El cambio requiere dedicación y compromiso.

Para que haya un cambio, un avance o una evolución, es necesario ser constante, consciente, observar y dedicación. Hemos de dejar de esperar que las cosas cambien o mejore nuestro entorno, nuestra vida, sin ofrecer al universo un cambio en nosotros mismos, siendo coherentes con lo que estamos haciendo.

Entendamos que las cosas son, es decir, lo que sucede ES, no podemos cambiar cómo se dan las cosas, lo que sí está en nuestras manos es la forma de llevarlo, de verlo y de vivirlo. Ahí está la transformación en nosotros, en dejar de esperar que lo de fuera cambie para yo sentirme mejor. El universo nos dice que si queremos mejorar en algún aspecto de nuestra vida, hemos de ser conscientes de la atención y disciplina que ello conlleva.

Adquirir un hábito de vida saludable en nuestras vidas, requiere de trabajo diario, de práctica y error, mucha paciencia y amor hacia uno mismo. Estamos decidiendo transformar nuestro comportamiento dañino o tóxico, por uno que nos beneficie y aporte bienestar.

Sea cual sea el hábito que quieras incorporar a tu vida, has de ser honesto contigo, entendiendo que habrán días en los que la programación automática volverá, en ese momento es cuando más se precisa de amor y respeto, para evitar caer en la espiral de autocastigo.

Motívate a estar en paz, en equilibrio y amor hacia ti, podemos hacerlo, claro que sí, como cualquier otra cosa que nos propongamos, con dedicación, perseverancia y entusiasmo, porque sabemos que es algo que nos aporta balance a nuestras vidas.

El perdón, con amor y humildad.

Cuando nos permitimos hacer el ejercicio liberador del perdón, hemos de ser conscientes desde dónde lo hacemos. Desde el amor o el ego, hemos de evitar hacerlo desde la soberbia, como si la persona nos debiera algo, como si fuera imperfecta y errática.

Se han fijado desde dónde realizan el perdón, mirando al otro como alguien defectuoso, horrible o pobrecito, como si no fuera capaz de hacer o entender las cosas. Y ustedes se sitúan en un punto de superioridad, que han entendido la vida, siendo esto necesario para colocar ciertas cosas y poder soltar el pasado, viendo a la situación o la persona en cuestión, como alguien inferior.

El acto de perdonar, lo hacemos para poder despedirnos del dolor que llevamos arrastrando durante tanto tiempo, dejando de utilizar el recuerdo para infligirnos daño. Somos nosotros quienes traemos de vuelta una y otra vez, la situación al presente, cargándola a nuestras espaldas. Nada tiene que ver con la persona o personas involucradas, porque lo que pasó ya fue, no está aquí y ahora, salvo que lo traigamos de regreso.

Si decidimos dejar atrás ciertas cosas, situaciones y recuerdos dolorosos, hemos de ser conscientes que la persona que aparece en ellos, estaba haciendo un papel, representando un personaje, de forma inconsciente, para que cada uno entienda algo sobre su vida o sí mismo, para que se ame más, todo nos lleva al autoamor.

Vivamos este ejercicio como la oportunidad de liberarnos del pasado, de la idea que teníamos acerca de esa persona o situación, enviando luz y amor, sin creernos conocedores de la verdad absoluta. Porque les voy a contar una cosa, cada vez que creo que sé algo con certeza, se me revelan nuevas teorías y las anteriores caen por sí solas, así que cada día sé que no sé nada. Y esto nos da la posibilidad de vivir el día como nuevo, sin expectativas, ni limitaciones mentales. Es un trabajo diario, elegir vivir sin peso, sin cargas, ligeros.

Todo conmigo.

«El amor lo cura todo», comienzo con esta frase porque es totalmente cierta, cuando te das cuenta que tu amor propio, sana aquellas heridas que creías eternas o incurables, comienzas a trabajar en la relación contigo con más profundidad y dedicación.

Hemos de ser conscientes que nuestra forma de tratarnos, hablarnos y cuidarnos, refleja las relaciones que tenemos con los demás, con nuestro entorno. Si somos capaces de entender esto, cuando suceda algo fuera, ya sea un mal entendido, una palabra que te ha herido, puedes ir al eje de todo, que eres tú mismo. Y mirar cómo te has tratado, si te has faltado al respeto y qué tal llevas tu autocuidado y autoamor.

Hay una frase que dice, lo que digan los demás dicen más de ellos que de ti mismo y no tiene que ver contigo, aquí veo un doble significado. Los juicios que hacemos hablan de nosotros, que de la persona que es juzgada. Lo que si tú te sientes herido o eres testigo de ello y te mueve, algo hay para ti ahí. Desde mi punto de vista, todo tiene que ver con nosotros, si estamos ahí es para ver algo acerca de uno mismo, para conducirnos aún más hacia nuestro centro, nuestra aceptación y amor incondicional. Siendo capaces de dejar atrás esas facetas nuestras que nos limitan.

Les recomiendo escuchar la canción de Bombay y Bebe «Sólo si es contigo», dedíquensela a ustedes mismos, hagan que la magia surja en vuestro interior, cuiden de su niño interno, escuchen qué necesitan en este momento y proporciónenselo, nútranse con amor.

Cuando la obsesión nos atrapa.

Hemos de ser conscientes de nuestra forma de ver las cosas, la toma de decisiones y cómo actuamos o vamos hacia lo que queremos, desde dónde lo hacemos. Es decir, desde el amor o desde el miedo, desde la obsesión, la sensación de pérdida o la desesperación.

Reflexionando y analizando mi experiencia, puedo decir que en determinados momentos, perseguía una quimera, algo con lo que me había obsesionado, sin ser capaz de vivir el presente y disfrutar de ello.

Mi día a día consistía en planificar el camino, las decisiones con las que conseguiría mi ansiado objetivo. La desesperación se apoderaba de mí, haciendo que la obsesión creciera más y más, llegando a creer que sin ello no sería «Yo», no sería «feliz» y un largo periodo de frustración me acompañó durante el camino. Porque no sabía cómo, porque las respuestas a mi ansiedad no se me revelaban, busqué y busqué la solución, recorriendo distintos caminos y tocando en diferentes puertas, todo lo que hacía era buscar fuera lo que «debía» hacer, o lo que yo sentía que en ese momento «necesitaba» hacer.

La solución queridos amigos está en nosotros mismos, frase muy utilizada y realmente cierta, lo digo desde mi experiencia. Cuando te das cuenta que no es necesario correr en busca de la «Verdad» que te va a decir otra persona a cerca de ti, porque ella se encuentra en tu interior, sólo tienes que parar, dejar de querer que las cosas sean ya, llenarte amor hacia ti, de paz, entrar en silencio y parar la mente, los pensamientos autodestructivos, logras comprender que todo es a su tiempo, que por mucho que fuerces las cosas, ellas son y llegan en su momento.

Es importante dejar de querer controlarlo todo, hasta el más mínimo detalle de nuestra vida. La vida es, ella sucede, lo que nos toca es dejar que sea. Permitir que la vida transite por nosotros.

Comparto esto, porque considero que es importante entender desde dónde actuamos o trabajamos para lograr nuestros objetivos, ya sean en un proyecto, trabajo, pareja u hogar. Sin la necesidad, el desespero, las expectativas, porque todo ello lo que va a hacer es desgastar nuestra energía, que nos sumerjamos en la frustración y la autocrítica y que no vivamos el presente. Podemos elegir evitar el sufrimiento, es nuestra decisión, para ello hemos de estar conscientes de nosotros mismos, de nuestros pensamientos y nuestra energía.

El camino lo tomamos al instante o ya está marcado?

Hay una serie en Netflix, que está muy interesante, no comparto el título porque no pretendo hacer spoiler. Uno de sus temas, nos refleja que lo que nos sucede en determinados momentos, tiene que ver con lo que les ocurrió a nuestros ancestros. Que nuestra enfermedad está relacionada con lo que ellos vivieron o eligieron.

Sabemos que existen múltiples terapias para procurarnos la consciencia, acerca de nosotros mismos, trabajar en ello y poder recuperar nuestro balance, nuestra salud. Una de estas herramientas son las «Constelaciones familiares», «El Transgeneracional», «La Biodescodificación», etcétera.

Comparto esta reflexión con la intención de hacer que se pregunten, que reflexionen y mediten sobre esto. Cada terapia antes mencionada, trabaja con nuestro pasado, el pasado de nuestro árbol familiar, por ejemplo en la serie, resuelven ciertas situaciones, averiguando lo sucedido antaño. Hace que me pregunte, si en verdad tiene toda la responsabilidad de nuestro presente.

Desde mi punto de vista, que con ello no quiero decir que no esté de acuerdo con dichas terapias, sólo me hace preguntar o reflexionar acerca de ello, si lo que está sucediendo ahora, no tiene que ver conmigo, yo no lo manifiesto, no tengo el manejo de mi realidad, de mis decisiones o de mi vida, entonces vivimos creyendo que somos nosotros quienes decidimos y en verdad el camino ya está marcado.

En mi humilde opinión, no podemos atribuir toda la responsabilidad de lo que nos sucede en este momento, a lo acontecido hace años a nuestros ancestros. Dónde está nuestra responsabilidad entonces. Cada uno de nosotros es responsable de su equilibrio, salud o bienestar. No digo que lo sucedido en nuestro árbol genealógico, no tenga alguna influencia en nosotros, lo que hemos de ser conscientes que no todo es causa de ello.

Que nosotros somos los que elegimos, los que actuamos, reaccionamos, pensamos y por consiguiente, manifestamos nuestra realidad.

Trascender la lucha, abrazar la aceptación.

Cuando se habla de trabajadores de la luz o embajadores de luz, se refieren a las personas que en su día a día proclaman el mensaje de amor y compasión al mundo, en su entorno, trabajando en sí mismos sirviendo de ejemplo. Haciendo un servicio al amor universal.

Esto no significa que el resto no estemos en luz, sólo es una forma de expresar o «etiquetar», a todo aquel que sienta servir en pro del amor. Esto lo hacemos todos los que decidimos estar en paz, trabajar en nuestro mundo interno y tomarnos la vida de otra forma.

Hemos de recordar que la etiqueta y la necesidad de catalogar, nos aleja y nos separa, en vez de unirnos. Hemos de ver que no hay especialistas o personas mejores que otras, sólo personas que siguen su llamado interno, sus talentos y trabajan para estar o vibrar en amor y paz.

Una expresión que me hace reflexionar es «Guerreros de Luz». Contra qué se supone que hemos de luchar, con lo externo, con el opuesto o con nosotros mismos. Se trata de dejar de enfrentarnos, de resistirnos, porqué entonces vamos a luchar o entrar en conflicto. Si hemos de dejar de «creer» que nos atacan, porqué continuar estando a la defensiva.

El Guerrero interno es nuestra capacidad de acción, de creer en nosotros mismos, la toma de decisiones, es ir a por aquello que nos beneficia en ese momento, ya sea cambiar, trascender, trasformar, hablar, decidir, etcétera. Es nuestro fuego interno, nuestra energía, no para la lucha, sino para la reconciliación.

Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de su vida, de su bienestar y de su paz mental. Entendiendo que el otro o la situación no es nuestra enemiga, es una lección acerca de nosotros mismos, que nos conduce a nuestro autoconocimiento y aceptación.

Por esto que es momento de dejar la resistencia, la lucha, el estado de defensa y ver más allá de lo que nuestra mente cree que es, y entender que nosotros decidimos cómo descifrar lo que sucede, pudiendo elegir en cada momento hacerlo desde el amor, la luz, sirviendo a un bien mayor para TODOS, como unidad.

Dando la bienvenida al auténtico YO

En determinados momentos se hace necesario un periodo de desconexión, de tomar distancia o un respiro. Desconectar del ruido, de las opiniones, de las largas charlas, de lo establecido, del hacer y hacer, de lo programado o planeado. En fin, reconectar con uno mismo, en el silencio, en la necesaria soledad y en el amparo del abrazo del amor hacia sí mismo para respetar el sentir.

Atravesamos una temporada de grandes movimientos de energía, que nos impulsan a soltar, desechar y deshacernos del antiguos paradigmas, creencias o dogmas, para quitar las capas tras las que nos ocultamos y renacer como un yo genuino. La autenticidad cada vez se hace más necesaria, el universo, la vida nos empuja a descubrirnos y mostrarnos tal cual, sin adornos, ni parafernalias, simplemente yo.

Para ello es necesario ser honesto con uno mismo y darse cuenta de qué aspectos son los que en este momento nos limitan, nos pesan o ya no son beneficiosos. Tomar las riendas de nuestra vida y elegir por uno mismo, sin esperar a que la vida nos de la sacudida, despedirnos de aquello que no nos funciona. Esas formas de pensar que tanto nos desgastan, por ejemplo, de actitudes que tomamos en determinadas circunstancias para sobrevivir, dejándonos llevar por los impulsos primarios. Ya eso no resuena con nuestro más profundo sentir, que nos está pidiendo paz interior.

Tómense un descanso, un reseteo del agotador movimiento diario, permítanse sentir, respetarse, conectando con aquello que es necesario decir gracias y adiós. Eviten dejarse seducir por la mente para tirar la toalla y continuar con lo anterior, con lo pesado. Anímense, respiren, mímense, conecten con la alegría de vivir, aceptando el proceso, lo que están viviendo en este preciso instante y desechen de una vez el juicio hacia ustedes, no nos vale ya. Recuerden que no hay tiempo, ni un ritmo establecido, cada uno marca su ritmo, sus tiempos y su espacio.

Recíclate

Estamos acostumbrados a reciclar los residuos, la ropa, lo material en nuestra vida. Hemos de aprender a reciclar cada pensamiento, acto, comportamiento repetitivo o creencia que ya no sea necesaria o que nos conduzca a nuestra destrucción.

No nos damos cuenta y solemos proceder con patrones autodestructivos, boicots, saboteando nuestro proyecto de vida, de avance o evolución. Por miedo, temor o desconocimiento.

Hemos de identificar la creencia, pensamiento o patrón que nos lleva al movimiento en cadena, de costumbre, produciendo frustración, desesperación o lucha interna.

Tal y como hacemos en nuestro día, procurando separar el vidrio, del cartón, de forma responsable y sostenible, podemos involucrarnos de igual forma en nuestra manera de pensar y actuar. Haciendo que se desechen o reciclen determinadas creencias que en el momento presente no son beneficiosas para nuestra vida.

Comprométete contigo, con tu salud, en tu bienestar, sé honesto, procura paz mental, resetea tu mente, recíclate.

Llegó el momento de cuestionar nuestros actos

Cuando hay caos a nuestro alrededor, hemos de cuestionarnos qué hay en mí que ha ocasionado esto. Hacer un balance de nuestra vida, de nuestros actos, palabras y formas de pensamiento. Nuestros juicios, críticas hacia el otro y hacia nosotros mismos, nuestra forma de ver el mundo y la vida.

Si estoy constantemente buscando un culpable fuera, si el conflicto es conmigo mismo, si en mi día a día interactúo con desprecio, impaciencia, faltas de respeto, soberbia, ego, prepotencia, creyéndome el conocedor de todas las respuestas.

He de ser honesto, revisar mis acciones e identificar qué puedo transformar, mejorar, cambiar, soltar, desechar o dejar ir, que me genera malestar, desamor, conflicto o incomprensión.

Hemos de ser conscientes de nuestras vidas, dejar de mirar o analizar la vida del vecino, juzgando cada paso y ser íntegros, francos o sinceros con nosotros mismos. Dejar querer ver un cambio en el mundo, en el de al lado, si yo sigo siendo un inconsciente, ignorando mi situación.

Si quieres que haya una mejora, comienza contigo. Emprende el camino, da el primer paso, actúa. Observa qué hay en ti que te genera desbalance, qué aspectos de ti mismo puedes transformar para evitar desgastar tu energía y sentirte pleno.

Practica el amor, contigo, con las personas de alrededor y con el entorno. La compasión, la paciencia, el respeto, la empatía, la amabilidad, la bondad, la escucha, el arropo, apoyo o ayuda. Podemos hacer nuestra vida, nuestro entorno, nuestro mundo mejor, depende de cada uno, que haga su parte en su espacio. Comencemos, creemos un ambiente de respeto, amor y equidad. Inicia el cambio en ti, contigo.

Salud óptima, equilibrio en nuestra vida

En nuestras manos está la solución a nuestros pesares. Esta frase puede resultar insólita, utópica o para muchos difícil de asimilar o realizar. Somos nosotros quienes decidimos trabajar para estar en salud, ya sea física, mental y emocional. Llevar una dieta adecuada, fresca y ligera, seguimos refiriéndonos al cuerpo físico, mental y emocional.

Para una óptima salud física es necesario tomar consciencia, llevar un nivel bajo de estrés, dormir las horas necesarias para un buen descanso, tomar alimentos frescos de forma equilibrada, beber abundante agua y realizar una actividad que nos ayude a crear un balance en nuestra vida. Si dicha actividad nos llena de gozo, mejor que mejor, porque juega un papel importante en el resto de áreas de nuestra vida.

Para generar una buena salud mental es necesario estar en calma, que haya paz en nuestra mente. Organizando las tareas, lo que quede pendiente, las citas, los proyectos, darles una estructura, un orden. De esta forma nuestra mente se siente en calma, ya no ha de estar dando vueltas una y otra vez, repitiendo lo mismo, para que lo recordemos. Es necesario realizar una actividad al aire libre, conectando con la naturaleza, de esta forma la mente se oxigena. Escribe un diario, ya sea para desahogarte de lo sucedido en el día o para anotar tus pensamientos. Procura ser consciente de tus pensamientos, de esta manera puedes inclinar la balanza hacia los pensamientos positivos, alentadores, comprensivos, que te impulsen a estar en paz contigo, hablándote con amor, sin exigencias, críticas, desde el amor y el respeto hacia uno mismo.

Nuestras emociones necesitan libertad, para estar en salud hemos de procurar no identificarnos con ellas. Las emociones son cíclicas, vienen y van, tienen su ritmo. Hemos de aprender a escucharnos, a respetar nuestro sentir, a reconocer cómo nos sentimos y dejar que sea. Si en el día nos sentimos de una forma o de otra, se trata de estar en paz ante ello, ante cómo me siento y evitar que la emoción me influya en el transcurso del día. ¿Cómo? Aceptando, este es el primer paso. Acepto que hoy me siento de esta forma, dejo de luchar conmigo o juzgarme por sentirme así. Procuro mantener mis límites sanos, decir «no» si lo considero necesario, despidiéndome de la culpa, tomarme mi descanso o desconexión, respetando en todo momento mi estado. Respiro, realizo aquella actividad que me conecte con mi parte más elevada, que me llene de gozo y satisfacción. Cuido de mí, me abrazo, me arropo y me digo que todo está bien.

Cuidar de nosotros mismos es la forma más efectiva de restablecer nuestra salud. Llevando un equilibrio entre nuestra mente, cuerpo y emociones. Otro aspecto fundamental es conectarnos a nuestra parte espiritual, a nuestra esencia. Para muchos esto estará en otro idioma, quien lo sienta y se identifique que lo medite. Nuestra parte espiritual o divina, ESTÁ y ES, es lo que SOMOS. Luz y amor, conectados con el Todo y con Todo. Permitirnos estar en conexión con nuestra esencia nos permite vivir de forma consciente cada día, cada situación, saliendo de la espiral del sueño, pudiendo gestionar nuestro sentir, dejando de identificarnos con la víctima y ver el aprendizaje o mensaje que hay detrás. Y si no lo vemos en ese momento, tenemos la certeza que se nos revelará cuando sea preciso. Confiando en la vida y en nosotros mismos. Vibrando en amor.