El juego de la Vida.

Hay momentos en la vida que sientes que tu camino se ha desviado y te pilla desprevenido, o que surgen muchas más bifurcaciones de las que esperabas. Estás en constante elección, sin saber hacia dónde te conduce. y me pregunto, es importante saber hacia dónde, o lo que estoy viviendo ahora, es lo realmente importante.

Se dice que el camino es lo crucial, no la meta, por lo tanto, el hacia dónde no ha de desgastarnos o quitarnos el sueño, sino el cómo estemos viviendo este preciso momento.

No sé ustedes cómo han llevado este tiempo de inicio de año, en mi caso, he estado revuelta, desubicada, como si mi eje estuviese cambiando de posición. Cada día tengo más claro que «Sé que no sé nada» en todos los sentidos, porque de aquello que tenía un más mínimo indicio, se ha desfigurado o deshecho en mis manos. Esto qué significa, solía preguntarme, he de admitir que al principio si me quedé con la cara a cuadros, como diciendo y esto ahora, en serio.

Parece que los cambios no nos abandonan, son nuestros eternos compañeros y aceptarlo es lo que nos salva de la inminente tormenta mental que se avecina. La vida es como el juego de la silla, has de estar atento, partícipe activo del juego, sabiendo que si la silla es ocupada, aparecerá otra u otro juego al que jugar. No hay espacio para quedarte sentado por un largo período, porque de eso se de trata el juego de la vida, de estar en constante movimiento, en constante cambio.

Dando la bienvenida al auténtico YO

En determinados momentos se hace necesario un periodo de desconexión, de tomar distancia o un respiro. Desconectar del ruido, de las opiniones, de las largas charlas, de lo establecido, del hacer y hacer, de lo programado o planeado. En fin, reconectar con uno mismo, en el silencio, en la necesaria soledad y en el amparo del abrazo del amor hacia sí mismo para respetar el sentir.

Atravesamos una temporada de grandes movimientos de energía, que nos impulsan a soltar, desechar y deshacernos del antiguos paradigmas, creencias o dogmas, para quitar las capas tras las que nos ocultamos y renacer como un yo genuino. La autenticidad cada vez se hace más necesaria, el universo, la vida nos empuja a descubrirnos y mostrarnos tal cual, sin adornos, ni parafernalias, simplemente yo.

Para ello es necesario ser honesto con uno mismo y darse cuenta de qué aspectos son los que en este momento nos limitan, nos pesan o ya no son beneficiosos. Tomar las riendas de nuestra vida y elegir por uno mismo, sin esperar a que la vida nos de la sacudida, despedirnos de aquello que no nos funciona. Esas formas de pensar que tanto nos desgastan, por ejemplo, de actitudes que tomamos en determinadas circunstancias para sobrevivir, dejándonos llevar por los impulsos primarios. Ya eso no resuena con nuestro más profundo sentir, que nos está pidiendo paz interior.

Tómense un descanso, un reseteo del agotador movimiento diario, permítanse sentir, respetarse, conectando con aquello que es necesario decir gracias y adiós. Eviten dejarse seducir por la mente para tirar la toalla y continuar con lo anterior, con lo pesado. Anímense, respiren, mímense, conecten con la alegría de vivir, aceptando el proceso, lo que están viviendo en este preciso instante y desechen de una vez el juicio hacia ustedes, no nos vale ya. Recuerden que no hay tiempo, ni un ritmo establecido, cada uno marca su ritmo, sus tiempos y su espacio.

Salud óptima, equilibrio en nuestra vida

En nuestras manos está la solución a nuestros pesares. Esta frase puede resultar insólita, utópica o para muchos difícil de asimilar o realizar. Somos nosotros quienes decidimos trabajar para estar en salud, ya sea física, mental y emocional. Llevar una dieta adecuada, fresca y ligera, seguimos refiriéndonos al cuerpo físico, mental y emocional.

Para una óptima salud física es necesario tomar consciencia, llevar un nivel bajo de estrés, dormir las horas necesarias para un buen descanso, tomar alimentos frescos de forma equilibrada, beber abundante agua y realizar una actividad que nos ayude a crear un balance en nuestra vida. Si dicha actividad nos llena de gozo, mejor que mejor, porque juega un papel importante en el resto de áreas de nuestra vida.

Para generar una buena salud mental es necesario estar en calma, que haya paz en nuestra mente. Organizando las tareas, lo que quede pendiente, las citas, los proyectos, darles una estructura, un orden. De esta forma nuestra mente se siente en calma, ya no ha de estar dando vueltas una y otra vez, repitiendo lo mismo, para que lo recordemos. Es necesario realizar una actividad al aire libre, conectando con la naturaleza, de esta forma la mente se oxigena. Escribe un diario, ya sea para desahogarte de lo sucedido en el día o para anotar tus pensamientos. Procura ser consciente de tus pensamientos, de esta manera puedes inclinar la balanza hacia los pensamientos positivos, alentadores, comprensivos, que te impulsen a estar en paz contigo, hablándote con amor, sin exigencias, críticas, desde el amor y el respeto hacia uno mismo.

Nuestras emociones necesitan libertad, para estar en salud hemos de procurar no identificarnos con ellas. Las emociones son cíclicas, vienen y van, tienen su ritmo. Hemos de aprender a escucharnos, a respetar nuestro sentir, a reconocer cómo nos sentimos y dejar que sea. Si en el día nos sentimos de una forma o de otra, se trata de estar en paz ante ello, ante cómo me siento y evitar que la emoción me influya en el transcurso del día. ¿Cómo? Aceptando, este es el primer paso. Acepto que hoy me siento de esta forma, dejo de luchar conmigo o juzgarme por sentirme así. Procuro mantener mis límites sanos, decir «no» si lo considero necesario, despidiéndome de la culpa, tomarme mi descanso o desconexión, respetando en todo momento mi estado. Respiro, realizo aquella actividad que me conecte con mi parte más elevada, que me llene de gozo y satisfacción. Cuido de mí, me abrazo, me arropo y me digo que todo está bien.

Cuidar de nosotros mismos es la forma más efectiva de restablecer nuestra salud. Llevando un equilibrio entre nuestra mente, cuerpo y emociones. Otro aspecto fundamental es conectarnos a nuestra parte espiritual, a nuestra esencia. Para muchos esto estará en otro idioma, quien lo sienta y se identifique que lo medite. Nuestra parte espiritual o divina, ESTÁ y ES, es lo que SOMOS. Luz y amor, conectados con el Todo y con Todo. Permitirnos estar en conexión con nuestra esencia nos permite vivir de forma consciente cada día, cada situación, saliendo de la espiral del sueño, pudiendo gestionar nuestro sentir, dejando de identificarnos con la víctima y ver el aprendizaje o mensaje que hay detrás. Y si no lo vemos en ese momento, tenemos la certeza que se nos revelará cuando sea preciso. Confiando en la vida y en nosotros mismos. Vibrando en amor.

GRACIAS

En estos días he visto la noticia del partir de dos seres maravillosos llenos de sabiduría y amor, que se permitieron compartirlo con el mundo. Dejándonos sus enseñanzas y mostrándonos que es posible estar en amor, paz y bienestar con uno mismo y con nuestro entorno.

Uno de los seres ha sido y es el Dr. Hew Len, que nos mostró la forma de reconectar con nuestra capacidad de sanación. Enseñándonos a responsabilizarnos y entendiendo que en nosotros se halla la salida, en nuestra conexión con lo divino, limpiando memorias, formas de pensamiento y heridas. Tomando consciencia de nosotros mismos y de lo que manifestamos en nuestra realidad. Con el mantra «Lo siento, Perdóname, Te amo, Gracias».

Los siento por lo que hay en mí que manifiesta esta realidad, perdóname por no responsabilizarme y tomar consciencia de ello (me perdono), Te amo por todo, por estar, por no abandonarme (me amo) y Gracias por permitirme darme cuenta de ello (confío en que ya está la solución). Estas palabras llenas de luz, nos ayudan a trascender el ego y ser conscientes de nosotros mismos, de nuestro potencial. Porque es a nosotros mismos, a nuestro Yo Superior a quienes van dirigidas.

El maestro monje budista zen vietnamita Thich Nhat Hanh, partió en estos días. Su enseñanza ha sido el reconocimiento de uno mismo y de la realidad que estamos viviendo. Ser capaces de conectarnos con el momento presente, de aceptar la realidad tal y como es. De vivir el ahora, de forma consciente, en calma y en amor hacia uno mismo y nuestro entorno. El Mindfulness es su legado, saborear cada instante, ser testigos de lo que sucede, entendiendo la mente, sus mecanismos de defensa y aprender a gestionarlos, desde una nueva mirada, la calma, la aceptación y el amor.

Les invito a que lean sus escritos, nos han dejado un legado de conocimiento, sabiduría y enseñanzas para nuestro bienestar, conexión y vivir conscientes.

Gracias, Gracias, Gracias por tanto, por TODO. Bendito seáis, buena travesía, feliz regreso a casa.

Cambio de hábitos, cambio de vida

Comenzamos un nuevo año y es como si todos tuviésemos la oportunidad de finalizar ciertas historias y comenzar de nuevo. Hemos de entender que este proceso podemos hacerlo cada vez que nos sintamos desbordados, abrumados o perdidos.

Está en nuestras manos el hacer balance, siendo honestos con nosotros mismos, esto es lo más importante, y observar qué aspectos de nuestra forma de pensar, de actuar o de filtrar lo que sucede, está produciendo este desajuste.

Una vez que hayamos estudiado nuestros patrones, nuestros hábitos, nuestras creencias y formas de pensamiento, si tendemos a la negatividad por ejemplo, podemos decidir ponernos manos a la obra y comenzar a resetear, transformar y cambiar todo lo que nos genera desbalance, toxicidad y desgaste.

Crea unos hábitos de vida saludables, físicos, en la alimentación, mentales, emocionales, como permitiéndote reconocer y aceptar tus emociones, y balancea tu vida. Es nuestra elección, es nuestra tarea.

Si te animas a impulsarte, te será más grato y ligero el camino. Enfócate en lo que estás consiguiendo día a día, deja de crearte metas a largo plazo, ve pasito a pasito viviendo el hoy. Podemos tener una calidad de vida, un día con calidad, aportándole salud y bienestar a nuestro cuerpo, mente y emociones. Anímate y genera bienestar.

Disfruta del camino de la vida, suelta el control y vuela.

Hemos de deshacernos de todo aquello que nos impida estar en bienestar. Que nos haga creer que al llegar a la meta propuesta, estaremos mejor, hallaremos la solución, y darnos cuenta que querremos otro objetivo para sentirnos realizados. Hay una frase que define muy bien esto, y es que lo importante no es la meta, sino el camino. Y es totalmente cierta, nos enfocamos en finalizar, en llegar al lugar donde nos hemos propuesto, como si fuera algo urgente, vital, sin darnos cuenta que la vida sucede mientras vamos. Nos perdemos lo que ocurre en el camino, porque nos obsesionamos con llegar, quejándonos de nosotros mismos, del entorno, de los medios, etcétera. Mira todo cuanto hay en tu vida, el amor que eres y el que te rodea, agradece, seamos agradecidos. Cada vez que te enfocas en las cosas por las que estar agradecido, te percatas de muchas otras por las que estarlo, es ser conscientes de la abundancia que hay en nuestras vidas. Se trata de sentirte pleno, en paz, con lo que hay ahora, contigo mismo, amándote, aceptando cada parte de ti, abandonando las críticas y juicios, premiándote y alentándote, con nuestro entorno, a las personas que forman parte de él, hacerles ver que los valoras, que los aceptas y amas tal y como son. Ser conscientes de la naturaleza, ver lo afortunados que somos al poder ser testigos de la magia que hay en ella. En definitiva, vivir en el ahora, desde el amor. Sacúdete de los restos de creencias y patrones mentales que te limitan, no es necesario saber desde cuándo están en tu vida, o porqué, lo que es importante es que los observes, seas consciente de ellos, y decidas elegir amor, en lugar de miedo, centrándote en vivir ligero, sin expectativas, apegos, juicios, quedándote con lo bueno de cada situación. Suelta, y vuela.

Acepta y agradece

Estamos llenos de amor, de luz, de vida. Constantemente nos centramos en lo que creemos que nos falta, que me haría mejor, que al tener ciertas cosas me vean de cierta forma. Anhelando ser de otra manera, física, mental, emocionalmente, queriendo distintas cosas materiales, porque con ello voy a ser diferente. Todo esto sucede porque en algún momento, nos desconectamos. Dejamos de creer en nosotros, no somos capaces de ver ese amor inmenso que aguarda, para que lo aceptes, esa chispa infinita de amor y luz que está en cada uno de nosotros. Cuando llegamos a acoger al amor que está esperando ser reconocido, ahí seremos capaces de entender nuestros procesos, respetando cada fase, cada escalón y reconociendo que todo sucede para conducirnos a nosotros mismos. Observando lo que sucede, desde el amor. Una de las energías que nos aportan y nos conducen a reconocernos, es la energía del agradecimiento. La gratitud es ver lo que hay, lo que ya es, y darnos cuenta que es perfecto. Es estar en el momento presente, aceptando lo que sucede, aceptando quién soy y todo lo maravilloso que hay en mi. Dándonos cuenta, de todo lo que hay en nuestras vidas, familia, amistades, trabajo, etcétera. Sin juicios, sin críticas, viviendo desde el amor. Agradeciendo a Dios, a la Fuente, al Universo, a lo que cada uno crea, todo lo que hay en nuestras vidas. De esta forma vibramos diferente, vivimos más ligeros.

La travesía de cada día

Todos estamos navegando por un mar de dudas, de incertidumbre, nos hace desconfiar del proceso que estamos viviendo. Cada día nos encontramos con nuevos retos, adversidades que nos hacen elegir de qué forma queremos verlas, queremos gestionarlas. Sumergirnos en la queja y en la agonía, sin ver salida, estar una y otra vez alegando que eres una víctima o decidir emerger, nadar, flotar o subirnos en alguna embarcación, con la intención de ver que no soy una víctima de lo que acontece, decido cómo vivir y cómo reaccionar ante ello. Sin castigarme por determinados momentos haber elegido transitar en aguas profundas. Desde el respeto y la comprensión, me veo como un navegante, que en momentos flaquea al golpearle las olas, entrando en estado de pánico e inseguridad, y en otros como un marinero experto, con plena certeza de que llegaremos seguros a buen puerto.