Fluye, muéstrales cómo.

Es momento de centrarnos en nuestra vida, nuestro sentir, nuestras experiencias. Dejar de creer que sabemos lo que les conviene a los otros, creyéndonos mejores o en una posición más elevada. Entiendan que cada cosa que es juzgada, de una forma o de otra vamos a vivirla, el universo tiene este peculiar sentido del humor, para que entendamos qué es ir con los zapatos del otro. Se gasta demasiada energía pretendiendo que los demás hagan lo que nosotros consideramos mejor, si muchas veces no sabemos ni lo queremos para nosotros mismos, o lo que nos conviene. No es más fácil vivir y dejar vivir.

En este soltar, se haya nuestro adorado, pero cargante control. Hemos de ser conscientes en qué nos beneficia querer controlarlo todo, es agotador, las cosas salen como salen, aunque nos degastemos porque salgan como queremos o esperamos, van a ir por su camino, así son, así es la vida. Y no creen que de esta forma es más divertido, sin tanta planificación, sabiendo qué cosa, dónde y cuándo. Dónde queda la sorpresa, el reto, el impulso por mejorar, por animarse a uno mismo ante cualquier situación inesperada, la confianza en que sabremos reponernos y seguir o parar, como queramos en ese momento, sin expectativas, siendo libres.

Libertad, no es algo a lo que haya que seguir, perseguir o luchar por ella. Ella está, es y se manifiesta cuando queramos, según nuestra manera de ver y llevar las cosas. Por naturaleza somos libres, esas creencias, patrones, pensamientos y formas de ver la vida, de actuar y sentirnos, es autoimpuesta, cuando quieras puedes decir «A tomar viento» y permitirte ser tú mismo, sin exigencias, estándares o protocolos.

Permítete vivir en lugar de sobrevivir cada día. Recuerda que no hay que hacer nada extraordinario, simplemente ser tú, dejándote llevar por el momento, aceptando, desechando la lucha, la resistencia y el querer que todo salga con una determinada estructura.

Suéltate el pelo y permite que el viento te despeine, siente esa sensación, es libertad. Deja que los demás se muestren como quieran, que sean. Si están en el bucle de la necesidad de tenerlo todo bajo control, del miedo, la ira, déjalos, fluye, acepta, evita el juicio, actúa de manera que vean que se puede hacer de otra forma, una más ligera, flexible y conectado. Permanece en ti, en tu verdad, en lo que te llena y vive.

Atiende a la llamada, toma la responsabilidad de tu vida

En este momento necesitamos de nuestra atención, enfoque y determinación para centrarnos en nosotros mismos. Atender nuestro sentir, a nuestras sensaciones y observar cómo estamos, si nos mueve una situación, una emoción o una persona. Se requiere estar presentes, para ser conscientes y tomar responsabilidad de cada uno.

Al coger las riendas de nuestra vida, tomando la responsabilidad de nuestro bienestar, salud, estado emocional y reacciones, podemos ser capaces de elegir una vida en paz, trabajando en ello. Es una elección diaria, que requiere de un compromiso con uno mismo. Atendiendo nuestra demanda de atención, mimos, cuidados, escucha y demás, todo aquello que esperamos siempre de otra persona, es dárnoslo a nosotros mismos. Ser nuestros amantes, compañeros, apoyo y aliento, para crear una conexión sana y equilibrada con nosotros y con las personas de nuestro entrono. De esta forma evitamos generar relaciones de codependencia.

Cuando ponemos en las manos de otra persona nuestra felicidad, es un acto de desesperación, para que otra persona se ocupe de mis necesidades, heridas y bienestar. Esto es una falta de amor hacia nosotros mismos, de respeto hacia nosotros y el otro. Hemos de crear una relación armoniosa con nosotros, porque desde ahí podremos entablar relaciones sanas con los demás. Sin el juicio, la crítica, la espera, la ilusión, las expectativas, que tanto nos frustran, y encargarnos de nuestra vida.

Vernos seres, personas completas, sin necesidad de que venga nadie a ponerme un parche o una tirita. Podremos establecer relaciones auténticas, permitiendo que cada uno se encargue de su bienestar y compartir ese estado con el otro. Siendo auténticos, empoderados, conscientes de nuestro potencial, de nuestras necesidades y entendiendo que cada uno se nutre, se sana y se ilumina.

Es momento de dejar atrás la idea de perfección

Qué entendemos por perfección, lo que está socialmente establecido, lo correcto, sobresalir al resto, supongo que depende de a quién le preguntemos, dirá una u otra definición de lo que es perfecto. Para cada uno de nosotros significa algo distinto, según el momento de la vida en el que estemos. En ciertos momentos es lo que los demás creen que debo ser, en otros lo que yo me propuse ser y para los que llegamos a salir de los estereotipos, lo que en ese momento consideres que te brinda bienestar.

Todo lo que te lleva a compararte con el otro, con el resto, haciendo separaciones y considerando a unos mejores que a otros, hemos de estimarlo obsoleto y limitante, un patrón mental más del que hemos de librarnos, si decimos trabajar en nuestra paz.

Vivir según creas y establezcas como bueno para ti y para las personas de tu entorno, cooperar, apoyarnos, arroparnos, recodándonos los unos a los otros quiénes somos y lo que realmente importa. Y vuelvo a repetirme, para cada uno será una u otra cosa, según lo que esté viviendo, lo que sí es seguro, es que todos coincidiremos en que una de las cosas a la que le damos importancia, es estar en paz.

A practicar, si lo que quieres es otra cosa

Respeta tu forma de entender las cosas, de filtrar la información y de actuar. Es momento de respetar cómo hemos vivido nuestras vidas, de comprender los estados, las vivencias y proceder con empatía hacia nosotros para decidir soltar, dejar atrás y desechar cada forma de pensamiento, creencia o patrón de comportamiento, con el que ahora no te sientas identificado.

Lo que hemos de hacer en un principio, es observar nuestros pensamientos, sin juicio alguno, sólo observar, para ser consciente de los pensamientos recurrentes, con tendencia a la negatividad, al victimismo, al drama, etcétera. De esta forma podremos entender nuestra manera de actuar, acorde con nuestras creencias y limitaciones.

Aceptar es la clave para todo, para vivir una vida en paz, en calma y consciente. El siguiente paso entonces es aceptar que esos pensamientos han estado en nuestra mente, que tendemos a ver lo que acontece de manera negativa, dramática o con ira. Sólo es verlo, aceptarlo, soltando la lucha con uno mismo y desde ahí, podemos elegir transformarlos. Transmutando nuestros pensamientos, y esto no crean que es por arte de magia, o soplando unas velas, hay que trabajar señores. Hay que comprometerse con uno, sabiendo qué clase de pensamientos o vida mental quieres llevar, tomando la elección de liberarse. Entendiendo que no nos vamos a liberar por completo de la majestuosa mente, es aprender a convivir con ella, ponerla a nuestro servicio y no al revés, liberándonos de los agotadores bucles.

Una vez decidido transformar los pensamientos, desde la comprensión hacia uno mismo, podemos comenzar con la práctica diaria. Cada uno ha de encontrar su herramienta, hay muchas, y a cada persona le funciona una u otra. Entre ellas se encuentran el «Mindfulness», el «Hoponopono», «Un curso de Milagros», «Afirmaciones positivas», «Respiración consciente», y un largo etcétera.

Se trata de centrarse en el momento que está aconteciendo en este preciso instante, sin viajar al pasado o al futuro, con miedo, ansiedad o frustración. Es comprender y aceptar dónde me hallo, sabiendo que es lo que ha de ser, y hay una lección o aprendizaje para mi, tras el velo de la ilusión. En mi práctica diaria para estar presente, practico varias, meditación activa, mindfulness, hoponopono y afirmaciones positivas. Por cada pensamiento negativo, me digo dos o tres afirmaciones positivas, de esta forma cambio el diálogo que hay en mi mente. Por uno que me impulse, me arrope, me sostenga y me anime a ser cada día mi mejor versión.

Algo más grande nos une.

Permítete sentir esa abrumadora sensación de desbalance, desconcentración, estar perdido, flotar sin rumbo o que las cosas no tienen sentido. Suelta la comparación con los procesos de los otros, cada cual lleva su desarrollo, camino o vivencias desde su perspectiva y a su manera. Hemos de dejar querer encajar, en un molde que no ha sido creado para nosotros, es como si una persona que llevara de talla de zapato un 40, quisiera ponerse uno del 38. Acepta tu forma de ver las cosas, que estás en drama, fantástico, ya lo has identificado, ahora ponte a trabajar para salir de ahí, sin responsabilizar a los demás de tus emociones o de lo que vives.

Acoge el sentir que está transitando por ti, abraza a esa parte que se siente de ese modo, desde el respeto y la comprensión. No tengas prisa, recuerda no te compares, tú tienes tu tiempo, tu ritmo y es perfecto.

Acepta quién eres, qué más da, que los demás te vean de una u otra forma, lo que dicen los otros acerca de ti, dicen más de ellos que de ti. Deja atrás la idea de la perfección, cada uno tiene sus dones, talentos y defectos, y con los últimos hemos de aprender a vivir, aceptándolos. Con lo demás es necesario aceptar que están, dejar de ocultarnos y mostrar quienes somos al mundo.

Ya es momento de salir del caparazón, tras los escudos, o ir de puntillas por la vida, y encarar la verdad. El universo, la vida, en quien creas, va a ir poniéndote a prueba, sintiéndote cada vez más incómodo para que salgas a la luz, y no te ocultes. Se trata de ser auténticos, de reconocer lo que hay en nosotros, y entregarlo al servicio de los demás.

Cada uno de nosotros somos únicos, individuales, formando una gran unidad. Lo que nos diferencia no nos separa, al contrario, nos une en ese servicio de amor hacia el otro. Encuentra tu singularidad, no la ocultes, no te avergüences, muéstrate tal y como eres. Descubre y desarrolla tu potencial para que te sientas satisfecho, dichoso y unido a algo más grande.

Dejando la programación, siendo libres, auténticos.

Todos en algún momento hemos tendido a actuar de una cierta forma, acorde con lo que se espera de nosotros, tal como esa persona espera de mi. Estamos atravesando una época en la cual todas aquellas máscaras o comportamientos adquiridos para sobrevivir, han llegado a su caducidad, se han programado para su autodestrucción. Llevándonos por una senda en la que no estamos acostumbrados, a mostrarnos tal y como somos. Sin saber si está bien o mal, si caigo de una forma o de otra, si soy aceptado o no, y un sin fin de preguntas que nos abruman, acerca del pensar del otro sobre nosotros. Es hora de sacudirnos del qué dirán, entiendo que puede resultar complicado, doloroso, difícil en cierto modo, pero es necesario para permanecer presente y en balance con uno mismo.

Cada vez que actuamos de esa forma, nos vamos alejando de nosotros y de nuestro propósito aquí, que es ser nuestra mejor versión, ni la que se espera, ni la que quiere otra persona, comparándonos una y otra vez con los demás. Cada uno de nosotros es único, es singular y en su individualidad se encuentra la unión con el Todo. Es decir, que todos somos lo mismo, estamos unidos por algo mucho más grande, lo que nos diferencia son esos talentos que cada uno posee, y que en lugar de separarnos nos une. Nos une en el desarrollo de éstos, al comprender que todos venimos a amar, a amarnos y aceptar lo que es.

La tarea más complicada es pasar cada día sin fingir, sin actuar, simplemente siendo tú mismo. Sin llenarte de inseguridades u obsesionarte por lo que puedan pensar de ti, sólo sentirte en bienestar contigo, con lo que haces, sabiendo que estás donde has de estar y que todo ocurre para algo.

Nuestro despertar es, qué quiere decir, que cada uno a su manera, en su medida y a su ritmo, está saliendo de esos bucles, de esa programación de querer o pretender ser igual al otro. Aceptando quienes somos, para admirarnos, impulsarnos y dejar de una vez por todas, al fatídico pero inusual compañero en el que se ha convertido, el juicio, hacia uno mismo y hacia los otros.

Entiende que no hay nada bueno o malo, todo es según cómo lo miremos o cómo nos sintamos ante ello. Recuerda que tú eres tu mejor amigo, habla contigo, cuida de ti, respétate, aliéntate para ser cada día auténtico, siendo fiel a ti, a tu verdad, a quien realmente eres.

De paseo por el parque de atracciones

Nos encontramos ante una fuerte sacudida energética. Semejante a estar en una montaña rusa, vamos pasando de atracción en atracción, con lo que ello implica, las temibles subidas y bajadas emocionales. En serio les digo, que de esto vamos a salir con un cum laude. Lo importante en esta situación, es ser respetuoso con uno mismo, con lo que estamos sintiendo y cómo percibimos lo que acontece. Entendernos, dejar de exigirnos o pretender que nuestra vibración cambie de un momento para otro.

El respeto hacia nosotros y nuestro sentir es primordial en este proceso. Siendo comprensivos, amables y amorosos con esa parte de nosotros que se siente en desgana, decaída o con ganas de dejarlo todo. Abracemos a nuestras partes heridas, seamos apoyo, arropo y aliento para nuestro niño o niña interior. Habla contigo, funciona, sentir que estás a tu lado, hablar contigo como con tu mejor amigo. Recuerda que cuando eres tu peor juez, criticas cada acción o sensación te sientes en malestar, depende de cada uno sentirse en calma, aceptando lo que es.

He aquí otro de los fundamentos para vivir una vida en paz, la aceptación. Aceptemos lo que ocurre, cómo nos sentimos y cómo reaccionamos ante ello. Observar nuestros comportamientos es la llave, para hallar la salida a nuestros fatídicos bucles mentales. Observa cómo reaccionas, y recuerda que el otro no es tu enemigo, está ahí para reflejarte una parte de ti, a la que no escuchas, has abandonado, o no tratas con respeto. Nos muestran dónde estamos con respecto a nosotros mismos, cómo nos amamos. Desde ahí, al aceptar dónde estoy, puedo disponerme a cambiar de perspectiva, transformando la relación que tengo conmigo mismo.

La relación con nosotros es fundamental para vibrar en bienestar, elevando nuestra energía. En serio, dejémonos de esperar que el otro nos ame, nos mire o nos valore, y comencemos a transitar la senda que nos lleva a nuestro interior. Para reconciliarnos con nosotros, soltando las dudas, comenzando a confiar en nuestro sentir, en nuestra intuición, respetando cada estado o proceso que vivimos, siendo amorosos y tiernos con nosotros mismos, ya es hora no creen.

El va y ven energético

Llevamos algún tiempo atravesando un temporal energético, en el que nos sentimos exhaustos, agotados, irascibles, sin entender muy bien el porqué de esas emociones o de esta situación. Hemos de entender que es un movimiento a nivel global, energía universal que nos empuja, nos acompaña e impulsa para deshacer los nudos que nos impedían liberarnos de los antiguos personajes, para ser.

El movimiento ya es, esto está ocurriendo para nosotros. Nuestro cometido es permanecer, en la medida que podamos, en calma. Procurando ser comprensivos con nosotros y nuestro proceso, sea cual sea. Es momento de respetarnos, de comprender que si nos sentimos cansados, no vamos a cargarnos con más tareas, es hora de tomarnos un descanso. Es tiempo de amarnos, entendiendo lo que significa, tratarnos con ternura, compasión, siendo pacientes con nuestro sentir.

Lo primordial es no resistirnos a lo que está pasando, evitar las luchas internas, dejar de fingir, ocultando nuestro sentir, nuestras necesidades o inquietudes, es decir, soltar toda máscara. Hemos de entender que cuanto más nos resistimos, más nos desgastamos, bajando nuestra energía, y el universo sigue con esta apertura, así que el gasto energético será mayor. En serio, dejémonos de tonterías, de aparentar, de ocultar y soltémonos la melena, para el que carezca suelten los brazos al aire, como en posición de vuelo, sacudan fuerte, ríanse, de eso se trata, de sacarle el lado humorístico a todo lo que podamos. Esa es la otra cuestión, riamos, riámonos de todo, de nosotros mismos, de nuestro «estar sin enterarnos de nada», de nuestras bajadas vertiginosas, de nuestro estado de negación, de drama o victimismo, si podemos conseguir eso, de verdad, que se pasa diferente.

Atrévete, adéntrate y conecta contigo

Estamos pasando por ráfagas de energía, cambios, transmutaciones a nivel global, que nos llevan a un gran despertar. Nos sumerge en un va y ven de emociones, de sentir, que nos abruma y nos desestabiliza. Recuerda que no pasa nada, lo importante es soltar la lucha con uno mismo. Enfocarnos en ser, simplemente eso. Parece sencillo verdad, pero estamos condicionados por años y años de fingir, de ocultarnos y frustrarnos con nosotros mismos por no hacer lo que se espera, incluso lo que esperábamos de nosotros.

Ya es momento de dejar de invertir nuestro tiempo en demostrar quienes somos, en hacer lo que nuestras creencias nos dictan, llevándonos por un río con gran caudal, sintiendo todo el tiempo que nos ahogamos. Es desgastador, en serio, no creen que seguir con esta actitud nos baja la vibra y hace que estemos en malestar, exhaustos, cansados y agotados.

Somos nosotros quienes decidimos cómo queremos vivir, según nuestras elecciones y reacciones ante lo que está sucediendo en nuestras vidas. Todo está ocurriendo para que dejemos atrás las limitaciones que nos autoimponemos. Que seamos nosotros mismos, auténticos. Esto quiere decir dejar de fingir, de creer que he de encajar, actuando de un modo determinado para ser visto, querido o valorado, y abandonar la lucha con uno mismo.

Si hoy nos sentimos cansados, es momento de descansar. Si hoy estás triste, abraza esa parte de ti que se siente de esa forma, y sigue viviendo cada momento del día, entregándote a él. Lo que trato de decir, es que seamos respetuosos con nosotros, con nuestro sentir. Abandonando la actitud de crítica, autocastigo, exigencia y juicio con uno mismo, ahí está la clave. El amor hacia nosotros es la salida a este desgaste.

El Universo nos trata de dar el mensaje, «Ámate, cuida de ti, sé amable contigo, respeta tus estados, sé consciente cuando estás en un bucle mental, en el sueño de la mente, para que entiendas que puedes decidir salir, enfocándote en el momento presente, siendo respetuoso contigo». El amor hacia uno mismo es la cura, la solución a nuestros estados de ánimo, a nuestro «sentirnos perdidos», a los estados de inconsciencia y es la llave para salir de la espiral mental.

Llegó el momento de cruzar el umbral hacia nuestro interior, para encontrarnos, permitiendo que nuestro amor nos arrope, nos acoja y nos envuelva. Aceptando todo lo que hay en cada uno de nosotros, dejando de una vez los juicios. Entiende que seguir así te conduce a estar en conflicto contigo. Si quieres estar en equilibrio, calma y bienestar, has de tomar las riendas, entendiendo que sólo depende de ti. Nada externo tiene ese efecto, sólo nosotros somos responsables de nuestra felicidad y sentirnos satisfechos de lo que ocurra en cada momento.

Hay salida.

En determinados momentos nos sentimos en un abismo, en una espiral interminable de pensamientos, que nos desgastan. Vamos a marcha forzada persiguiendo la ansiada felicidad. Qué es la felicidad, para cada uno puede significar algo diferente, en general se puede definir como el estado de calma, de tranquilidad, de no pensar en exceso o no preocupaciones. Ahí está la clave, desde mi punto de vista, las no preocupaciones. Cuando estamos dándole vueltas a un mismo tema, sin cesar, agotados, buscando una solución, cada vez lo vemos más oscuro, más difícil, y sin darnos cuenta nos sumergimos en el torbellino de la negatividad, agravando nuestro estado y por consiguiente haciendo que la preocupación aumente.

Nos sentimos exhaustos, apáticos y desilusionados, porque no vemos salida, creyendo que la solución vendrá de fuera, nos alteramos, desesperamos por encontrar la luz, la salida del túnel, haciéndonos daño en el intento frustrado por sobrevivir. Ya está bien, que hemos vivido por muchas experiencias similares. Hemos de darnos cuenta de dónde estamos, y entender que hemos sido nosotros mismos quien nos ha llevado a ese estado. En vez de desesperarnos por hallar la salida, mejor reserva fuerzas. Recarga baterías, cómo, soltando la desesperación. De ese modo, la mente no estará en modo supervivencia, como loca buscando la salvación. Dejemos de creer que estamos en peligro. Es momento de parar, confiar y desde la calma, podremos ver las múltiples posibilidades que se nos presentan.

La felicidad está en nuestras manos, es curiosa esta frase, lo que totalmente cierta. La felicidad o bienestar, depende cada uno, de cómo veamos y reaccionemos ante lo que acontece. Hemos de darnos cuenta que cada uno de nosotros es responsable de cómo filtra lo que ve, no depende del otro, ni de las circunstancias, sólo de nosotros.

Si estamos constantemente preocupados por lo que ocurre, no seremos capaces de ver la solución. Ve siempre a lo más fácil, lo sencillo y simple suele ser la mejor decisión. La confianza en uno mismo es la llave para la puerta de salida, no de emergencia, de salida de la mente, del torbellino. Confía en ti, en tu capacidad para vivir, no sobrevivir. En tu potencial para encontrar las fuerzas y emerger del sueño de la mente, de la desesperación.

No insistas en creer que la felicidad es inalcanzable, o dura unos segundos. Ella está a tu disposición siempre que quieras, que te enfoques en el presente, confíes en ti y permanezcas en calma. Recuerda, cuando te sientas atrapado, respira, evita la desesperación, mantén la calma, y desde ahí encontrarás infinitas posibilidades para liberarte.