Feed del blog

Expreso con libertad mi sentir

Cada vez que nos sentimos frustrados, tristes, melancólicos, eufóricos o cabizbajos, con cada una de nuestras emociones, hemos de permitirnos aceptarla y abrirle la puerta para que se exprese. Dejarla ser, que fluya y liberarnos de toda limitación que nos impida mostrarnos tal y como somos, o como nos sentimos en este preciso instante.

Nos esforzamos en mostrar otra cara, por ocultar lo que realmente alberga nuestro sentir, dejando que una actuación más nos sumerja en el abandono. Cada vez que hacemos esto, nos alejamos de nosotros mismos, faltando al compromiso de amor propio hecho.

Permite que se liberen años de opresión, de ocultarte y callar aquello que tu corazón anhela gritar. Suelta toda carga, represión autoimpuesta y deja que las creencias que te aprisionan se desvanezcan.

Al trabajar en nosotros, evitando la queja, podemos confundir el expresar mi sentir, con quejarme de cómo me siento. Hemos de aprender a diferenciar una queja, de la forma de exteriorizar mis emociones.

Cuando nos quejamos, constantemente achacamos nuestras emociones o sensaciones a la circunstancia en cuestión, parloteando continuamente de nuestro mal estado, alegando que somos víctimas de lo acontecido, sin ser conscientes de nuestra responsabilidad en ello.

Permite que tu sentir tenga una escapatoria, una puerta de salida, evitando que se queden nudos emocionales en nuestro interior, por creer que no puedo permitirme mostrar cómo estoy. Libéralas, libérate y permanece en paz con lo que sientes.

Dejando la lucha, aprendiendo a estar en amor

Continuamente luchamos por no estar donde estamos en este preciso momento, por no sentir, escuchar aquello que no quiero oír, o ver lo que es o está sucediendo ahora en nuestras vidas. Nos anestesiamos con una canción, una película, una conversación, cualquier sustancia o actividad, para evadirnos de lo que no queremos admitir o aceptar.

Hemos tomado este comportamiento como natural y normal en nuestra vida, estar en constante conflicto con nosotros y por consiguiente con nuestro entorno. Creyendo que hemos de defendernos del ataque exterior, o incluso de nosotros mismos, por no quitarnos la máscara, permitirnos sentir vulnerables y sensibilizarnos con lo que sucede a nuestro alrededor.

Arrastrando la creencia que me dicta a actuar de una forma caótica, hiriente y dañina hacia mí mismo, por no mostrar quién soy, o no querer ser consciente de mí, de mis emociones, de lo que está aconteciendo o de mi entorno.

Cada situación nos lleva a tomar consciencia de dónde estamos, quiénes somos y del momento presente, del regalo de la vida, de la amistad, de las relaciones, de un amanecer, de una buena comida, etcétera.

Dejemos de ocultarnos, creyendo que no somos válidos, capaces o estamos rotos. Aceptemos todo de nosotros, nuestras inseguridades, nuestra curiosidad, nuestros miedos. Cada vez que te aceptas, que te miras y te hablas con amor, eso que creías quebrado se une, la distancia con respecto a ti se hace ínfima, y te sientes conectado, renacido, con una nueva visión de ti mismo y de lo que te rodea.

Muestra quién eres sin reparos, deja atrás los filtros, sé tú, siéntete dichoso por estar aquí y ahora, vivo, libre, amado. Cuando aprendemos a amarnos a nosotros mismos, dejamos de considerar importante o necesaria la aprobación externa, actuamos de forma consciente, entendiendo que si me amo, el otro me refleja ese amor.

A veces sólo necesitamos un apoyo, un respiro, para continuar

Nos creemos con derecho a opinar sobre la vida de los demás, como si cada uno de nosotros no hubiésemos atravesado ciertos caminos cargados de bifurcaciones, desvíos o señales ilegibles. Todos nos sentimos perdidos en un momento u otro. Hemos de dejar de juzgar o hablar sin conocimiento, acerca de la vida de los demás. Cuando estamos en medio del camino, sin sentido, rumbo o claridad, de nada nos sirve que nos digan lo mal que lo hemos hecho, la mala o errónea elección tomada, o si nos ven con potencial, fuerza o capacidad para salir, continuar o quedarnos simplemente.

La consciencia es extremadamente importante y crucial en nuestras vidas. Cada vez que juzgamos a alguien, estamos diciendo más acerca de nosotros que de esa persona. Estamos hablando de nuestras inseguridades, de partes que no aceptamos de nosotros mismos o de ciertos aspectos que no vemos, negamos o reprochamos en nuestro interior.

La asertividad o la empatía son dos cualidades que nos acompañan para evitar hacer o decir determinadas cosas que dañen al otro. Hemos de ponernos en la piel del de al lado, y hacerles ver que no están solos, que es normal que se sientan de esa forma y que todo en esta vida pasa por y para algo, que no hay errores, son aprendizajes de vida, que cada uno vive ciertas situaciones para conducirles a su despertar, al reencuentro consigo mismo. Que no está mal querer parar, sentirse inseguro, abatido o cansado. Sólo nos indica que necesitamos una pausa, un descanso, prestar atención a nuestra alarma interna y respirar, para poder orientarnos de nuevo y ver las cosas desde otra perspectiva.

TOMAR CONSCIENCIA ME LIBERA

Porqué sentirnos atrapados en una situación en la que sabemos que no queremos estar. En un recuerdo, una foto, una canción, en esa interminable espiral de melancolía y necesidad, que nos quiebra y desgasta. Es crucial que nos demos cuenta que este tipo de estados, no son saludables, que nos restan paz y nos desequilibran. Hemos de saber de qué se trata, mirándolo de frente, sin agobio, miedo o ira, simplemente con comprensión. Es mirar de frente a esa parte de mí, que se siente aferrada a dicha situación, relación, proceso o época.

El apego es un estado de creernos con la necesidad de estar de nuevo en aquella circunstancia o relación. Tendemos a huir u ocultar que estamos apegados a alguien o a algo, negando ese sentimiento o proceso, sufriendo en silencio o a gritos, por la creencia que alberga mi mente, que me encarcela, de que no puedo estar o vivir sin aquello de lo que me creo dependiente.

Cuando sentimos que nuestro mundo se desborda, si esa persona no está en mi vida, si las cosas no están sucediendo como eran antes, etcétera, cada vez mi energía disminuye y mi mente reacciona haciéndome creer que no soy digno, capaz, válido, querido o suficiente. Hemos de ser conscientes de este patrón de pensamiento, de esas creencias que nos abruman, quiebran o hieren. Hay muchas creencias que albergamos que nos restan bienestar, es nuestra elección trabajar en ellas para vivir en paz.

Trabajando desde el respeto hacia nosotros, con amor, comprensión y amabilidad, siendo conscientes que una parte de nuestro personaje en esta realidad, se siente atrapado y anclado en ese estado. Podemos dejar de sentirnos bloqueados y en sufrimiento, encargándonos de este dolor, abrazando a esa parte nuestra, dejando de recriminarle cómo me siento, de entrar en lucha conmigo mismo y liberándome de estas ataduras autoimpuestas.

Atenderme, escucharme, abrazarme, arroparme, respetarme y apoyarme, dándome mi tiempo, es el resultado de una sana relación conmigo mismo, y es lo que me conduce a la liberación de dichos patrones mentales que me agotan. Es decir, la clave está en trabajar en la relación que tengo conmigo mismo. El amor hacia mí, me salva, me sana, me cura y me libera.

lA LIBERTAD ESTÁ EN TUS MANOS

Durante toda nuestra vida cargamos con un peso a nuestras espaldas y en nuestro corazón. Una carga demasiado pesada, que en incontables ocasiones nos impide avanzar o mostrar nuestra verdadera naturaleza, por miedo o inseguridades. Hay un peso, una mochila cargada de rencor, de resentimiento acumulado durante estos años, por las experiencias, que nos lleva a reprimirnos, a ocultarnos e incluso a comportarnos de una determinada forma agresiva, a la defensiva o esquivando al otro, por temor a vivir lo mismo.

Esa mochila llena de recuerdos y de dolor, nos desgasta, nos drena la energía y las ganas de vivir. Cada momento volvemos a rememorar aquella experiencia, conversación o situación que nos conduce al abismo. Sin darnos cuenta alejamos a las personas de nuestro entorno, las catalogamos como iguales al resto, y nos ponemos en modo defensa o ataque, sin ser conscientes que el otro no es nuestro enemigo.

Cada célula de nuestro cuerpo reacciona a nuestros pensamientos, si estos son de negatividad, decepción o rencor, nos llenaremos de energía densa, desequilibrada y nos sumergimos en la oscuridad, encarcelándonos en la prisión mental de la amargura, el desespero y el desaliento.

En nuestras manos está la decisión, las riendas de nuestra vida, elegir cogerlas y hacernos cargo de nuestra vida, es nuestro privilegio, es una oportunidad de liberación. Dejando de culpar al otro por cómo me siento y hacerme responsable de mi dolor, frustración o decepción.

El perdón nos hace libres, nos desenreda la maraña de la mente, soltando a las personas, experiencias o situaciones a las que nos hemos estado aferrando, para tener a quién culpar por cómo nos sentimos o por cómo es nuestra vida. Hemos de ser conscientes de este patrón mental, para responsabilizarnos de nosotros mismos.

Al permitir perdonar al otro, me estoy permitiendo perdonarme a mí mismo. Por no saber hacerlo de otra forma, por haber elegido aquella opción o camino, por no haber sido respetuoso conmigo o no amarme como me merezco.

Todo nos conduce al amor hacia nosotros, a nuestro reencuentro. Podemos elegir creer y darnos cuenta que somos libres, saliendo del influjo de la mente, del victimismo o el drama. Decidiendo dejar atrás lo que fue, y darle la bienvenida a este instante de vida, el ahora.

Libérate de la prisión mental, decide tomar las riendas, perdona todo aquello que te pese, tómate tu tiempo. Recuerda que no hay prisa, respeta tu ritmo. Perdónate y ámate, eres un ser maravilloso, digno, lleno de vida y de amor, créelo.

Nueva vida, auténtico yo

Podemos vivir de una forma totalmente distinta, hemos puesto el enfoque fuera. En querer encajar, agradar, gustar, ser socialmente aceptado y bien valorado. Buscando mimetizarnos, adaptarnos o incluso cambiar para parecernos a lo que está considerado correcto, de moda o cool. Haciendo malabares para fingir, actuar y ser uno más del grupo o del clan.

Todo nos lleva a desarrollar un patrón de actuación, considerado una conducta de supervivencia en la sociedad actual. Queriendo tener más y más de todo, sin necesidad de la mayoría, definiéndonos por lo que llevo, por cómo visto, o qué marcas utilizo, eso me define o describe qué tipo de persona soy. Qué y cuántos amigos voy a tener o si puedo encajar inmediatamente en un grupo por el coche, el bolso o el móvil que lleve.

Estamos viviendo una mentira, un teatro en el que no somos nosotros mismos. Tal vez queramos tener un grupo en el que poder hablar abiertamente de cualquier cosa, sentir que estamos apoyados y arropados por nuestra gente. Esto no lo logramos fingiendo, lo conseguimos al ser auténticos. Al permitir que el otro me conozca como realmente soy, sin importar las apariencias. Sin albergar expectativas, siendo libre.

Cómo puedo ser libre, sencillo, siendo uno mismo. Se trata de aceptar quiénes somos, dejándonos de compararnos, o querer encajar. Desechando las máscaras que nos ocultan. Mostrando nuestra verdadera cara, faceta o esencia. Derribando ese muro que he construido a mi alrededor, para que nadie se acerque a mí, permitiendo que los demás me vean, dándole voz a mi sentir.

Dejando el autocontrol a un lado, y permitirme ser, simplemente SER. Sin florituras o adornos. Brillar, creyendo en uno mismo y en nuestras capacidades. Entendiendo que cada uno alberga un talento, una sabiduría innata, eso nos hace iguales y únicos a la vez.

Deja que tu maestro interno te guíe, te libere y te salve de esta agónica actuación. Ámate por quien eres, sin necesidad de demostrar nada. Libérate de esta prisión de apariencias y sé auténtico.

Elige tener un día mágico

Hemos de entender que según cómo vibremos, vamos a reaccionar ante las situaciones que se presentan en el día, manifestando posibilidades. Es decir, si estás en negatividad, negación, victimismo o drama, esto es lo que te vas a encontrar en tu día. Más situaciones similares, en la misma sintonía para reforzar tu teoría de que todo es igual, que no te salen bien las cosas o que todo está en tu contra, por ejemplo, y seguir con la queja. Seamos conscientes de ello. En nuestras manos está poder decidir cómo reaccionar y que se muestren las distintas opciones disponibles que hay para nosotros. Ahí está la teoría de las realidades paralelas, o tu yo cuántico. Hay distintas realidades posibles, según tu reacción, tu actitud o tus creencias.

Si trabajamos para estar en vibración elevada, qué quiere decir, que en el trascurso del día podemos permanecer en calma, o volver a ella, recurriendo a afirmaciones positivas, Hoponopono, respiración consciente, etcétera, utilizando la herramienta que a cada uno le funcione. Vibrando en amor, es decir, siendo amables, compasivos y bondadosos, podemos inclinar la balanza hacia nuestro bienestar, evitando entrar en bucles de conflicto, comparación, juicios, crítica o ira, que tanto nos agotan. Y nos encontraremos en el día con soluciones o salida a esos debacles, a la confusión, sintiéndonos acompañados, sostenidos y recibiendo una amorosa respuesta a nuestra forma de actuar.

Se suaviza la tonalidad que acompaña a los acontecimientos, te dejas mecer por el ritmo de la vida, sin resistencia. Una confianza te envuelve y te da la mano, para ir a tu lado en cada paso, para que te sientas seguro. En cada momento sientes que todo va a ir bien, que encontrarás aparcamiento, que no habrá mucha cola en el súper, las personas que se cruzan lo hacen con una sonrisa, o ahora que no es perceptible a los ojos físicos, notas la asertividad y la amabilidad. En definitiva se llena de magia tu día, en ese momento te das cuenta que la magia sí existe, lo que viene como resultado de tu actitud ante la vida.

Hay un camino más fácil

En verdad las cosas son más fáciles, todo cuanto nos rodea tiene su ritmo, su proceso, sus estados, si logramos vivir sin querer inmiscuirnos o alterar el resultado, podremos lograr estar en paz. Muchas veces nos empeñamos en hacer las cosas de una forma determinada, sabiendo que hay muchas opciones, llegando al desgaste y a la frustración, siendo posible tomar otro desvío. Uno en el que el tránsito no sea tan agotador, por nuestro ego, orgullo o terquedad.

Cada experiencia vivida ha traído consigo una lección, si no somos capaces de verla, tranquilos, que el universo nos la volverá a mostrar para que aprendamos. Todo se trata de entender que cada situación nos lleva a nosotros, para ver dónde nos hemos anclado y que no nos estamos amando.

Cuando nos empecinamos en algo, sin querer soltar, permaneciendo atados a esa situación, hemos de entender que no estamos en amor hacia nosotros. Es así de simple, lo que nos encanta complicar las cosas, eligiendo lo arduo, lo denso, pudiendo sencillamente disponer de la salida más ligera. En lo simple radica la clave, elegir lo sencillo es lo que hemos de aprender, si queremos estar en calma y en amor, fuera del influjo de la mente.

En ocasiones somos marionetas de nuestra mente, entrando en el sueño, dejándonos convencer de que hay un culpable, un enemigo, que la vida nos hace daño y está en nuestra contra. Es momento de ver más allá de esta ilusión, y entender que podemos transformar nuestra realidad. Al principio puede costar verlo, porque estamos acostumbrados a poner el foco fuera. Una vez que estés dispuesto a soltar, a liberarte y decidir vivir sin estructuras, rigidez o expectativas, podrás darte cuenta cuándo estás en la espiral, dejándote manipular por tus creencias y elegir ver lo que es real.

Momento de aprender a discernir, siendo coherentes

La idea de despertar para ver las cosas desde otra perspectiva, siendo conscientes de quiénes somos, de nuestro potencial, de nuestra luz, unión y expansión, se hace cada vez más tangible. Siendo posible gracias a nuestro trabajo y entrega, a decidir querer hacer las cosas de otra forma, soltando la lucha, la comparación, la exigencia y la crítica. Alegrándonos por los triunfos y avances del otro. Recuerda que si tú avanzas le recuerdas al otro cómo hacerlo y si es el otro es el que emprende el vuelo, te está diciendo a ti, «Oye, tú puedes, recuérdalo».

Hemos de desechar de una vez la necesidad de grandiosidad y de adelantar al de al lado, para demostrar que puedo, que valgo y que soy mejor. Esto ya no nos vale, nos aleja de nuestra meta, que es estar en paz, conmigo y con las personas de mi alrededor. Sintiendo esa unión, trabajando juntos por lo mismo, aunque cada uno esté en una punta del mundo y no sepamos el uno del otro, se trata de permanecer elevados, eligiendo cada día, en cada momento estar aquí y ahora, presentes, en amor hacia nosotros mismos y los demás.

Esto me lleva a la frase, o tendencia del «Guerrero de luz», en serio, trabajamos para estar y permanecer en paz, para salir y manejar la oscuridad y volvemos a separarnos, considerándonos mejores, en lucha, como si fuera necesario luchar para defender la luz, la estabilidad, etcétera. Esa lucha contra quién es, contra la oscuridad, y ella dónde se halla, en nosotros. Entonces volvemos al conflicto con uno mismo, a querer que desaparezca sin mirarlo de frente y abrazar mi oscuridad, como si mi sombra fuera lo malo o incorrecto.

Recuerda que sin oscuridad no hay luz, y viceversa, son un todo. Sin bueno o malo, según cómo lo veamos. Se trata de emprender el camino hacia ti, descubrir todo cuanto hace que seas este personaje y lo aceptes, sin juicios. Abrazando nuestra sombra, de esta forma podemos integrarla, dejando de verla como algo separado o erróneo, está y me recuerda dónde mirar en mí, para amarme por completo.

Hemos de respetar los puntos de vista de los otros, y la forma en que ven las cosas, sabiendo discernir y filtrar la información que nos llega, dejándonos sentir y llevar por nuestro maestro interno. Es decir, si algo no te resuena, no te cuadra, fíltralo, sé consciente de lo que eliges, de dónde estás y del para qué estás trabajando.

Lo que importa es cómo te hace sentir lo que haces, si estás en busca de la paz, sé paz, sé amor, no busques fuera, en gurús, libros, charlas y demás lo que llevas dentro. Está bien para hacerte recordar, o reiterarte en tu verdad, evita fingir, seguir o imitar, sé auténtico, sé tú.

Apoyar, es prestar tu mano, no pretendas que siga tu camino

En muchas ocasiones, al ayudar a una persona pretendemos que haga lo que le hemos dicho o aconsejado, porque estamos fuera del barullo de su mente y lo vemos desde otra perspectiva. Esto no quiere decir que nos molestemos si la persona toma sus decisiones, y elige postergar, dejar o tomar un desvío o continuar en el mismo camino de antes.

Al aconsejar, arropar, apoyar o ayudar, hemos de desapegarnos del resultado, de la decisión que tome la persona a la que estamos prestando ayuda o consuelo. Es su camino, su decisión, su vida. Nosotros somos espectadores en su teatro, sin papel en esa obra, sólo el que dicha persona nos dé.

Cuando nos sintamos frustrados porque él o ella, no tomen la ruta que le hemos marcado, hemos de ser conscientes de ello y mirar en nosotros, porqué nos afecta tanto, qué pretendemos con ello. Se trata de darnos cuenta que es una parte más del control, que queremos ejercer en nuestras vidas.

Estamos acostumbrados a indicarnos a nosotros mismos con exigencias, expectativas y planes de futuro lo que hemos de hacer. Estructurando toda la senda o el camino, para llegar al lugar que nos hemos propuesto. Y esto lo exteriorizamos a los demás, queriendo controlar sus vidas, con el pretexto «Nosotros lo hemos vivido», «Sé de lo que hablo», etcétera. Hemos de estar atentos a ese patrón, ya que nos indica que estamos en modo control activado.

Cuando estemos apoyando a otra persona, podemos ayudarla desde el amor incondicional, sin esperar nada a cambio, ni tan si quiera que haga lo que espero. Confío en que lo que quiera que decida es para su mayor bien, y le hago saber que yo estaré a su lado elija lo que elija.