes, pedir ayuda. No es necesario demostrar nada, ni quedarse sin aliento por seguir exhaustos. Comunica cómo te sientes, cómo te encuentras, desecha la sensación de vergüenza, siéntete libre de expresar tu verdad.